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Juan Manuel González

'Los idus de marzo'

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Los idus de marzo es la cuarta película como realizador de George Clooney, que este año ha debido vivir una gozosa temporada de alabanzas gracias a su nominación al Oscar al mejor actor por el drama Los descendientes. En su faceta de director, Clooney tampoco ha perdido demasiado el tiempo. Los idus de marzo, dirigida, coescrita y coprotagonizada por él, llega después de Confesiones de una mente peligrosa, Buenas noches y buena suerte y la comedia Ella es el partido, cintas con las que el protagonista de Urgencias parece estar siguiendo los pasos de otros actores-directores con los pies más o menos bien puestos en la realidad de su país, ya sea el caso del muy admirado Robert Redford, como también -vamos a arriesgarnos- del mismísimo Clint Eastwood, con el que a priori le podría separar el sesgo ideológico de sus cintas, pero con el que parece compartir el mismo interés por el activismo político.

La acción de Los idus de marzo tiene lugar pocas horas antes del ‘supermartes’ de la campaña del gobernador demócrata Mike Morris (Clooney). Stephen Meyers (Ryan Gosling), es un ambicioso joven que forma parte del equipo del carismático político, y que es consciente del momento trascendental que atraviesa la candidatura. Una llamada telefónica de Tom Duffy, el director de campaña del rival de Morris (un extraordinario, pongan ustedes las mayúsculas, Paul Giamatti), con una inesperada propuesta, desata una cadena de acontecimientos que culminarán en pocas horas, y que pondrán a prueba la resistencia emocional y la lealtad del joven protagonista.

Con Los idus de marzo Clooney parece guiñar el ojo a realizadores como Alan J. Pakula, Sydney Pollack o Mike Nichols, quienes a lo largo de su filmografía han abordado en clave de thriller más o menos desencantado, apasionante o concienciado las decepciones y mentiras de la política trabajando dentro del sistema de estudios de Hollywood. Y lo hace en una cinta algo más naïve de lo que pretende, pero que compensa sus limitaciones gracias al trabajo de su reparto al completo. Los idus de marzo no parece tan interesada en hacer una apología del partido demócrata como por retratar el pathos estadounidense respecto a sus políticos, la imposibilidad de mantener los compromisos ideológicos y personales, y el contraste con el idealismo norteamericano más puro. Clooney lo hace en dos partes que se diferencian entre sí con bastante claridad.

A lo largo de su primera mitad, la mejor del largometraje, el director presenta con soltura a sus personajes y expone con seguridad sus planteamientos, dando cancha a un excelente reparto que sostiene la función con brillantez. La labor de Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti aporta la fuerza que le puede faltar en cierta medida al guión o la dirección, y el propio Clooney vuelve a mostrar una solvencia y carisma incuestionables ante las cámaras, cediendo con generosidad las riendas de la película a Gosling. Los idus de marzo, apoyándose en la habilidad de Clooney para dirigir a sus actores, e introduciendo al espectador en los pormenores de una campaña preelectoral con un equilibrio un tanto distante, pero siempre tremendamente ágil.

Tras un giro de los acontecimientos que transcurre a mitad de metraje, la película pretende sumergirse en aguas más oscuras, y es entonces cuando comienzan los (relativos) problemas. Los idus de marzo nunca pierde toda su legitimidad, pero el cúmulo de acontecimientos pretendidamente oscuros que Clooney acumula en pocos minutos de metraje, pese a estar expuestos con una limpieza narrativa encomiable, no resultan tan escandalosos ni novedosos como el realizador piensa. La película no detona, hemos leído titulares peores demasiado a menudo. Clooney intenta presentar un relato oscuro y tenso, pero los acontecimientos que narra la vuelven más obvia por momentos, y en algún momento incluso recordamos que el filme está basado en una obra teatral, Farraguth North, de Beau Willimon.

No obstante, Los idus de marzo resulta en todo momento sumamente entretenida gracias a la claridad expositiva de Clooney, que impulsa el filme hacia delante sin ninguna demora, y nos recuerda que estamos ante un realizador que podría estar a punto de cristalizar. El protagonista de Los descendientes ya ha mostrado su relevancia en el star-system actoral, y no cabe ninguna duda de que su faceta detrás de las cámaras no es ningún capricho.

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