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'Puritanez'

Las purgas de la corrección política están aquí. Esa forma de totalitarismo blando ha llegado con décadas de retraso, pero ha llegado.

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Las cosas se van aclarando. La palabra maricón, dicha por Dolores Delgado en una conversación privada, no es signo de homofobia, porque la dijo quien ahora es ministra de Justicia en una conversación privada. La palabra mariconazo en un artículo de Arcadi Espada rezuma homofobia porque la escribió quien la escribió, es decir, el periodista Arcadi Espada. El término mariconez en una canción de Mecano peca de homofobia, aunque con atenuantes, porque no se puede acusar de homófobo al grupo de Ana Torroja y los hermanos Cano a la vista de otros temas suyos. Bien mirado, las cosas no se van aclarando. Nada. Lo único claro, esto sí, es que las purgas de la corrección política están aquí. Esa forma de totalitarismo blando ha llegado con décadas de retraso, pero ha llegado.

Los concursantes de OT que pidieron cambiar la letra de Mecano, igual que los directivos del programa que inicialmente accedieron, creen que meter la tijera en la letra de un autor es lo más normal del mundo. No sólo meter la tijera, sino insertar un cuerpo extraño. Tal es el respeto que tienen por la obra. El mismo que tenía la censura que se llamaba censura. No hay tampoco diferencia en los fines: justifican sus cortes y confecciones en nombre de la protección de un bien superior de orden moral. Sólo han cambiado los concretos bienes a proteger. El censor del franquismo que alteró los diálogos de Mogambo en el doblaje para que los protagonistas fueran hermanos y no marido y mujer, quiso evitar que se viera un adulterio. Los censores de OT que pretendían cambiar mariconez por estupidez –¡qué estupidez!– querían evitar que se transmitiera la homofobia (supuesta) de una frase de una canción. Claro que es más probable que quisieran protegerse a sí mismos: ¡no fuera a decirse que son homófobos!

De haberme preguntado, yo hubiera propuesto cambiar mariconez por ridiculez, lo cual define, de paso, todo este empeño censor de los neopuritanos, orientado, exactamente como el de sus predecesores, a mejorar la sociedad: es por nuestro bien. ¿Cuánto habrá que expurgar por nuestro bien? ¿Todas las canciones de todos los grupos? ¿Todas las novelas, los poemas, las obras de teatro? ¿Todos los libros de todas las materias? Sin olvidar las artes plásticas, que pueden pecar mucho también. Pero hay un elemento nuevo y distintivo en este neopuritanismo llegado de rebote. Ese elemento es el analfabetismo funcional. Es que no entienden un texto. ¡Es que no entienden una canción de Mecano! Es el grado cero de comprensión. Son incapaces de comprender algo más que el significado literal de las palabras, y depende. No han leído en su vida. Su puritanismo suele ser oportunista, puro seguidismo de fashion victims, pero su analfabetismo es auténtico. Es una combinación puramente destructiva. Bajo la férula de estos censores analfas o analfas censores, sencillamente no se podrá escribir.

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