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Amando de Miguel

Elogio del superlativo

Lo malo de los superlativos es que se desgastan y ya no sirven bien a la función encomiástica.

Amando de Miguel
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Es sabido que el habla española permite establecer grados de intensidad con las palabras cuando queremos resaltar que abunda más o menos alguna propiedad. Por ejemplo, bueno, mejor, óptimo. Al grado máximo lo llamamos superlativo, lo que exige ponderación por lo elevado, distinguido, sobresaliente. Recordemos los divertidos versos de Quevedo:

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa…
érase un naricísimo infinito.

El superlativo se consigue de diversas formas. Pueden ser palabras distintas, como óptimo, aunque esta es un cultismo que casi nadie emplea, y menos en la conversación. Tampoco se apela mucho al culto bonísimo. En su lugar queda mejor el coloquial buenísimo. Se utiliza mucho para ponderar un plato de comida o una hazaña deportiva.

Lo normal es ese sufijo de –ísimo, pero también se puede dar el –érrimo, algo más cultista. Hay también términos que por sí mismos expresan ya un grado elevado de alguna cualidad. Por ejemplo, excepcional, inaudito, extraordinario, colosal. Se emplea también el muy acompañado del adjetivo. Hay casos, como importante, que nos dice que importa mucho, pero el lenguaje coloquial necesita enfatizar el discurso, y así decimos "muy importante". Quedaría exagerado decir "muy importantísimo", pero se oye. La razón es que los hispanohablantes exageramos todo lo que nos da la gana y más. Tanto es así que, por muchos superlativos que introduzcamos, los interlocutores no se impresionan demasiado.

Hay más recursos para el superlativo. Por ejemplo, "el más" o "el mejor", que antecede al adjetivo, por lo general encomiástico. Ahora es moda decir "el más plus", demasiado informal.

Hay ya muchos adverbios terminados en –mente, pero algunos cumplen la función superlativa, tan necesaria, como vemos. Se emplea mucho el absolutamente, incluso cuando sospechamos que la cosa resulta bastante relativa. Por ejemplo, "eso es absolutamente falso". Lo más probable es que haya algo de verdad en la afirmación a la que se refiere. Por lo mismo, la frase repetida de "eso no tiene absolutamente nada que ver" suele indicar que existe alguna relación. Impresiona lo de "tremendamente importante". Puede que no le importe a nadie.

Lo malo de los superlativos es que se desgastan y ya no sirven bien a la función encomiástica. En el habla coloquial se recurre muchas veces al "de puta madre", que a su vez redobla el superlativo con "de putísima madre". No es ningún insulto a la progenitora de nadie. Es una antífrasis, decir lo contrario de lo que parece, para llamar la atención. Entramos en la jerga juvenil.

En los últimos tiempos se ha impuesto un grado intermedio entre comparativo y superlativo con el "como muy". Parece muy afectado, pero da un matiz ligeramente irónico, que hace interesante la descripción. "Como muy fashion" se dice en la jerga juvenil para indicar que algo sienta bien, está de moda, es novedoso, ma non troppo.

Creo que ya he comentado el uso de "pedazo de" para encomiar algo y sobre todo a alguien. "El Vaticano es un pedazo de edificio" o la cantante tal "es un pedazo de mujer". Son comentarios admirativos.

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