
Después de su gira internacional el cuadro Ecce Homo de Caravaggio ha regresado a España para ser custodiado por el Museo del Prado hasta 2027, reavivando el interés por la figura de Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio. Este maestro del Barroco no solo fue el artífice de una revolución visual, sino un hombre cuya vida estuvo marcada por la violencia y el desacato.
Nacido en 1571, Caravaggio creció en un entorno hostil tras perder a gran parte de su familia por la peste. Su carácter irascible lo involucró en constantes altercados, pero fue en mayo de 1606 cuando su destino cambió para siempre tras asesinar a Ranuccio Tomassoni en una discusión por un partido de pallacorda (parecido al tenis de ahora). Este crimen le valió una sentencia de muerte por decapitación. Huye y vive como un fugitivo errante por Nápoles, Malta y Sicilia.
A pesar de su historial delictivo, que incluía graves trifulcas en tabernas, Caravaggio contó con la protección de figuras influyentes como el Cardenal Del Monte. Bajo su amparo, el artista trasladó el ideal renacentista al plano terrenal con un realismo que rozaba lo sacrílego. Utilizó a prostitutas, ebrios y pordioseros como modelos para figuras sagradas, buscando la verdad física sobre la belleza divina. Su obra La muerte de la Virgen, por ejemplo, fue rechazada por supuestamente inspirarse en el cadáver de una mujer ahogada.
El tenebrismo de Caravaggio, su gran legado
Su legado artístico se define por piezas que parecen detener el tiempo en un instante de máxima tensión. Entre sus obras más emblemáticas destacan La vocación de San Mateo, donde la luz entra en una taberna oscura para señalar al futuro apóstol y El degüello del Bautista, considerada una de sus obras maestras por su cruda austeridad y realismo. En cada una de estas telas, Michelangelo Merisi no buscaba la retórica vacía, sino una lectura de los hechos, logrando una autenticidad en la fe que aún hoy, siglos después, sobrecoge al espectador que se asoma a sus profundos claroscuros.
La técnica de Caravaggio, conocida como tenebrismo, se basa en un uso extremo del claroscuro donde la luz y la sombra son las verdaderas protagonistas. En lugar de iluminar toda la escena de forma suave, el artista dejaba el fondo en una oscuridad total para que las figuras emergieran violentamente gracias a un foco de luz lateral muy intenso, similar al efecto de un foco de cine. Este contraste no era solo decorativo; servía para dar un volumen casi escultórico a los cuerpos y para dirigir la mirada del espectador hacia el drama psicológico de la escena, logrando que los milagros y tragedias bíblicas parecieran ocurrir en la vida real.
En sus últimos años, su obsesión por la muerte quedó plasmada en lienzos donde las decapitaciones y el sufrimiento humano eran protagonistas, reflejando su propio temor a la ejecución. Caravaggio falleció solo en 1610, posiblemente víctima de una infección, dejando tras de sí un hito en la historia de la pintura, reompiendo con la tradición del Renacimiento de pintar a los santos y figuras bíblicas como seres perfectos, para plasmar que lo sagrado no estaba en lo ideal, sino en lo real.



