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El verdadero origen del olor a lluvia: una mezcla de bacterias, aceites y electricidad

La geosmina y aceites vegetales componen la fragancia terrosa que surge al impactar el agua sobre superficies secas y porosas.

La geosmina y aceites vegetales componen la fragancia terrosa que surge al impactar el agua sobre superficies secas y porosas.
Flickr/CC/Tomás Hornos

Pocas sensaciones son tan reconocibles como el olor que precede a una tormenta o emerge cuando las primeras gotas golpean el suelo seco. Lo describimos como "tierra mojada", pero el agua en sí no tiene olor. Lo que percibimos es una compleja combinación de compuestos químicos liberados desde el suelo y las rocas. Ese fenómeno tiene nombre: petricor.

El término fue acuñado en 1964 por los investigadores australianos Isabel Joy Bear y Richard Thomas en un artículo científico. Procede del griego petros (piedra) e ichor (la sustancia que corría por las venas de los dioses en la mitología griega). Literalmente, significa "la sangre de la piedra", una imagen poética para describir un proceso químico muy concreto.

La receta del olor a lluvia

El petricor no es una única sustancia, sino una mezcla compleja de más de 50 compuestos. Sus ingredientes principales son dos: aceites vegetales acumulados durante periodos secos y geosmina, una molécula producida por bacterias del suelo, especialmente del género Streptomyces.

Durante la sequía, muchas plantas liberan aceites que se impregnan en la tierra y las rocas. Estos aceites pueden actuar como mecanismo de supervivencia, retrasando la germinación de semillas hasta que regresen condiciones favorables. Cuando la lluvia cae, esos compuestos se liberan al aire.

El segundo componente clave es la geosmina, responsable del característico aroma terroso. Las bacterias del suelo la generan como parte de su actividad biológica en la descomposición de materia orgánica. Nuestro olfato es extraordinariamente sensible a esta molécula: puede detectarla en concentraciones de apenas cinco partes por billón. Esa capacidad explica por qué el olor a lluvia resulta tan intenso incluso con precipitaciones ligeras.

La física del aerosol

La química no actúa sola. También interviene la física. Investigaciones con cámaras de alta velocidad han mostrado que cuando una gota impacta sobre una superficie porosa, atrapa pequeñas burbujas de aire. Estas ascienden y estallan, liberando diminutas partículas en forma de aerosol. En esas microgotas viajan la geosmina y los aceites acumulados.

El viento puede transportar esos aerosoles antes de que la lluvia llegue físicamente a un lugar determinado. De ahí que muchas personas aseguren que "huele a lluvia" minutos antes de sentir las primeras gotas.

El componente eléctrico

Antes de la tormenta, a veces se percibe un olor más metálico y punzante. Ese aroma procede del ozono. Las descargas eléctricas de los rayos pueden romper moléculas de oxígeno y nitrógeno en la atmósfera, facilitando la formación de ozono. Las corrientes de aire lo arrastran hacia el suelo, donde se mezcla con el resto de compuestos.

Así, el olor previo a la lluvia puede tener un matiz diferente al que aparece cuando el agua ya empapa la tierra. Uno anticipa la tormenta; el otro confirma que ha llegado.

Por qué nos resulta tan agradable

El petricor suele ser más intenso cuando la lluvia sigue a un largo periodo de sequía, ya que los compuestos aromáticos se han acumulado en mayor cantidad. Esa intensidad contribuye a su poder evocador.

La explicación de por qué nos gusta tanto podría tener raíces evolutivas. Para nuestros antepasados, el olor a lluvia era señal de agua disponible, vegetación renovada y mejores condiciones para la supervivencia. Aunque hoy vivamos rodeados de asfalto, el cerebro sigue asociando ese aroma con frescura, alivio y naturaleza.

La próxima vez que el aire cambie antes de una tormenta, no será solo una impresión subjetiva. Será la combinación precisa de bacterias, plantas, roca y electricidad anunciando que la lluvia está en camino.

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