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Amando de Miguel

Remozar las viejas frases hechas

Por definición, las frases hechas se refieren a un tiempo pasado, a una sociedad tradicional. Es una lástima perderlas, cuando tan expresivas suelen ser.

Por definición, las frases hechas se refieren a un tiempo pasado, a una sociedad tradicional. Es una lástima perderlas, cuando tan expresivas suelen ser. Para ello, nada mejor que atisbar los posibles significados que pudieran tener para nuestro mundo urbano y digital. Siempre es una satisfacción hablar con los términos de nuestros mayores. Se puede anteponer la cláusula de "como decía mi abuela…".

– Hacer su agosto. Se refiere originariamente al beneficio que obtenían los campesinos de antes (que eran la mayor parte de la población) al recoger la cosecha en agosto. Los españoles actuales no viven del campo, pero la frase puede tener otro sentido. El mes de agosto, por ser el de las fiestas, el veraneo, los viajes y la llegada masiva de los turistas, supone unos pingües ingresos para muchos españoles. Por tanto, sigue siendo un mes de excelente coyuntura y abundante empleo. Se aplica la fábula de la cigarra y la hormiga: ahorrar en verano para disponer de medios para el invierno. En mi caso, corto en agosto la leña de la poda para que me pueda servir de combustible en la chimenea durante el invierno.

– Tener guardadas las espaldas. Antaño fue un dicho de los espadachines. Procuraban mantenerse de espaldas a una pared para no ser sorprendidos por una cuchillada imprevista. Más tarde, por analogía, se designó así al hecho de que los poderosos se servían de escoltas para su protección personal: los guardaespaldas. Aun así, cabe advertir que el ataque o el atentado no tienen por qué venir por detrás. Las espaldas de ahora suelen ser metafóricas, los riesgos de todo tipo. Por ejemplo, un plan de pensiones a tiempo ante la posibilidad de una magra pensión oficial.

– Estar sin blanca. La blanca era una moneda antigua de escaso valor. Luego se dijo estar sin una gorda (moneda de 10 céntimos de peseta). La gorda representaba la figura desgastada de un león, que el pueblo dio en decir que era una perra. Ya no hay perras gordas, pero, al repasar la cuenta del banco, miramos enseguida si la lista es blanca (con saldo positivo) o roja (con débito). Así pues, volvemos a estar sin blanca cuando los últimos asientos de la cuenta van con números rojos.

– Hay moros en la costa. Antaño se decía así, con expresión de alarma, ante el peligro de los piratas berberiscos para los que vivían cerca de la costa mediterránea. Hoy podemos seguir empleando el dicho con el sentido analógico de un nuevo peligro: la inmigración masiva de los africanos sin papeles. La verdad es que son una bendición para los españoles que no están dispuestos a trabajos serviles. Los moros de ahora son una analogía de cualquier peligro sospechado.

– A la vejez, viruelas. Se decía despectivamente de los viudos valetudinarios que se casaban, pues la viruela (hoy desaparecida) era una enfermedad infantil. El suceso era raro debido a la baja longevidad del pasado, pero hoy resulta frecuente. Suele desesperar a los hijos y a los nietos. Es el fundamento de mi última novela, Amores septuagenarios. Ya no se organizan cencerradas para los casamientos de los viudos, pero hay otras maneras de hacerles difícil el trance.

– Ni se muere padre, ni comemos. El proverbio lo he oído muchas veces en Valencia y Barcelona, pero se ha dicho en toda España. Es muy cruel. Equivale a la situación en la que se dilata un suceso esperado, como la muerte del padre, que ahora sería el abuelo. Se puede aplicar a otras muchas situaciones. Se da la impaciencia por heredar, pero también por aprovecharse de cualquier situación azarosa.

– Tener muchas ínfulas. Las famosas ínfulas eran unas cintas que pendían del adorno sobre la cabeza que llevaban antaño los reyes, obispos y otros dignatarios. La costumbre procede de los romanos. Constituía un elemento simbólico y ornamental que daba una apariencia hierática a las figuras así adornadas. El cargo del archimandrita era precisamente el que seguía al obispo en las ceremonias y le colocaba bien las ínfulas, una pieza sagrada del vestuario ritual. Hoy no existe tal cosa, pero las ínfulas metafóricas son cualesquiera símbolos de poder que se ostentan para impresionar. Puede servir, por ejemplo, un coche oficial de alta gama o una tarjeta black.

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