
Una investigación de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, publicada recientemente en la revista SLEEP Advances, sugiere que la privación de sueño puede reducir los años de vida de forma más drástica que los malos hábitos alimenticios. El estudio analizó bases de datos masivas de Estados Unidos para establecer tendencias demográficas.
Al cruzar la esperanza de vida promedio con encuestas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el sueño se erigió como un determinante conductual superior a la dieta o la soledad. De hecho, superó a cualquier otro factor salvo el tabaquismo.
"Siempre hemos creído que dormir es importante, pero esta investigación lo confirma", señaló el profesor Andrew McHill. La recomendación de los expertos, respaldada por la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, es clara: las personas deben dormir de siete a nueve horas siempre que sea posible para mitigar riesgos.
Aunque el análisis estadístico no profundizó en las causas biológicas exactas, los autores recuerdan que el descanso influye decisivamente en la salud cardiovascular y el sistema inmunitario. "Dormir bien por la noche no solo mejora cómo te sientes, sino también tu esperanza de vida", concluyó McHill, instando a no relegar el sueño a los fines de semana.

