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Juan Manuel González

'La víctima perfecta'... y la película incorrecta

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Después de producir el remake de la cinta sueca Déjame entrar, la legendaria productora británica Hammer confirma su regreso al cine con La víctima perfecta, un thriller de suspense y terror protagonizado y producido por la dos veces ganadora del Oscar Hillary Swank. La protagonista de Million Dollar Baby interpreta a Juliet Devereau, una joven médico de Nueva York que se muda a un nuevo apartamento para tratar de superar un doloroso suceso del pasado. Su nueva casa lo tiene todo: vistas estupendas, un precio de ganga y un arrendador atractivo y pendiente de cada una de sus necesidades (Jeffrey Dean Morgan, Watchmen). Naturalmente, y porque si no no habría película, las apariencias engañan y la joven comienza a sentirse observada...

Si a algo recuerda La víctima perfecta, más que a ejercicios hitchcockianos en torno a la mirada, es a cierta oleada de thrillers estrenados en los noventa, época en la que títulos como Mujer blanca soltera busca, Acosada, De repente un extraño, Falsa seducción o incluso Atracción fatal nos demostraron, calidad aparte, que nuestro vecino, amante o compañero de piso podía esconder oscuros secretos.

Lamentablemente, a la película del realizador televisivo Antti Jokinen le falta cualquier asomo de tensión. La víctima perfecta lo pone todo en manos de la fotografía de Guillermo Navarro (también ganador del Oscar por El laberinto del Fauno) y un correcto diseño de producción. Ambas cosas le proporcionan cierto estilo visual a un caducado artilugio de suspense que confunde sencillez con simplicidad. El guión es plano y rutinario, carece de verdadero suspense y no hay, ni siquiera, un recuento de víctimas que alegre algo la función. En definitiva, Jokkinen no saca ningún partido de las tres o cuatro ideas que componen la historia y no logra dar entidad alguna al villano, que para colmo aparece caracterizado como tal ya desde la promoción de la cinta. El resultado de todo ello es que La víctima perfecta no logra inquietar lo más mínimo.

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