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Corte de digestión ¿Realmente hay que esperar dos horas para bañarse?

Todavía no, hay que esperar unas dos horas para evitar un corte de digestión

Libertad Digital
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Corte de digestión ¿Realmente hay que esperar dos horas para bañarse?
Pixabay

Esta pregunta nos la hemos hecho todos, sobre todo de pequeños. O mejor quitemos el "nos" porque la cuestión solía ir dirigida a nuestros padres o abuelos, cuando el calor nos empujaba al agua pero su respuesta siempre era la misma: "Todavía no, hay que esperar unas dos horas para evitar un corte de digestión". Sin embargo, la tortura no era para todos, como rápidamente nos percatábamos a nuestro alrededor, dado que siempre había algún suertudo que lograba darse un chapuzón en la playa o la piscina al poco de meterse el último bocado en la boca.

Es cierto que hay que tomar precauciones antes del baño, y por eso el origen remoto de la leyenda del corte de digestión, que procede del término "hidrocución" utilizado en la década de los años 50 por el médico militar francés G. Lartigue para comparar los accidentes mortales en el agua con los producidos por la electricidad. De forma más descriptiva y menos tenebrosa, el doctor Lartigue también llamó a este síndrome "shock termodiferencial" o diferencia de temperatura, lo que da pistas sobre qué ocurre realmente.

"La hidrocución se produce por un síncope o crisis vasovagal, causado por el contacto brusco del cuerpo con el agua fría. Cuando esto sucede, el organismo reacciona con una vasoconstricción periférica, con reducción de la frecuencia cardíaca, para garantizar un aporte preferencial de sangre a nuestro cerebro", explica el doctor Luis Sancho, Jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud Sur de Alcorcón (Madrid).

Cuando esto sucede, explica este experto, el cuerpo debe hacer un gran esfuerzo por mantener su temperatura a 37 grados. "Si no lo consigue porque el shock termodiferencial es muy intenso, se produce un laringoespasmo reflejo, que no es otra cosa que esa dificultad para respirar o respiración entrecortada que sentimos cuando nos bañamos o duchamos con agua muy fría".

Esta sucesión de reacciones reflejas del organismo al contacto brusco con el agua fría "puede generar una sobrecarga cardíaca que derive en parada cardiorrespiratoria con consecuencias fatales si la persona no es rescatada a tiempo", según el doctor Sancho.

La hidrocución se puede producir incluso con el estómago vacío, pero sí es verdad que una comida copiosa puede ser un factor de riesgo si nos bañamos bruscamente. "Durante la digestión se concentra más sangre en el sistema digestivo, por lo que si sufrimos un shock termodiferencial, puede llegar menos sangre al cerebro y provocarnos mareos o pérdida de conocimiento. Pero siempre será por el cambio repentino de temperatura, no por la digestión en sí", insiste el Jefe de Pediatría de Quirónsalud Sur.

Son factores de riesgo todos aquellos que provoquen que nuestra temperatura corporal sea muy superior a la del agua. "Haber estado tomando el sol mucho tiempo, practicar deporte o cualquier ejercicio físico intenso, un ambiente muy caluroso y un agua muy fría incrementan el diferencial entre nuestra temperatura corporal y la del mar o piscina y, por tanto, el riesgo de hidrocución".

"Lo sensato, por tanto, es introducirnos en el agua siempre de forma paulatina, mojarnos brazos y nuca antes de sumergirnos y nunca hacerlo de golpe. Esto permitirá a nuestro organismo adaptarse poco a poco a la diferencia de temperatura y no reaccionará de forma sincopada con las consecuencias descritas", aconseja el doctor Sancho.

Síntomas a tener en cuenta

Pero si a pesar de todas las precauciones empezamos a sufrir un shock, el propio organismo nos lanzará señales de alarma que tenemos que identificar y actuar en consecuencia, saliendo inmediatamente del agua:

  • Estado de sopor o de obnubilación.

  • Sensación de vértigo y zumbido en los oídos.

  • Dolor de cabeza.

  • Fatiga.

  • Enrojecimiento de la piel con picazón y sensación de calor, generalmente en el abdomen y la cara interna de brazos y piernas.

  • Déficit de agudeza visual con visión borrosa.

  • Dolores de localización variable que se presentan en forma de hinchazón, calambres musculares o dolores articulares.

  • Piel de gallina.

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