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La cocodrilo Charlie se libra de ser la primera mascota expropiada por la ley animalista de Sánchez

Su propietario, Fran, relata a Libertad Digital cómo ha sido el infierno de las últimas semanas.

Su propietario, Fran, relata a Libertad Digital cómo ha sido el infierno de las últimas semanas.
Charlie, la hembra de cocodrilo. | LD

Charlie finalmente se queda en su casa junto a su dueño, Fran. La hembra de cocodrilo (Osteolaemus tetraspis) que desgraciadamente saltó a la fama hace unas semanas porque iba a ser la primera mascota expropiada por la Ley de Bienestar Animal, se ha librado de acabar sus días en un centro de protección animal, lejos de los cuidados de su propietario, con el que convive desde hace más de 9 años.

"Estoy más tranquilo. Todo ha salido bien y estoy bastante más aliviado", ha explicado Fran en declaraciones a Libertad Digital. "Estoy descansando y respirando un poquito después de estos días. Y todo para que al final me dijesen que tenía razón. Y eso es lo que me queda, además del gasto económico, mental y de salud. Pero, en cualquier caso, al final lo importante es que todo ha salido bien".

El pasado 21 de junio, varios agentes del Seprona acompañados por funcionarios del Ministerio de Transición Ecológica intentaron llevarse a Charlie aunque no se registrase ningún tipo de maltrato, enfermedad o riesgo para la seguridad pública. Todo ello, en virtud de la disposición transitoria segunda de la ley animalista, que prohíbe la tenencia de reptiles de más de dos kilos de peso en estado adulto y obliga a sus propietarios a autodenunciarse para que las autoridades competentes procedan a su incautación y las lleven a un centro de acogida.

El decomiso de Charlie no llegó a producirse, entre otros motivos porque el Ministerio que dirige Teresa Ribera no tiene competencias para ello. Son las Comunidades Autónomas las que deben ejecutar ese apartado de la ley que, por otra parte, el propio director de Derechos de los Animales José Ramón Becerra ordenó no aplicar porque podría ser anticonstitucional.

Y la situación quedó en suspenso, incluida la amenaza de denunciar a Fran por un delito de desobediencia a la autoridad, hasta que finalmente, tal y como ha relatado el propio Fran a Libertad Digital, hace unos días se volvieron a poner en contacto con él: "Vinieron dos agentes y dijeron que no tenían ninguna intención de quitarme al cocodrilo, que querían que se quedase conmigo y reconocieron que la ley tenía muchos parches. Lo único que querían hacer para cerrar el acta era leer el chip de identificación de Charlie".

Como Charlie tiene todos los papeles en regla y se adquirió de forma legal, los agentes pudieron registrar la información que necesitaban tras una breve visita al veterinario para localizar la zona en la que está implantado el chip.

Fran ya puede respirar tranquilo, aunque insiste en que ha pasado por un auténtico infierno durante estos días. Y Charlie al fin puede seguir relajándose en su piscina y descansando en su cueva, ya libre del riesgo que la ley animalista llegó a suponer para su propia vida.

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