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Amando de Miguel

La polisemia del cambio

Actualmente tenemos que la voz cambio resulta más polisémica que nunca, aunque para todos signifique más bien algo deseado.

Amando de Miguel
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La palabra cambio fue el talismán (ahora se dice "mantra") que acompañó las iniciativas políticas todas a lo largo de lo que se llama "transición democrática", que ahora parece que concluye. (Yo mismo he escrito miles de páginas sobre los cambios de la sociedad española y fui colaborador de la influyente revista Cambio 16 ).

No es tanto que ya no ansiemos la democracia, siempre perfeccionable, como que, después de casi medio siglo, parece un tanto absurdo seguir hablando de "transición", un término tan inestable. No sabemos qué régimen es el que ahora va a comenzar (ahora se dice "arrancar") en España, pero ha quedado la virtud del fetiche que llamamos "cambio" sin mayores especificaciones. Al igual que no se supo nunca a dónde conducía esa vía o pasillo de la transición, se ignora en qué pueda consistir el famoso cambio de tipo político o societario, qué es lo que se transforma o evoluciona. La palabreja tiene buena prensa, pues el axioma es que los cambios son siempre buenos; una tontería. El enfermo crónico lo que pretende es que no se alteren mucho sus condiciones mórbidas para que no vayan a peor.

Sospecho que, hace medio siglo, el estribillo del cambio se repitió de mil maneras para significar que el régimen autoritario no debía derivar hacia la revolución o la involución. Todavía hoy se halla vigente tal idea, ante la tentación para algunos de volver a la infausta República violenta y fanática de los años 30 del pasado siglo.

Actualmente tenemos que la voz cambio resulta más polisémica que nunca, aunque para todos signifique más bien algo deseado. Que es una forma de decir que el presente no nos gusta ni poco ni mucho.

En griego el prefijo meta- da idea de "más allá, después". Se utiliza para formar muchas palabras más o menos técnicas con la idea de movimiento, traslado, mudanza. En latín tenemos plus ultra, que ahora es un símbolo para Vox, por serlo primeramente del escudo del emperador Carlos I. Con este prefijo de meta se acuñan ciertas palabras cultas que nos pueden servir para precisar el sentido de algunos cambios políticos, sociales o económicos.

La metamorfosis no es solo la de algunos organismos, como las mariposas o las ranas. Se trata de una transformación sustancial a lo largo del tiempo de un estado a otro hasta hacer irreconocible la forma anterior. En la actual situación española, ciertos cambios son tan radicales que tendríamos que recurrir a esa idea para expresar mejor sus alteraciones a lo largo del tiempo. Un ejemplo puede ser el de los sindicatos, antes "de clase" o "revolucionarios". Hoy parecen más bien simples oficinas públicas, subvencionadas por el Estado, que consiguen tener aquietados y controlados a los trabajadores por cuenta ajena.

La metáfora es literalmente el traslado físico de un lugar a otro, aunque poéticamente es sobre todo el salto hacia otro significado parecido. En el primer caso se utiliza ahora con otro caprichoso neologismo: logística; mejora mucho las tradicionales mudanzas o el simple transporte. Metáforas podrían ser propiamente las migraciones y hasta los viajes turísticos. La sociedad actual parece ser móvil, inquieta, trashumante.

La metástasis es algo parecido a lo anterior, pero con un sentido doliente. Supone un cambio de lugar, aunque se aplique sanitariamente como la proliferación de un tumor que se extiende a otros órganos. Podría caber esta figura tan elegante para el gran aluvión de refugiados y desplazados de un país a otro por causas bélicas o de terrorismo. A ver si no es una metástasis preocupante la instalación en Turquía de cerca de cuatro millones de refugiados de Siria. No digamos los restos de las milicias kurdas asentadas en Siria.

Queda también la metempsícosis, literalmente la transmigración de las almas a otros cuerpos. Se trata de una figuración un tanto esotérica. Habría que ver si no se podría aplicar individualmente a ciertos tipos desviados, pronos a una violencia extrema. La verdad, no son muchos, pero asombra el grado de sadismo que pueden alcanzar. Las películas de terror nos han acostumbrado a esta figura.

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