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Cuatro claves de la vida de Einstein que quizá no conoces

Hace 110 años Einstein cambió la humanidad con cuatro descubrimientos.

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Albert Einstein | 'Cordon Press'

Estamos en el centenario de cuatro de los descubrimientos más importantes de la historia de la humanidad. Todos ellos fueron realizados por Albert Einstein en 1905: el año milagroso. Fue en una carta dirigida a un buen amigo, Conrad Habicht. El primero: la teoría cuántica y el efecto fotoeléctrico (galardonado con el premio Nobel). El segundo: la existencia de los átomos y moléculas y la termodinámica estadística. El tercero: el verdadero tamaño de los átomos (utilizado hoy en día en la industria petroquímica). El cuarto: la teoría de la relatividad.

Cualquiera de los descubrimientos habrían justificado la vida de un investigador ilustre. Einstein, con 26 años, sin contacto alguno con los principales físicos de la época, había transformado el conocimiento humano para siempre.

Son populares los pormenores concernientes a su vida una vez se convirtió en personaje público. Sin embargo, hay circunstancias anteriores desconocidas y mucho más reveladoras. Como se dice, el demonio está en los detalles.

Odio a la autoridad

Desde pequeño Einstein odió el sistema marcial de los colegios alemanes. No le ayudó su carácter introvertido y callado. La falta de razonamiento para la ejecución de los objetivos escolares le exasperaba. "Lo peor de todo es que la escuela se rija por el temor, el poder y la autoridad artificiosa. Lo que todo ello produce son ilotas serviles".

Su padre era judío y pensaba que a los trece años debía convertirse en hombre. Quiso saber qué profesión sería la más adecuada para su hijo. Se lo consultó al director del colegio Gymnasium Luitpold. La respuesta fue tajante: "No importa cual, nunca hará carrera aunque se lo proponga".

Tras suspender el examen de acceso al IFT (Instituto Federal de Tecnología) su padre le traslado al pueblo suizo de Aarau donde reanudaría sus estudios para volver a intentar el ingreso en el IFT. El cambio fue radical. Al sistema educativo suizo Einstein respondió con entusiasmo, convirtiéndose en un estudiante activo e ilusionado. Fue el comienzo de sus inquietudes intelectuales que pocos años después deslumbrarían al mundo.

La brújula y el libro de Aaron Bernstein

Hasta los cinco años apenas habló. Ni siquiera expresaba sentimientos. La primera vez que pareció hacerlo fue cuando su padre le regaló una brújula, "temblé y me quedé helado". Unos años más tarde comenzó a leer una colección de libros titulada Libros populares de las ciencias físicas escrita por Aaron Bernstein, un literato y reformista judío padre de la ficción moderna.

De la misma forma que otros se quedaron prendados de las novelas del oeste, el joven Einstein no podía parar de leer los maravillosos descubrimientos a los que había llegado la ciencia del siglo XIX. El resto de la disciplinas escolares no parecían atraerle, pero el mundo de la física, la naturaleza y la lógica le hacían perder la noción del tiempo. Fueron estas lecturas las que arraigaron en él las bases científicas en las que fundó los razonamientos posteriores.

Su amistad con Marie Curie

En 1909 trabajó como docente en la Universidad de Praga. Tuvo relación con figuras del campo de la ciencia, entre ellas la francesa Marie Curie. En una ocasión se encontraban de excursión por los Alpes. Era la época en que Albert estaba enfrascado en sus investigaciones sobre la gravedad y el tiempo. Agarró el brazo de Marie y exclamó: "lo que necesito saber es qué ocurre exactamente en un ascensor cuando cae al vacío".

Einstein llegó a decir de ella que, "…de todos los seres célebres, es el único que la gloria no ha corrompido". No se prodigó en ámbitos científicos ni mantuvo importantes relaciones con profesionales, sin embargo la amistad entre ambos perduraría hasta la muerte.

La serie de Fibonacci

En septiembre de 1891, con 13 años, Einstein descubrió en la librería de su pueblo un "sagrado libro de geometría que me hizo una impresión indescriptible". En unos de los capítulos pudo aprender la serie de Fibonacci. Era una sucesión de número ordenados como sigue: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, y así sucesivamente.

Los números estaban relacionados por una pauta que resultaba de sumar los dos números anteriores (13=5+8, 21=13+8, 34=21+13…) Una vez descubierta en siglo XIII por Leonardo da Pisa (apodado Fibonacci) había sido considerada como una curiosidad, hasta que numerosos botánicos comenzaron a ver en ella la pauta de crecimiento de plantas con flores. Por ejemplo, las ramas de la milenrama común que según crece se ramifica siguiendo esta serie. O el número de pétalos de multitud de flores.

Según esto existía una relación entre la armonía de la naturaleza y la lógica de las matemáticas. ¿Por qué no utilizar entonces las leyes de la matemática para formular las leyes de la naturaleza? "Debería ser posible descubrir la imagen, es decir, la teoría, de todo proceso natural, incluyendo las de los organismos vivos, por medio de la deducción pura".

Albert Einstein, un físico incomparable, un líder moral, un activista político y un icono pop. Imágenes de nuestra sociedad ávida de héroes y espejos. Por dentro, durante toda su vida, un ser asombrado de la belleza y armonía de la cosas: "lo más incomprensible del universo es que sea comprensible".

En Tecnociencia

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