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Juan Manuel González

'Lorax. En busca de la Trúfula perdida'

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El estudio Illumination y Universal, responsables del exitoso filme animado Gru. Mi villano favorito, afrontan con Lorax. En busca de la Trúfula perdida una adaptación cinematográfica del cuento del Dr. Seuss, creador del Grinch o Horton, apta para el consumo de un público familiar -y preferentemente infantil- sin mayores complicaciones.

Lorax. En busca de la Trúfula perdida es la historia de un joven que, en su intento de conseguir la atención de su amada, da con una criatura desconocida, el Lórax, que parece tener la solución a todos sus problemas. Junto a la gruñona entidad, a la que da voz tanto en español como en versión original el actor Danny De Vito (en lo que es la mayor peculiaridad de la cinta), vivirá no pocas aventuras que culminan en una moraleja idealista y ecologista tremendamente simple, pero comprensible en cuanto está encajada en un cuento infantil como es la obra del Dr. Seuss.

Lorax. En busca de la Trúfula perdida ha sido un triunfo de taquilla avasallador en Estados Unidos. Los 70 millones de dólares amasados en su primer fin de semana (y 183 en el momento de escribir estas líneas, sólo en aquel país, pese a la embestida de Los juegos del hambre), dan fe de la popularidad del Dr. Seuss al otro lado del charco, y también de las virtudes y defectos del funcional del producto presentado por Illumination.

La presencia de dos directores y dos guionistas detrás de la película, sin ser nada fuera de lo habitual, no hace sino subrayar la impersonal autoría de la cinta, cuyo interés se centra en traducir el espíritu de su autor original a los poderosos designios de un estudio cinematográfico en su eterna búsqueda del público familiar, y probablemente más lo segundo que lo primero. Lorax cumple, como cumplía Gru. Mi villano favorito, y cierto es que lo hace sin incoherencias y con menos aspiraciones que algunos de los últimos productos Dreamworks. No obstante, y sin entrar en innecesarias comparaciones con los casi siempre superiores obras de Pixar, la cinta carece de la originalidad de otras apuestas de estudio como Lluvia de albóndigas, o la espectacularidad de la excelente Cómo entrenar a tu dragón, por traer al recuerdo dos muestras notables del género.

No nos libramos de la impresión de que la ilusión está prefabricada, de que la magia proviene del recurso al puro manual, de que la verdadera emoción brilla por su ausencia. Y que, en definitiva, quizá la industria del cine de animación hollywoodiense nos está administrando productos excesivamente rutinarios. Cabe aplaudir, eso sí, el estilo caricaturesco y colorista del que hace gala Lorax. El diseño del personaje de Danny De Vito, el frenetismo de la propuesta, su falta de pretensiones y competencia técnica nos agradan. Pero si les da la impresión de que me han leído críticas similares, es porque hemos visto películas similares.

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