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Rosa Belmonte

El tabernero del puerto

Lo más chungo que había oído hasta ahora de Plácido Domingo era el himno del Madrid y la pillada de parte de su familia con la Cienciología.

Rosa Belmonte
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Lo más chungo que había oído hasta ahora de Plácido Domingo era el himno del Madrid y la pillada de parte de su familia con la Cienciología.
Plácido Domingo | Cordon Press

No sé si Plácido Domingo es un cerdo depredador que perseguía mujeres. Ni si voy a acabar como Amy Schumer con Bill Cosby en aquel sketch en el que hacía de su abogada en el juicio y pedía que no lo condenaran. "Si no, se van a sentir mal la próxima vez que vean La hora de Bill Cosby". Y más: "Merecemos bailar como si nadie nos observara y mirar la serie como si ninguna mujer hubiera sido violada". El otro día vi a Domingo en el Teatro Real cantando Giovanna d’Arco de Verdi en versión de concierto (aunque él hacía mucho teatro) y estaba en unas condiciones vocales extraordinarias. Mucho más extraordinarias eran en los 80 y 90. Cuando según algunas cantantes y una bailarina las presionaba para tener relaciones sexuales y las castigaba en el trabajo si lo rechazaban."Lo que hizo está mal. Usó su poder, acosó a mujeres, las puso en posiciones de vulnerabilidad. Hay gente que ha salido del negocio y ha sido borrada por no haberse sometido a él", dice una.

Lo más chungo que había oído hasta ahora de Plácido Domingo era el himno del Madrid y la pillada de parte de su familia con la Cienciología. Ahora ocho cantantes y una bailarina han contado a Associated Press el acoso. Una ha dicho que puso su mano debajo de la falda y otras tres que las besó sin consentimiento. "Supuestamente se trataba de una comida de negocios. Pero es extraño cuando alguien pone su mano sobre tu rodilla en un encuentro así. Siempre te tocaba de alguna manera y te intentaba besar". Otra docena de mujeres han hablado de las "obvias sugerencias" que Plácido Domingo hacía. "Resultaban de lo más incómodas". Siete han dicho que sus carreras se vieron negativamente afectadas tras rechazarlo. Y si no dan la cara es porque trabajan y no quieren humillaciones públicas. La humillación pública sólo para él. Pero las historias resultan escalofriantes.

Plácido ha publicado un comunicado sobre estas acusaciones de hasta 30 años atrás y de personas no identificadas (sólo la mezzo Patricia Wulf). "Son profundamente inquietantes y, tal como se presentan, inexactas. Sin embargo, es doloroso escuchar que puede haber molestado a alguien o haberles hecho sentir incómodas, sin importar cuánto tiempo atrás y a pesar de mis mejores intenciones. Creía que todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que no soy alguien que intencionalmente dañaría, ofendería o avergonzaría a nadie. Reconocemos que las reglas y estándares por los cuales somos, y debemos ser, medidos hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado. Tengo la suerte y el privilegio de haber tenido una carrera de más de 50 años en la ópera y me mantendré en los más altos estándares". ¿Y eso de "mis interacciones y relaciones" qué significa? ¿Que se las tiraba o que les tocaba la rodilla?

Otros reprocharán a las señoras que por qué lo dicen hoy y no entonces (aparte de considerar el momento favorable a las mujeres tras el #MeToo, vean ‘Abducted in plain sight’). Como se lo reprocharon a E. Jean Carroll cuando denunció hace unos meses que Trump la había violado en un probador de Bergdorf Goodman en los años 90. "Me metió la mano bajo el vestido y me bajó las medias…. Se desabrochó los pantalones y llevó sus dedos a mi zona íntima. Empujó su pene hasta la mitad, o por completo, no lo recuerdo". Nunca denunció los hechos pero sí se lo contó a dos amigas. Y salió en la portada del New York Magazine: "Esto es lo que llevaba puesto hace 23 años cuando Donald Trump me atacó en los probadores de Bergdorf Goodman". A mí no me viene mi ropa del año pasado me va a venir la de hace 23 años. Y contaba por qué no lo denunció antes: "Recibir amenazas de muerte, ser echada de mi casa, ser despedida, ser arrastrada por el barro y unirse a las 15 mujeres que han presentado historias creíbles sobre cómo el hombre las agarró, acosó, menospreció, mutiló, abusó y atacó, solo para ver al hombre darle la vuelta a la historia, negarlo, amenazar y atacar, nunca me sonó muy divertido. Además, soy una cobarde". Lo que contaba en la revista era un extracto de su libro What do we need men for? (¿para qué necesitamos a los hombres?).

Lo curioso es que E. Jean Carroll aparece en el documental Divide y vencerás sobre Roger Ailes. Pero no como acusadora (después de lo de Trump también dijo que Ailes la acosó sexualmente) sino como conocedora del hombre y sus tejemanejes incluso antes de llegar a Fox News. Ella estaba en el anterior proyecto, en America’s Talking con el programa Ask E. Jean. "Nada producía más alegría a Roger que una batalla. Y si no había una, la creaba. Y eso es lo que hizo con Fox News, dividirnos entre conservadores y liberales". Roger Ailes es el modelo que se utilizó en aquel episodio de Master of none llamado ‘Buona Notte’ donde salía el repugnante Chef Jeff (fue antes del escándalo de Weinstein). Aunque viendo el capítulo 6 de La voz más alta (la escena en el despacho con la chica a la que promociona, la sustituta de la anterior) es difícil que otro lo iguale en baboso, asqueroso y desecho de la vida.

Luego ya saben que el cómico Aziz Ansari (creador y protagonista de Master of none) se vio envuelto en un absurdo caso de acoso sexual. Una chica tuvo lo que, según su propio relato, fue una mala cita (en pleno encuentro sexual él no supo interpretar que estaba incómoda) y publicó sus impresiones. No hubo denuncia, pero la que le cayó. En su último monólogo reflexiona sobre ello: "Esto ha hecho que nos volvamos más considerados y eso es algo bueno".

Más tremendo fue lo de Morgan Freeman. Una periodista de la CNN había fabricado evidencias para acusar a Morgan Freeman de acoso sexual. Y esa actriz, directora y feminista publicó un tuit diciendo que había llamado a Freeman para disculparse y que todo bien. Cuando saltó la noticia de que ocho mujeres habían acusado a Freeman ella escribió que no eran casos aislados, que es un sistema y se llama patriarcado. Que cómo van a ponerse de acuerdo ocho mujeres.

Estoy mezclando casos distintos. Lo que es falso, lo que no fue nada, lo que sí, lo que no sabemos si ha sido. Pero algunos casos están en el ‘patriarcaldo’ de cultivo de la caza de brujas. Margaret Atwood explicó que el movimiento #MeToo es el síntoma de un sistema judicial roto. Las mujeres y otras víctimas, al no obtener respuestas adecuadas de las instituciones o las empresas, usan otras vías. Y hay un pero. "La condena sin un proceso judicial es el primer paso hacia la ausencia de justicia para que el sistema se corrompa, como sucedió en el periodo prerrevolucionario en Francia". A la Orquesta de Filadelfia le ha faltado tiempo para cancelar la actuación de Plácido Domingo prevista para septiembre. Ya me veo cantando ‘La tabernera del puerto’ cambiando el sexo: "No puede ser, ese hombre es bueno. No puede seeeer un hombreee malvaaaado".

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