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Las desgarradoras memorias de Liza Minelli a sus 80 años

Basado en charlas con Michael Feinstein, el libro narra la cruda realidad de una diva que venció al alcohol y al cáncer tras una vida de excesos.

Basado en charlas con Michael Feinstein, el libro narra la cruda realidad de una diva que venció al alcohol y al cáncer tras una vida de excesos.
Liza Minelli | Cordon Press

Coincidiendo con su octogésimo cumpleaños este reciente 12 de marzo, han aparecido en los Estados Unidos las memorias de Liza Minnelli con un título algo raro: Kids, wait till you hear this, que traducido al español viene a decir "Chicos, tienen que escuchar esto". Siendo un libro, más que escuchar, sería leerlo. Desconocemos si aparecerá en España, en versión española, y cuándo, si eso ocurriera. Nos hemos servido para anticiparles su contenido, fechas antes de su aparición, de un extracto publicado en las páginas de la revista norteamericana People. El libro no ha sido escrito por Liza Minnelli al modo tradicional, sino basado en la transcripción de muchas conversaciones sostenidas por ella, durante alrededor de diez años, con su pianista Michael Feinstein.

Se deduce tras la lectura del extracto, la sinceridad con la que la artista (cantante, bailarina, actriz) aborda episodios personales, relacionados unos con su madre, otros propios, a merced de una vida complicada, drogadicta e infeliz en el amor, con un primer fallido matrimonio (su marido era gay) y otros tres más que nada aportaron a su felicidad. Sus éxitos discográficos, en comedias musicales y conciertos no borran, pese a todo, los muy dolorosos episodios de su salud. Ahora lleva unos años alejada de las drogas y el alcohol, y no quiere retirarse del mundo del espectáculo en el que ha sido, sin duda, una gran estrella.

Las locuras de su madre marcaron su vida

Nacida en Los Ángeles, hija de dos celebridades del cine, el director Vincente Minnelli y la actriz-cantante Judy Garland, Liza ya parecía estar predestinada a continuar la saga familiar. Pero hasta convertirse en una estrella, no tanto como lo fue su madre, tuvo que soportar la situación dramática de ésta, sujeta al consumo constante de barbitúricos, que acabarían con su vida. Liza lo contaba así: "A los trece años cuidaba de ella: era su enfermera, médica, farmacéutica y psiquiatra. Perdí la cuenta de las veces que llamaba a los médicos para decirles que se había quedado sin sus pastillas. ¡Soy una niña! Por favor, hacerle la receta a mamá".

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Tanto de niña, por acompañar a su madre en sus giras, como luego en la adolescencia, Liza Minnelli no recibió la enseñanza que precisaba a su edad, obligada a abandonar la escuela secundaria para estar permanentemente al cuidado de Judy Garland, incapaz de cortar con sus vicios y adicciones. A los dieciocho años viajó junto a ella, que iba a cumplir un contrato en el London Palladium de la capital británica. Recordando aquella ocasión en sus memorias, copiamos esto: "Tuve una revelación importante, había empezado la noche como la hija de mamá y tras cantar a su lado en el escenario, como me lo pidió, me sentí otra, la de haber actuado con Judy Garland".

Que la madre de Liza estaba condenada desde hacía mucho tiempo a un final dramático era algo que se conocía en el mundo artístico. No había manera de hacerle comprender que atiborrada continuamente de sustancias nocivas para su endeble constitución se iba muriendo poco a poco. Como ocurriría el 22 de junio de 1969 en Londres. Para Liza fue una catástrofe. Se pasó literalmente ocho días llorando sin cesar.

Del dolor a las drogas

Muerta Judy Garland, a quien estaba tan unida Liza, ésta quedó sumida en tal estado anímico que un médico trató de infundirle ánimo para que superara su dolor: "Me recetó Valium, y así relajarme antes del funeral. Y lo que empezó como una bendición, de un día para otro se convirtió en un hábito y luego en una adicción en los años siguientes. Herencia genética de mamá de la que no pude escapar".

El consumo de benzodiacepinas, barbitúricos, anfetaminas, alcohol y cocaína ya fue algo permanente para Liza, en su lucha por superar su orfandad. Su carrera artística se resistió algunas veces. Hemos también de contarles su energía y vocación para salir adelante en el cine y en sus presentaciones personales, conciertos o actuaciones teatrales. El mito de Liza Minnelli se iba forjando en vida. Destacaba por su voz imponente, la pasión que imprimía en sus personajes.

De ‘Cabaret’ a ‘New York New York’

Cabaret, de Bob Fosse, fue la película que la convirtió en todo el mundo en estrella de la pantalla y la canción, recreando el ambiente de aquella Alemania en la que se sucedían espectáculos, recreados primero en una comedia musical y luego en la pantalla. Era el año 1972 y Liza Minnelli quedó aupada como una diva de ese género. Hay una anécdota de la noche en la que se fallaron los Óscar, ella sentada entre su padre, Vincente Minelli y su joven amante de entonces, el guapo Desi Arnaz Jr., hijo de Lucille Ball y Desi Arnaz. La mayor rival que tenía para llevarse a casa la estatuilla dorada era Diana Ross, que había conseguido una brillante interpretación de Billy Holliday en el filme El ocaso de una estrella. Liza pensaba que el Óscar iba a ser para la cantante de color. Pero se equivocó y subió a recogerlo todavía incrédula de ser la ganadora.

