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Los nueve mandamientos

'La fiera de mi niña', que se estrenó en febrero de 1938, cumple 80 años y cualquier película de los 80 parece más vieja.

Rosa Belmonte
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La fiera de mi niña | Archivo

Cary Grant no quería rodar con un leopardo. A Katherine Hepburn no le importaba. Y Baby (o Nissa) saltó un día sobre su espalda. Olga Celeste, la domadora, tuvo que darle un latigazo en la cabeza, según contó la actriz en sus memorias. Kate se ponía un perfume que amansaba al leopardo y resina en las suelas de los zapatos para no caerse (una caída lo asustaría y convertiría a Kate en pastel de carne). La fiera de mi niña, que se estrenó en febrero de 1938, cumple 80 años y cualquier película de los 80 parece más vieja.

Cuando llegó a los cines fue un desastre de público y una de las razones por las que a Hepburn se le la conoció como "veneno para la taquilla". A la crítica le gustó pero el público la encontraba demasiado disparatada. Lo es. Ahí está parte de su encanto. El propio Hawks dijo que era un exceso. Todos los personajes están chiflados aunque parezcan normales, las situaciones y los diálogos son disparatados ("He dicho buenos días y le he preguntado si quiere un leopardo"). La RKO compró el relato de Hagar Wilde que había sido publicado en Collier’s Weekly un año antes (Bringing Up Baby). Wilde escribiría el guión con Dudley Nichols y se enamoraron mientras lo escribían (Hagar era una chica). Para la dirección se tenía a Howard Hawks, que haría una de las comedias más influyentes de la historia del cine (influyente también en su propio cine). La elección de Katherine Hepburn estaba clara (aunque surgió el nombre de Carole Lombard). Para el papel masculino se pensó en Leslie Howard, Robert Montgomery, Ronald Colman, Ray Milland o Fredric March. Por suerte rechazaron participar en la película y Howard Hawks sugirió a Cary Grant. Ya habían trabajado juntos en La gran aventura de Sylvia y volverían a hacerlo en Vivir para gozar. "El guión de La fiera de mi niña era bueno, Cary Grant estuvo maravilloso, yo también estuve bien y el leopardo, excelente" (Katherine Hepburn).

Ya saben, David Huxley (Cary Grant) es un tímido paleontólogo al que le falta un hueso para completar un brontosaurio y que necesita la donación de un millón de dólares para su museo. Además, se casa con una sosa al día siguiente. Mientras está jugando al golf con el representante de la millonaria que va a dar el dinero, conoce a Susan, a la que falta un tornillo (resultará ser la sobrina de la donante). A partir de entonces, la vida de David se convierte en una screwball comedy. Como en la mayoría de películas del género, la mujer es la dominante y la masculinidad del hombre es puesta en entredicho. Y no porque cuando David lleva la bata de Susan y la tía le pregunta por qué él responde que porque se ha hecho gay (por primera vez se usa en el cine la palabra como homosexual y no como alegre). Si no se toca la masculinidad, al menos se muestra la inseguridad de los hombres. Vale que eso no pasa en Luna nueva pero sí es verdad que en la película de Cary Grant y Rosalind Russel Howard Hawks perfecciona cosas que ya había introducido en La fiera de mi niña. Por un lado, los diálogos solapados y, por otra, el "walk and talk", el hablar muy rápido andando o haciendo otras cosas. Sorkin vino mucho después.

La película es un no parar de suspense cómico (la screwball comedy tiene elementos del cine negro), de gags visuales, de slapstick, de enredo, de transgresión, de locura. A Katharine Hepburn le recomendaron que no tratara de hacerse la graciosa, que fuera natural, y a Cary Grant que pensara en Harold Lloyd. En realidad lo que debía hacer era estar serio delante de Hepburn. Howard Hawks tenía diez mandamientos y los nueve primeros consistían en no aburrir. No lo hace (ni en las comedias ni en los westerns). Y hace que nos sepamos de memoria la escena en la que Cary Gran rompe el vestido a Katherine Hepburn y la canción ‘I can’t give you anything but love, Baby", compuesta por Jimmy McHugh y Dorothy Fields. Claro que los que nos hemos criado viendo La fiera de mi niña en televisión y en VHS nos la sabemos en español: "Tooodo te lo puedo dar menos el amor, Baby".

También participaron en esa obra maestra de la comedia el grandísimo Barry Fitzgerald (es Gogarty, el jardinero), May Robson, que había sido la tía Polly en Las aventuras de Tom Sawyer, también del 38, y el fox terrier Skippy como George. Era el Asta que ya había salido con William Powell y Myrna Loy en La cena de los acusados y en Ella, él y Asta (y seguiría saliendo en las películas de El hombre delgado). Nada a favor o en contra dijeron Cary Grant o Katharine Hepburn de trabajar con un perro.

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