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Juan Manuel González

'Blitz', con Jason Statham

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Cuando a principios de los setenta se estrenó Harry el Sucio, la prestigiosa escritora del New Yorker Pauline Kael dedicó un poco amistoso vilipendio a la película que protagonizó Clint Eastwood. Fue en vano: el público la recibió bien y, como el buen vino, su mensaje –que dista mucho de ser un ruin alegato violento- ha calado por su inteligencia, ironía y realismo. Y por supuesto también lo hizo en el cine: además de sus secuelas, toda una oleada de policías crueles, duros y cínicos se sucedieron por las pantallas: acuérdense tan sólo de la saga Arma Letal, protagonizada por Mel Gibson, y quizá una de las más paradigmáticas de la década posterior.

Blitz, con el londinense Jason Statham, es otra heredera en pequeño de todas ellas. El ex nadador olímpico se ha convertido en el perfecto sustituto de los Willis y Stallone de turno –y también de otros duros efímeros como Van Damme o Seagal- en el cine de acción más básico, en el que se mueve como pez en el agua y con arrollador carisma. Ahora protagoniza una intriga criminal que, sin embargo, concede más importancia de la esperada al villano, un remedo chapucero del John Doe de Seven sin más coartada que la venganza. La cinta de Elliot Lester se aleja del clásico actioner protagonizado por Statham al moverse más por los parámetros de un thriller criminal que el de un nuevo show de coloridos mamporros como los que podían verse en la saga francesa que le dio la fama, Transporter.

Con unos objetivos artísticos y comerciales incluso más modestos, Blitz tiene menos espectáculo de acción pero tampoco lo compensa con verdadera intriga. El público siempre va por delante de la trama, el asesino es poco amenazante y la trama procedimental amenaza con desmayarse de cuando en cuando. Su apuesta visual y su ritmo más pausado, su gusto por lo anticuado, no tiene el nervio requerido.

Eso no quita que con su nihilismo gamberro e irónicamente misógino, la cinta transcurra bien. El director enfatiza un escenario más mundano y sombrío de lo habitual y trata de poner el acento en los aspectos más siniestros del argumento: un policía capaz de ejercer la violencia con tanto jolgorio como el asesino (y que no por casualidad, algo tiene que ver en la sucesión de muertes); una joven agente adicta a las drogas.... Por no hablar del mejor apunte del relato, el hecho de que Statham deba compartir caso con un compañero abiertamente gay que tampoco duda en utilizar sus mismos métodos. Una pena, si la cinta tuviera algo de garra hubiéramos disfrutado de lo lindo.

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