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El 'retro-walking': el sencillo truco para proteger las rodillas y estimular el cerebro

Esta técnica de marcha inversa reduce el impacto en las rodillas, activa el cerebro y mejora la postura al cambiar la biomecánica del paso habitual.

Esta técnica de marcha inversa reduce el impacto en las rodillas, activa el cerebro y mejora la postura al cambiar la biomecánica del paso habitual.
Pixabay/CC/Pexels

Estamos acostumbrados a medir el ejercicio en velocidad, distancia o calorías. Pero a veces el verdadero cambio no está en hacer más, sino en hacer distinto. Caminar hacia atrás —conocido como retro-walking— está ganando protagonismo como una estrategia sencilla para proteger las articulaciones y estimular el cerebro.

Lo que parece un gesto torpe o antinatural es, en realidad, un movimiento con bases biomecánicas y neurológicas muy interesantes. El motivo es que, al caminar de forma habitual, el talón golpea primero el suelo, enviando una fuerza directa hacia la rodilla. En cambio, al caminar hacia atrás, el apoyo comienza en la parte delantera del pie. Este pequeño cambio modifica toda la cadena de movimiento.

Beneficios de caminar hacia atrás

  • Menor carga sobre la rótula, lo que puede aliviar molestias en personas con dolor anterior de rodilla u osteoartritis.

  • Mayor activación de los cuádriceps, músculos clave para estabilizar la articulación.

  • Pasos más cortos y frecuentes, que reducen el estrés articular acumulado.

Por eso se utiliza con frecuencia en contextos de rehabilitación de rodilla, donde se busca fortalecer sin sobrecargar. Pero es que además, caminar hacia atrás cambia ligeramente la posición de la pelvis y activa más los músculos que sostienen la parte baja de la espalda. Esto puede contribuir a: mejorar la postura, aumentar la estabilidad lumbopélvica y reducir molestias en personas con dolor lumbar crónico.

Un reto extra para el cerebro

Si hacia delante caminamos en "piloto automático", hacia atrás el cerebro no puede relajarse. Al no tener referencia visual directa del camino, depende mucho más de:

  • El sistema propioceptivo (saber dónde están tus pies sin mirarlos)

  • El sistema vestibular (equilibrio)

  • La coordinación entre ambos

Este aumento de la demanda atencional activa regiones cerebrales relacionadas con la planificación y el control del movimiento, lo que puede traducirse en un mejor equilibrio general, reflejos más rápidos y mayor agilidad mental en tareas cotidianas. No es solo un ejercicio físico; es también un pequeño desafío neurológico.

Caminar hacia atrás suele requerir más esfuerzo que caminar hacia delante a la misma velocidad. Esto puede aumentar el gasto energético y convertirlo en un complemento interesante dentro de una rutina de actividad física sin necesidad de impacto alto.

Cómo empezar de forma segura

La clave es la progresión y la seguridad:

  1. Busca un entorno despejado, sin obstáculos ni desniveles.

  2. Empieza despacio, incluso sujetándote a una pared o barandilla si lo necesitas.

  3. Mantén el torso erguido y evita girar el cuello constantemente; confía en pasos cortos y controlados.

  4. Prueba con 5–10 minutos, 2 o 3 veces por semana, integrados en tu caminata habitual.

Caminar hacia atrás no sustituye a otras formas de ejercicio, pero sí añade un estímulo diferente para músculos, articulaciones y cerebro. En un movimiento tan cotidiano como andar, cambiar la dirección puede ser justo lo que tu cuerpo necesitaba para salir de la rutina… y fortalecerse por dentro.

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