Menú

Crítica: 'La Invitación', con Nathalie Emmanuel

La invitación es cine de terror de segunda, pero también deja espacio para el disfrute.

La invitación es cine de terror de segunda, pero también deja espacio para el disfrute.
La invitación. | Sony Pictures

La invitación es uno de esos mejunjes de terror que beben de éxitos recientes del género, descaradamente coyuntural en sus preceptos morales (diversa, feminista, igualitaria) pero que, debido a su falta de ambición (o presupuesto), al final acaban resultando condenadamente simpáticas. La película de Jessica M. Thompson juega una limitada mano de cartas pero las juega bien, está incluso bien contada y tiene de protagonista a un talento tan absolutamente bello como Nathalie Emmanuel (la desafortunada Missandei de Juego de Tronos).

Emmanuel es Evie, una artista que sobrevive más bien mal como empleada de catering y que recibe una misteriosa aplicación desde una app de encuentros: asistir a la boda en Reino Unido de su, hasta ese momento, desconocida familia aristócrata británica. Ni que decir tiene que la película de Thompson (que en principio iba a producir Sam Raimi y acabo en manos de oro equipo en Screen Gems) conecta el piloto La semilla del Diablo, y que la familia que rodea a Evie no va a ser en absoluto lo que aparenta.


La invitación (nada que ver con la notable película de 2015 de Karyn Kusama) plantea todos los protocolos de inclusividad del libro de estilo actual, pero añade cosas más interesantes en torno al desarraigo de Evie, americana, y el rancio protocolo británico de sus familiares británicos. La figura de las empleadas de catering como victimario es usada con inteligencia por la directora Thompson, sin que haga falta hacer más comentarios o subrayados, aunque aquí viene uno de los defectos de una película que prefiere optar por sustos con filtros de Instagram más que crear un verdadero malestar fisico (o, simplemente, explotar un poco más sus esporádicas salidas de madre).

Quitando eso, la agradable (por típica) ambientación gótica y romántica europea, hasta cierto punto poco explotada en esta vertiente descaradamente comercial del horror de serie B, y el, también hasta cierto punto, inteligente batido de los terrores de Jordan Peele en Déjame Salir o la fallida Noche de bodas, sostienen el invento a lo largo de noventa modestos minutos en los que rezuma una contenida dosis de romance que sirve de comentario paródico a los ardores provocados en su momento por la saga Crepúsculo.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

Temas

En Cultura

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal