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¿Moscas transgénicas en Cataluña?

En Cataluña se va a llevar a cabo un experimento en el que se liberará un cargamento de moscas con una modificación genética.

Pilar Gil Villar / Quo
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Las moscas del olivo supone la plaga más perjudicial para la economía del olivar | Archivo

Un cargamento de moscas del olivo (solo machos) podría llegar a Cataluña para ser liberado como parte de un experimento. Su peculiaridad: una modificación genética que matará, antes de que sean adultas, a todas las hijas que tengan esos individuos con las hembras silvestres. De este modo, la siguiente generación tendrá menos "féminas" con las que aparearse; y así sucesivamente, hasta que la población de las moscas del olivo desaparezca. ¿Por qué? Porque esta especie, Batrocera oleae, constituye la plaga más perjudicial para la economía del olivar.

Sus hembras van dejando una larva en cada fruto, para que se alimente de la pulpa antes de caer al suelo y llegar allí a la edad adulta. La cosecha pierde el lustre que la llevaría a la mesa, y los hongos y bacterias atrincherados en la cavidad abierta en la aceituna aumentan en exceso la acidez del aceite. La caída media en la producción mediterránea se calcula en un 15%. Ahora se combaten con trampas y pesticidas, pero estos resultan cada vez menos eficaces porque los insectos se vuelven resistentes a ellos.

Una de las alternativas es crear insectos tránsgenicos que "suiciden" la población. Numerosos grupos de investigación exploran esta posibilidad, pero la primera empresa que se ha propuesto comercializarlos es la compañía británica Oxitec. Para ello, tiene que comprobar cómo reaccionan sus animales fuera del laboratorio, y por eso ha solicitado permiso a la Generalitat de Cataluña para este primer ensayo sobre el terreno. Hadyn Parry, director ejecutivo de la empresa, explica que se liberarían en seis lotes de unos cuatro árboles cada uno y "cubiertos con redes, para que no escapen".

Durante ocho semanas introducirían en la red nuevas tandas de moscas dos veces por semana, ya que esta especie solo vive unos días. Al principio, unos 10 machos por hembra normal, cantidad que se irá ajustando sucesivamente. "En cautividad hemos eliminado todos los ejemplares en 3 o 4 meses", asegura Parry, "y en este ensayo pretendemos demostrar que nuestros machos se aparean con las hembras silvestres y que se reduce la población". El director considera que su tecnología sería una opción más para el agricultor. "Podría soltarlas antes del pico habitual de insectos en otoño y, si aparecen más tarde, eliminarlas con insecticidas".

¿Y si te comes una larva transgénica?

Una de las primeras reacciones a esta tecnología ha sido un informe conjunto de las asociaciones GeneWatch (organización británica antitransgénicos) y Amigos de la Tierra. Blanca Ruibal, portavoz de esta última, centra las principales objeciones en que los hijos transgénicos sí sobreviven, y que las larvas hembra morirán dentro de las aceitunas. Las dañarán, "y podrían entrar en la cadena alimentaria". Eso plantea un problema legal, "porque la presencia de larvas transgénicas en alimentos no está autorizada en la Unión Europea", pero también comercial, ya que los agricultores tendrían más dificultades para vender o exportar frutos o aceite que hubieran estado en contacto con estos organismos.

En cuanto a la eventualidad de ingerir alguna de esas larvas, la solicitud de Oxitec manifiesta que las proteínas expresadas por los transgenes no coinciden con sustancias tóxicas o alérgenos conocidos. "Yo las comería sin más problema que una larva normal", asegura Ernst Wimmer, biotecnólogo de la Universidad de Gotinga (Alemania) que investiga un sistema de modificación genética para plagas agrícolas muy similar al de Oxitec .

Deja claro su apoyo a esta tecnología y también una cierta relación con la empresa británica, "que me paga 3.000 euros al año por la licencia de un procedimiento patentado por mí para marcar insectos". Sin embargo, considera que estos pioneros podrían estar precipitándose, seguramente "porque se subvencionan con capital de riesgo y están bajo presión para demostrar su rendimiento". El cabo que él ataría mejor es que la capacidad de los machos para tener descendencia.

Aunque lleven un mecanismo para matar a sus hijas, "ahí fuera puede haber insectos en los que eso no funcione, y que empiecen a reproducirse a pesar de él. Cómo los otros mueren, estos se reproducirían aún más, y criaríamos insectos resistentes a esta tecnología, que no podríamos seguir aplicando sin más". Este riesgo no le parece relevante en el experimento de Tarragona, pero sí en un uso de mercado. Su alternativa: "Combinar dos mecanismos asesinos. Oxitec ha conseguido un gran avance con su sistema para producir solo machos. Yo los esterilizaría, además, con radiación, como se suele hacer con la mosca de la fruta".

Otra de las cautelas que apunta Ruibal es que las cepas de las moscas comerciales provengan de otros países. En ese caso, podrían, por ejemplo, tener más resistencia a ciertos pesticidas y establecerla aquí. La solicitud de Oxitec indica que partieron de moscas griegas y las han cruzado con cepas mediterráneas a lo largo de 45 generaciones. Este procedimiento, según Wimmer: "Es normal para que la hembra acepte al macho de laboratorio".

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Para que todo esto salga adelante, el experimento ha de ser autorizado. La solicitud está siendo estudiada por la Comisión Nacional de Bioseguridad, que remitirá un informe a sus homólogos catalanes, responsables finales del permiso. Antes de decidir, deberán abrir un mes de consulta pública, "para que cualquier persona, de cualquier nacionalidad, pueda dar su opinión" precisa Parry. Este paso del proceso, habitual en temas de bioseguridad, adquiere una relevancia especial en este caso, debida al carácter pionero de la tecnología. Oxitec es la primera empresa del mundo en intentar poner a la venta insectos transgénicos.

Previamente ha realizado sueltas experimentales con mosquitos transmisores del dengue en las islas Caimán, Malasia y Brasil, donde aún continúan. En relación con esas experiencias, un artículo publicado en PLoS con Guy Reeves, del Instituto Max Planck de Ecología Evolutiva en Plön (Alemania), como primer autor, reclama una total transparencia, implicación del público e información multidisciplinar y muy detallada de todos los aspectos a considerar antes de la suelta. En este sentido, Blanca Ruibal se queja de falta de transparencia de la administración: "La solicitud se realizó en enero y no ha habido información pública al respecto". El artículo de Reeves, quien también investiga con insectos modificados genéticamente y es favorable a ellos, considera que Oxitec no siempre ha cumplido estos requisitos. Su temor es que la falta de información provoque un rechazo público de los insectos transgénicos en general antes de que se pueda evaluar el valor de sus diversas aplicaciones.

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