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'Fuego, el ballet de Antonio Gades'

El 6 de julio la compañía de Antonio Gades estrena en España el espectáculo Fuego, con coreografía de Carlos Saura.

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El próximo 20 de julio van a cumplirse diez años del fallecimiento de Antonio Gades, revolucionario de la danza española y flamenca. Con ese motivo, la compañía de baile que continúa llevando su nombre representará en el madrileño teatro de la Zarzuela, a partir del día 6 y hasta el 20 de este mismo mes, el espectáculo Fuego que ya se dio a conocer en el Châtelet, de París, el 26 de enero de 1989, pero no aquí, por lo que el acontecimiento supone un estreno absoluto en España.

Cartel de la película 'El amor brujo'.

El ballet, con coreografía de Carlos Saura, está inspirado en El amor brujo y lleva música por tanto de su creador, aquel genio gaditano llamado Manuel de Falla, quien como ya les he contado en alguna otra ocasión compuso tal obra a petición de su buena amiga, Pastora Imperio, el año 1915. Por cierto, sin mucho éxito entonces. La puesta ahora en escena de Fuego supone un acertado homenaje en recuerdo de quien fue uno de nuestros más grandes artistas de la danza. Somos los españoles olvidadizos con nuestros genios.

Nadie parece acordarse, por ejemplo, de Antonio, que se fue de este mundo cuando estaba apartado hacía tiempo del baile, al que había elevado a gran altura y nadie le hacía maldito caso en los últimos meses de su vida, exceptuando a María Rosa y algún íntimo. Y lo mismo parece suceder con quien algunos creyeron era sucesor de aquél, aunque sus estilos eran diferentes. Antonio Gades dio un giro espectacular a sus montajes coreográficos. Y pensar que él llegó a ser bailarín por pura necesidad, "empujado por el hambre", según propias palabras. Había nacido en Elda el 16 de octubre de 1936, llamado Antonio Esteve Ródenas, hijo de un albañil republicano, Vicente "el Ventana", que se trajo a Madrid a su familia huyendo de la miseria. Lo pasaron mal en aquella dura postguerra. Y Antonio hubo de arrimar el hombro, trabajando de botones, con once años, en el estudio del gran fotógrafo de la alta sociedad madrileña Juan Gyenes. Luego, culo de mal asiento siempre, se empleó en los talleres del diario "ABC", donde ya dio muestras de su ideología, enredando a menudo con reivindicaciones laborales. No le abandonó nunca ese espíritu revolucionario. Contando quince años y sin saber a qué dedicarse probó a ser boxeador "pero al primer guantazo, lo dejé"; quiso también ser ciclista y asimismo torero. En esas cuitas estaba cuando una vecina le habló de una academia de baile. Como nada tenía que perder pidió matricularse en la que regentaba el maestro Palitos, donde lo descubrió cierto día la extraordinaria bailarina y coreógrafa Pilar López, hermana de la mítica Encarnación López Júlvez "La Argentinita". Lo adiestró, lo bautizó artísticamente (Gades, en recuerdo del Cádiz legendario) y cuando estuvo en sazón fue primer bailarín de su compañía, hasta que en 1962 ya la tuvo propia. En 1964 fue una de las estrellas del Pabellón Español de la Feria de Nueva York. Año en el que contrajo matrimonio en la iglesia de San Antonio de la Florida, en Madrid, con Marujita Díaz. Un año duró la convivencia, hasta que se divorciaron en los años 80. Antonio tenía problemas económicos relacionados con el estreno de su ballet Don Juan, pidió ayuda a su mujer y ella "se hizo la sorda".

Ballet de Antonio Gades interpretando 'Carmen'

Siempre mujeriego, se unió sentimentalmente con la actriz y bailarina Pilarín San Clemente, entre 1968 y 1971, con quien tuvo dos hijos, Ignacio y Elsa. Antonio Gades ahondó en la lectura de García Lorca para inspirarse en su dramaturgia, estrenando en 1974 su sensacional montaje de "Bodas de sangre" (que en 1981 llevó al cine con el bailarín el director Carlos Saura). Luego estuvo unas temporadas alejado de los escenarios hasta que el Director General de Música, Jesús Aguirre (en relaciones con la Duquesa de Alba, con quien se casó en poco tiempo) decidió cesar a Antonio Ruiz Soler, Antonio, como director del Ballet Nacional, y le brindó ese cargo en bandeja. Mucho se rumoreó y escribió acerca de las razones de aquel cambiazo. El caso es que Gades estuvo un par de años con esa responsabilidad hasta que volvió a lo suyo, a bailar, a montar coreografías. Una espléndida, la de Carmen, también trasladada a la pantalla por el mismo realizador aragonés ya citado. Y entre tanto, giras internacionales por toda Europa y Japón.

El bailarín apareció una noche de los primeros años 80 en la madrileña sala de fiestas "Florida Park" acompañando a Marisol, que ya había abdicado de ese apelativo para ser conocida como Pepa Flores. Los periodistas que estábamos aquella noche allí, pongamos que una docena, no más, advertimos los arrumacos que se intercambiaron durante la velada. Se fueron a vivir a un piso que tenía ella cerca de la Plaza de Castilla, donde la entrevisté varias veces. Las ideas extremistas de él calaron en seguida en ella, al punto de integrarse en un partido radical de izquierdas, a algunos de cuyos actos la actriz de Tómbola acudió, puño en alto. Tras una ceremonia civil en España, fueron declarados marido y mujer en presencia de Fidel Castro. Tendrían tres vástagos: María (actriz), Tamara y Celia (cantante). En 1986 él se fue de aquel piso decorado con tapicería azul oscuro, dejando a Pepa Flores en una delicada situación anímica. Y es que el alicantino se había prendado de una millonaria suiza, dueña de una cadena de cines, la rubia Daniela Frey. Cinco años les duró la aventura, hasta que de nuevo él se cansó, aunque ya estaba herido de muerte por un cáncer que lo llevaría a la tumba un año más tarde.

Tres años llevaba arrastrando la enfermedad, celosamente cuidado en sus últimos meses por su último amor, Eugenia Eiriz. Escondido en su casa madrileña, salía ya poco a la calle, con el pelo ralo, encanecido, y las facciones de su rostro con las huellas visibles de su mal estado. Aunque se mantenía en contacto con los responsables de su compañía de baile. Antonio Gades era un tipo sincero, honrado y consecuente con sus ideas, no le cabe a nadie duda.

Rebelde hasta el último día de su existencia. En el trato con los periodistas, si era de uno, o en pequeños grupos, resultaba cordial y hasta divertido. Le fastidiaban las ruedas de prensa. La soledad presidió sus últimos momentos. Dejó escrito que sus cenizas fueran a parar a Altea, donde tenía anclado su barco de pesca, y a Cuba. El Gobierno castrista las enterró en el Mausoleo de los Héroes de la Revolución.

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