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Juan Manuel González

Una Blancanieves muy española

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Pablo Berger confesó que, apenas una semana antes de iniciar el rodaje de Blancanieves, un SMS le advirtió del triunfo en Cannes de The Artist. Y que acto seguido, rompió el lápiz y gritó "mierda". Un año y medio después, tras haber rodado y estrenado su ansiado y marciano proyecto, el director de la cinta protagonizada por Maribel Verdú ha logrado que su película sea aplaudida unánimemente como el hallazgo del cine español del año, una categoría aparte de fenómenos de taquilla como Lo Imposible o Tadeo Jones o la también insólita Grupo 7. Berger, que sería la última pata de ese cuarteto victorioso, la más marciana y excéntrica, ha pasado de toparse con el rechazo de todos los productores ("cuando veían un proyecto mío levantaban la cruz") a optar a una posible nominación al Oscar a la mejor película extranjera. 

Su versión del cuento adaptado por los Grimm se ha convertido en un verdadero éxito de crítica y público, y ha conseguido superar todas las reservas generadas por una película muda y en blanco y negro –estrenada apenas un puñado de meses después de The Artist- y además distanciarse de algunos éxitos de Hollywood, pese a ser la tercera con ese título estrenada este año. 

La trayectoria de Berger, una rara avis del cine español, es tan extraña como su película. Tras una larga etapa de cortometrajista, triunfó ahora hace diez años en la taquilla con Torrremolinos 73. Pero lejos de servirse de ese impulso, Berger no ha estrenado ningún largometraje desde aquel año, 2002. En su lugar, se enfrascó en la confección de Blancanieves. "Creo que no supe colaborar tan bien como debería. Me sentía el dueño de la pelota, y eso hace que el proceso sea mas duro. Escuché poco. En Blancanieves fui mas tranquilo. que sea lo que sea. Y disfruté mucho mas".

"Ocho años y nadie quería hacer la película. Ahora ha funcionado y es lo contrario, la bandeja se desborda, todos quieren trabajar contigo y ser tus amigos". En una clase magistral organizada por Canal Plus celebrada en la ECAM de Madrid, confesó que apenas acabar partiría hacia Los Angeles con la película debajo del brazo. 

Berger diferenció su película de la ganadora del Oscar asegurando que "Blancanieves es cine puro, emociones a través de imágenes". Imágenes que contaron con la omnipresente y excepcional partitura de Alfonso de Villalonga, músico que apenas se descuelga con uno o dos trabajos trabajos cada dos años, pero con el que comparte gustos y un pasado común: según Berger, ambos han "vivido en EEUU y somos excéntricos". "Podíamos hacer un facsimil o copia del cine mudo, o podíamos ir a la excepción, porque en los 20 algunos europeos hacían una interpretación más contenida. Fuimos por ahí y eso le da un tono contemporáneo. Si al público le das una copia a los diez minutos el gimmick desaparece". Su inspiración está clara: "Abel Gance es dios en el cine mudo".

Berger presenta una película basada en iconos y clichés de la España profunda, renovados gracias a la inspiración visual de la fotografía de Cristina García Rodero y la imaginería expresionista del cine mudo europeo. "Soy vasco y de Bilbao, pero los opuestos se atraen. Los franceses adoran la iconografía española, pero dentro tenemos un complejo, un rechazo. Los directores tenemos que coger toro por cuernos. Los estereotipos están bien como punto de partida, me parecía bien arrancar con esa poética, ese imaginario, pero dándoles una vuelta". En definitiva, "hacer una Blancanieves princesa es lo último que quería hacer".

"Quería que fuese popular, entonces no había cantantes o futbolistas, había toreros". Tras imaginar que ella sería hija de un trasunto de Belmonte, que el castillo sería su cortijo, "todo tenia sentido". Berger no sólo se extendió sobre el aspecto visual de Blancanieves, sino que también habló a los alumnos de la elaboración de un guión de una concreción fascinante. "Yo fui por ciencias, y le tenía mucho miedo al guión cuando empezaba. Me di cuenta que el guión y la literatura son distintos, el guión se escribe con la imagen". Una revelación que fue su salvación: Berger confesó que no escribe sino que "vomita imágenes".

Suena el reloj y Berger se tiene que ir. "Me voy mañana a Los Angeles y vamos a hacer guerrilla, a dejarnos ver y que sepan que existes". Y en el fondo, una verdad: "Son setenta y uno contra cinco finalistas". La carrera al Oscar ha comenzado. 

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