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De reinas magas, olentzeros y jalufos

Los atentados a las tradiciones de todo tipo proliferan como las setas en octubre.

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Cabalgatas sin reyes magos por neutralidad religiosa o con reinas magas por aquello de la paridad; felicitaciones navideñas sin la palabra Navidad para no ofender a otras religiones; celebraciones cristianas sustituidas por solsticios, que debe de ser que son más progresistas; belenes y villancicos prohibidos para no atentar contra la confesionalidad del Estado; y mil y una manifestaciones más de una cristofobia digna de análisis psicoanalítico.

El invento no es nuevo: los revolucionarios franceses pusieron la primera piedra elaborando un calendario que sustituía las tradicionales fiestas cristianas por otras de inspiración política, botánica o meteorológica; los bolcheviques rusos recogieron el testigo prohibiendo cualquier referencia religiosa; y los republicanos españoles aportaron el toque carpetovetónico con las iniciativas de reemplazar la Nochebuena por la Noche Popular, las fiestas navideñas por la Semana del Niño y la Semana Santa por las Vacaciones de Primavera. Digno de felice recordación fue el caso de Nicolás Guerendiain, dirigente republicano irunés que, oficiando de general en el alarde de San Marcial del 31 de junio de 1936, ganaría la inmortalidad por el grito con el que sustituyó los tradicionales vivas a España, a Irún y al santo: "¡Viva San Marcial laico!".

En tiempos más recientes, y fuera de ámbitos marxistas, la vanguardia antinavideña la han representado unos Estados Unidos constitucionalmente aconfesionales aunque mayoritariamente cristianos en los que hace ya mucho comenzó a discutirse la oportunidad de eliminar las celebraciones navideñas para no molestar a la influyente comunidad judía y, en las últimas décadas, a la creciente comunidad musulmana. De ahí el menguante uso de la ofensiva palabra Christmas y la simultánea generalización de las Season's greetings. Pero no es ésta la única exportación yanqui a un mundo ansioso por imitar cualquier cosa del odiado imperio: aunque la última moda es ese Black Friday que tan avasalladoramente se ha impuesto entre los consumidores españoles, la medalla de oro se la lleva, sin duda, ese indigno Halloween que hace unos pocos años no conocía nadie por estos pagos y que hoy ha enterrado, probablemente para siempre, la digna tradición de ese Día de Todos los Santos en el que, durante siglos, los españoles honraron la memoria de sus seres queridos. Del alma de los fallecidos a los monstruos venidos del más allá: no hay mejor resumen de la putrefacción espiritual de Occidente. Este humilde juntaletras se atreve a augurar que el próximo paso será la adopción entusiasta de la fiesta de Thanksgiving, que ya ha empezado a penetrar en algunos colegios españoles. Vayan invirtiendo en granjas de pavos. Es negocio seguro.

Por otro lado, dado que Expaña no sería Expaña sin nuestras singularísimas neurosis, aquí la moda antinavideña se combina con la hispanofobia hasta el punto de rechazar a los Reyes Magos por considerarlos imposición española. Y de ahí nace el Olentzero, esa versión local del hombre del saco que, conocida hasta anteayer solamente en algunos lugares de la cuenca del Bidasoa, empezó a ser extendida a todo el País Vasco hace unos cuarenta años a través de las ikastolas. Por supuesto, ya la han convertido, sin posibilidad de discusión, en tradición inmemorial y panvasca. Y tal ha sido su éxito que hasta le ha salido un primo gallego pederasta: el Apalpador.

Pero los atentados a las tradiciones de todo tipo proliferan como las setas en octubre. Sin salir de tierras vascongadas, una de las más recientes mamarrachadas ha consistido en la modificación de la letra del Agur Jaunak, el popular himno cantado por los vascos desde hace un siglo en todo tipo de celebraciones. Pues en el acto inaugural del curso académico 2015-16 de la Universidad del País Vasco, presidido por el lehendakari del partido dizque defensor de las esencias vascas, se entonó dicho himno eliminando de su letra a Dios, por atentar contra la aconfesionalidad, e incluyendo a las mujeres, para no atentar contra la paridad. Y así, a los Jaunak (señores) se añaden las Andreak (señoras) y se sustituye el intolerablemente reaccionario "Dios nos ha hecho a todos" por un "todos hemos sido hechos iguales" que cuadra mucho mejor con la moderna diosa Igualdad.

Al fin y al cabo el ejército les dio buen ejemplo de corrección política cuando, por decisión de José Bono –autor de la inmortal frase "Prefiero morir a matar, soy ministro de Defensa"–, se modificó el texto del Homenaje a los que dieron su vida por España. En concreto, la frase "No quisieron servir a otra bandera" fue sustituida por "No pudieron servir con más grandeza", es de suponer que para eliminar el concepto bandera, evidentemente facha; y "No supieron morir de otra manera" por "No supieron vivir de otra manera", pues eso de morir por la patria queda feo.

Evidentemente, en todas partes cuecen habas en esta Europa avergonzada de sí misma hasta el punto de negar su propia esencia. Reciente es, por ejemplo, la retirada de cruces de las iglesias suecas para evitar ofender a los refugiados musulmanes. Y, por el mismo motivo, en Francia y otros países se han prohibido los belenes en lugares públicos y la celebración de la Navidad en los colegios.

Pero como en autonegación a los españoles no nos gana nadie, probablemente no esté lejano el día en que comiencen los problemas para el jamón y demás productos derivados del odiado jalufo. No se tome por exageración: hace algunos años un profesor gaditano fue denunciado por xenofobia debido a haber tenido la mala idea de mencionar el jamón ante un alumno musulmán. De momento la cosa quedó en anécdota y los productores de Trévelez le regalaron un jamón al xenófobo docente. Pero todo se andará, como ya se está andando a grandes zancadas en otros países europeos más avanzados en materias multiculturalistas. Pues, al igual que en Francia, aumentan los casos de colegios españoles con problemas en sus menús por la presencia de carne de cerdo y la ausencia de carne sacrificada por el rito halal.

Pero confiemos en el pueblo español: si algún día nos amenazan el jamón, llegado será el día de tocar a rebato para reinstaurar la Santa Inquisición.

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