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El realizador Carlos Theron (Fuga de cerebros 2) adapta al largometraje su propio corto homónimo, filmado en 2007 con casi el mismo reparto, en un filme que se anuncia como un explosivo cóctel de referencias a Tarantino, Guy Ritchie y su cine de mafiosos londinenses, y por supuesto el grotesco espectáculo de la no menos mítica Airbag, de Bajo Ulloa. Como en las más destacadas muestras del cine criminal británico de los noventa, Impávido es una comedia de acción saturada de recursos visuales y adrenalina, poblada por criminales y pirados de la más variada estirpe, que se debe a sus imprevisibles giros violentos, chascarrillos cafres y su histérica puesta en escena.

El argumento de Impávido es tan enrevesado como sui géneris: Rai (Julián Villagrán) es un atracador de poca monta pero a la vez un verdadero experto en cerraduras. Durante uno de sus golpes, comete el error de perder el dinero de Mikima (Nacho Vidal), un histérico y colérico contrabandista y atracador de bancos. De modo que empieza una carrera a contrarreloj de Rai por recuperar el dinero, para lo cual tendrá que recorrer los bajos fondos de la ciudad y mezclarse con toda la fauna criminal de la misma para salvar su vida.

El problema es que Impávido comete el error de quedarse a medio camino en casi todo. Theron maneja sus referencias con mucha entrega y gracias a la rapidez con la que despacha la acción mantiene el pabellón durante hora y media. Pero más rápido no equivale a más intenso. El humor sólo funciona ocasionalmente, el frikismo hortera de Airbag brilla por su ausencia (salvo por personajes como el de Manolo Solo) y la trama resulta confusa, haciendo que los vicios y excesos de la cinta, y también su propia obviedad, queden demasiado al descubierto.

Lo mejor de Impávido no es Nacho Vidal, al que la cinta no ofrece momentos para su adecuado lucimiento (bromas aparte) aunque bien es cierto que el famoso actor porno mejora cuando se decide a sobreactuar. Al final, con lo que nos quedamos es con la inesperada apología del secundario español que presenta la película: la labor de un increible Manolo Solo o Jose Luis García Pérez aportan una tensión cañí que enriquece la trama y que resulta el mayor placer de la cinta. No obstante, que su excelente aportación no se vaya a hacer tan célebre como la de Manuel Manquiña en Airbag da la medida de la diferencia entre Impávido y la película de Bajo Ulloa.

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