
El océano Pacífico ha dejado de ser un territorio de leyendas para convertirse en un escenario de datos implacables. Lo que durante siglos se despachó como exageraciones de náufragos o "historias de marineros" es hoy una realidad estadística gracias a la observación espacial. Los satélites de la NASA y la ESA han registrado picos de elevación en la superficie marina que alcanzan los 35 metros de altura, una cifra que pulveriza los modelos oceanográficos clásicos —que situaban el límite físico en los 15 metros— y que explica la desaparición histórica de grandes buques en alta mar.
La mirada del satélite SWOT: El fin de los puntos ciegos
El punto de inflexión en esta investigación ha sido el satélite SWOT (Surface Water and Ocean Topography), lanzado en diciembre de 2022. A diferencia de los altímetros tradicionales, que solo medían una línea recta bajo el satélite, SWOT utiliza un radar de interferometría en banda Ka llamado KaRIn.
Este instrumento permite cartografiar el nivel del mar en dos dimensiones con una resolución de 200 metros. El 21 de diciembre de 2024, SWOT cruzó el ojo de la tormenta "Eddie" en el Pacífico Norte y registró una altura significativa de 19,7 metros. Según la estadística de Rayleigh aplicada en oceanografía, una altura significativa (SWH) de casi 20 metros implica que olas individuales en ese mismo tren pueden haber alcanzado los 35 metros (el doble de la media del tercio superior).
El proyecto GlobWave y la herencia de la ESA
Para llegar a estos datos, la ciencia ha necesitado una perspectiva histórica. El proyecto GlobWave, financiado por la ESA y el CNES, ha consolidado un archivo de 26 años de datos provenientes de misiones como ERS-1, ERS-2 y Envisat.
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Altímetro RA-2: Instalado en el Envisat, enviaba 2000 pulsos de radar por segundo. El tiempo que tardaba el pulso en rebotar en la cresta y el seno de la ola permitía calcular la rugosidad del mar.
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Radar de Apertura Sintética (SAR): Este sensor es capaz de "ver" a través de las nubes y la oscuridad, detectando incluso ondas internas que viajan bajo la superficie. Estas ondas, de hasta 50 metros, son responsables de remolinos que alimentan la formación de las olas monstruo en superficie.
La "cascada de energía" y la seguridad marítima
Un estudio liderado por Fabrice Ardhuin y publicado en PNAS en 2025 demuestra que estas olas de 35 metros no son casuales. Se deben a una transferencia no lineal de energía desde olas cortas a olas de período largo (swells). Los satélites han confirmado que, cuando vientos intensos de tormentas persistentes se alinean con la dirección del oleaje previo, la energía se "apila" de forma geométrica hasta crear paredes de agua verticales.
Esta información es ya crítica para la seguridad. Con una media de tres barcos hundidos cada semana, los mapas de GlobWave permiten a las navieras evitar las zonas de "interacción violenta", donde el viento y las corrientes —como la de Agulhas o la corriente del Golfo— actúan como multiplicadores de la altura de la ola.



