
La detección de paredes de agua de 35 metros no ha sido una cuestión de suerte, sino de una revolución en la observación submétrica desde el espacio. Hasta la llegada del satélite SWOT, la comunidad científica dependía de altímetros de pulso que solo ofrecían una visión unidimensional, dejando grandes áreas del océano en la sombra informativa. El despliegue del instrumento KaRIn (Ka-band Radar Interferometer) ha permitido, por primera vez, obtener una topografía bidimensional de alta resolución, transformando el radar en un "ojo" capaz de distinguir elevaciones críticas en mitad de tormentas ciclónicas.
La precisión de la banda Ka
El secreto del éxito del satélite SWOT reside en su trabajo en la banda Ka del espectro electromagnético. A diferencia de las bandas tradicionales (como la Ku), esta frecuencia permite una apertura sintética mucho más fina, logrando una resolución de 200 metros en la superficie oceánica. El instrumento cuenta con dos antenas de radar situadas en los extremos de un mástil de 10 metros, lo que permite medir el desfase de la señal al rebotar en el agua. Esta triangulación geométrica es la que ha permitido certificar que la tormenta "Eddie" no solo generaba un mar grueso, sino picos verticales que desafían la arquitectura naval convencional.
Interferencia constructiva y física no lineal
Los datos procesados por el proyecto GlobWave y los estudios de Fabrice Ardhuin apuntan a que estas olas de diez plantas son el resultado de una "cascada de energía". La tecnología satelital ha confirmado que no se trata de una suma aritmética de olas, sino de un proceso de interferencia constructiva no lineal. Cuando un tren de olas largas (swells) se encuentra con vientos sostenidos de gran intensidad, las olas más pequeñas "alimentan" a la principal, transfiriendo su energía de forma geométrica. El radar de apertura sintética (SAR) ha sido clave para observar cómo estas ondas se apilan hasta colapsar en un muro vertical.
Aplicación en la seguridad de la flota comercial
La integración de estos datos en los sistemas de navegación busca reducir la siniestralidad de tres buques semanales. Gracias a la capacidad del KaRIn para monitorizar las ondas internas —gigantescas masas de agua que se mueven bajo la superficie a diferentes densidades—, las navieras pueden prever dónde se producirán los remolinos que actúan como cimientos de las olas monstruo. La detección precoz permite a los cargueros desviar su ruta apenas unos grados, evitando las zonas de "interacción violenta" donde la corriente y el viento convergen para crear el escenario perfecto de un naufragio estructural.



