
Nobles, señoritos, cayetanos, hipster, chicas topolino, rojipardos, pacoaristócratas, chicas yeyé, y luego el lomanismo en vena… Si se sienten identificados, están de suerte, porque podrán reconocerse en "Quiero y no puedo: una historia de los pijos de España" (Blackie Books). Pero A Raquel Peláez se le ha escapado en el ensayo analizar "la España de Carmen Lomana", ahora que la preventa en Amazon de sus memorias "Pasión por la vida" (Sfera Libros) está que arde por la necesidad colectiva de conocer un poco más la historia de esta mujer.
Y es que el jueves pasado, mientras yo estaba en una reunión, me llamaron del programa de Y Ahora Sonsoles para proponerme darle la sorpresa a Carmen Lomana de ir a hablar, no de su libro, sino de ella. A media hora de entrar en directo le llamé: "Carmen, voy a hablar de ti, pero diré la verdad, sólo cosas buenas, pon Antena3".
A Carmen la conozco precisamente por una columna que escribí en este mismo espacio hace ya 12 años -¡increíble cómo pasa el tiempo!-. "Mejor un 'coño' que un jolines" titulaba. Aquella crítica muy crítica hacía que Carmen llamara a la redacción para hablar conmigo. Entonces una periodista de 22 años, que no había ni acabado todavía la carrera, le ofrecía una entrevista en directo en esRadio llena yo de incertidumbre y miedo. Le propuse una conversación a dos para ver el lado más profundo de la vida. Y ahí, de alguna forma, empezó esta nuestra historia que seguimos escribiendo a diario.
Lomana siempre ha estado presente en mi carrera profesional: cada cosa que hacía y cada medio al que me sumaba, ella siempre era mi protagonista. No exagero si les digo que me ha podido conceder al menos unas 5 entrevistas, que ha posado para la portada de primavera de 2024 para Fearless, que ha recogido un premio nuestro o que, cuando llevaba la comunicación del Festival de Música y Danza de Úbeda, viajamos hasta esta ciudad en taxi porque perdimos el tren por un grupo de fans que nos despistaron. Imagínense las conversaciones que pudimos tener durante 3 nutridas horas en un coche de camino al concierto de José Mercé.
Cada cierto tiempo necesitamos la aparición mediática de nuevas figuras que marcan, en algunas personas, una forma de aceptar la vida. A Raquel Peláez en su libro le ha faltado ese diálogo con un icono de glamour y belleza que lleva marcando nuestra mentalidad desde hace por lo menos unos 15 años. Pero Carmen Lomana no es un quiero y no puedo, es claramente un 'si quiero, puedo, y lo lograré'.

Como le dije a Sonsoles Ónega, España necesita a Carmen Lomana, porque sin ella la vida sería más vulgar y aburrida. Conecta con niñas de 12 años al igual que con señoras de 60. Lomana es la suma de las muchas Españas que tenemos: ella es el día y la noche, la pija y la hippy, la mujer y la amante, el minimalismo y el barroco, la izquierda y la derecha, el frío y el calor… contradicción con sentido. Es imposible amar a Lomana sin haberte enfadado con ella, como me ocurrió hace unos años porque me sentó mal su amistad con Monedero en mis alocados años 20.
Y ya el colofón del Lomanismo en vena lo ponía el viernes con su clásico "roscón de Reyes", porque sólo ella es capaz de, acabadas las navidades, prolongar un poco más el dulzor de brindar por la vida y la familia que eliges. Precisamente con Patricio Alvargonzález y Guiomar Álvarez de Toledo bromeábamos sobre el mencionado libro de los Pijos de España, desde luego una especie en extinción por ser tan odiados como envidiados, e imitados a partes iguales. Aunque las imitaciones nunca han funcionado.
Desde luego que sin la muerte de Guillermo ahora mismo no estaríamos hablando de Carmen Lomana. Como dijo Marthin Luther King, "solo en la oscuridad puedes ver las estrellas". Y desde luego, Carmen del dolor ha seguido amando la vida con más fuerza.