
Ahora que acabamos de recordar los 250 años de la existencia de los Estados Unidos de América, muchos han rescatado las debilidades de la democracia que aportaron a Occidente y al mundo. De ahí las referencias a Alexis de Tocqueville, que no habló de las personas que dirigían el país sino del funcionamiento práctico de sus instituciones y mecanismos. Destacan las referencias al "despotismo blando" que el francés detectó como posibilidad creciente en el desarrollo de su democracia.
Además de las meditaciones sociopolíticas, bien necesarias, está la reflexión sobre la personalidad de los líderes de una gran nación que, con sus claros y oscuros, algunos luminosos y otros terribles, han impregnado con su carácter y su voluntad individual la marcha de su patria común. Hay muchos ejemplos de ello, desde el mismo George Washington a Kennedy, pasando por Abraham Lincoln o F. D. Roosevelt.