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Cabaret fue sin duda "la película" de Liza. Pero no hemos de desestimar otra, New York, New York, estrenada cinco años después. Un musical que dirigió Martin Scorsese, donde ella formó pareja con Robert de Niro en un papel no muy agradable. El filme no tuvo el éxito esperado en taquilla, aunque en él Liza demostró su talento como actriz, bailarina y cantante. Y el tema central, titulado al igual que la cinta, todavía se recuerda, con la voz de la Minnelli o si lo prefieren a cargo de Frank Sinatra, con quien ella actuó décadas después en los escenarios. Cabaret, fuera o no uno de los supuestos fracasos de Scorsese, para Liza constituyó uno de sus momentos más felices en el ámbito personal, ya que convivió con él cierto tiempo, y al que recordaba así en estas recientes memorias: "Éramos dos italianos apasionados, intensos, con temperamentos volcánicos".

Cuatro maridos y el engaño

La vida inestable de Liza Minnelli le pasó factura en sus cuatro matrimonios, a cuál más desgraciado. O bien esos fracasos redundaron negativamente en su idiosincrasia. "Mi batalla con la adicción ha formado parte de mi historia como mi vida de artista", confesaba. Su madre, otra vez su madre como si la genética tuviera algo que ver, quien se casó cinco veces, Liza también estaba condenada a esos divorcios; le faltó uno más para igualarse con ella.

Y eso que en su fuero interno ella no perdía la ilusión por encontrar un hombre que la hiciera feliz. "Me siento maravillosa cuando pienso en el amor. Yo quisiera vivirlo como cuando lo cito en mis canciones". Lo expresaba en un documental para la BBC que se estrenó en los cines hace un año.

En 1967, cumplidos sus veintiún años, Liza contrajo matrimonio con el artista Peter Allen. Una tarde, ella volvía a casa antes de lo previsto, se encaminó hacia el dormitorio para cambiarse de ropa. ¿Y que presenció ante sus ojos incrédulos? A su marido refocilándose con otro hombre en el éxtasis de una apasionada escena de sexo. Inmediatamente ese desconocido amante salió por piernas a la calle. Ella contaría su pensamiento en aquellos instantes: "¡Y en nuestra cama! Me sentí frágil y asustada". Solos, frente a frente, Liza y Peter, entre lágrimas de ella y quejidos de él, que le decía: "… ¡pero si yo te quiero mucho, mi amor! Lo que ocurre es que… soy gay…" Todavía no había firmado el divorcio cuando Liza se encamó con Peter Sellers, bastante mayor que ella, pero que de algún modo le hizo olvidar la pesadilla de haber estado casada con un homosexual.

El actor y productor Jack Haley Jr. se convirtió en 1974 en su segundo marido. Tampoco acertó esta vez. Un quinquenio más tarde matrimonió con Mark Gero, escultor, director de escena, con quien compartió otro tormento. Tuvo dos abortos espontáneos, el segundo a los cinco meses de embarazo. El ginecólogo que la atendió fue expeditivo: no podría tener hijos en el futuro. La pena de no ser madre la acompañó toda su vida. Jamás ha podido superar esa incapacidad para dar a luz.

El cuarto y hasta ahora su cuarto intento para ser feliz casándose otra vez, fue en 2002 con el productor David Gest. En publicaciones sensacionalistas llegó a rumorearse que a Liza le iban las mujeres. Lo negó mil veces. Pero el mal ya estaba hecho. Por otra parte, hacía tiempo que el colectivo gay la aclamaba como una de sus iconos. El caso es que tampoco en esta ocasión acertó, rompieron su convivencia y al poco tiempo él murió.

Aquel cuarteto de esposos no fueron los únicos con quienes Liza se relacionó íntimamente. Hubo otros hombres con quienes mantuvo relaciones más o menos duraderas. De los más conocidos, uno de ellos fue el bailarín Mijail Baryshnikov.

Siempre quiso vencer aquellas desdichas divirtiéndose lo que podía. Era asidua cliente de una discoteca de moda en Nueva York, "Studio 54", donde los reporteros la captaban con sus cámaras visiblemente bajo los efectos del alcohol y las drogas. Noches locas que iban minando su salud. Su hermana Lorna consiguió que entrara en una clínica de desintoxicación. Pero duró poco en ella. No se rehabilitó. Coincidió con su buena amiga Elizabeth Taylor, que por experiencia propia sabía lo que era ser drogadicta: "Esa enfermedad te va a matar, debes volver a internarte".

Entre idas y venidas a la clínica, Liza Minnelli pasó por diversos periodos en los que volvía a ser la gran artista que reunía sus condiciones de cantante, bailarina y actriz. Entre 1988 y 1990 formó parte de una gira triunfal junto a Frank Sinatra y Sammy Davis Jr. A España vino en otra que hizo por Europa, actuando en Madrid y Barcelona, donde la contrató Matías Colsada, el de las revistas musicales. La energía de Liza era extraordinaria.

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Minelli en Cabaret | Archivo

En el año 2000, último del siglo XX y no el primero del siguiente, como afirman tantos, Liza fue diagnosticada con una encefalitis viral. Los facultativos le advirtieron que podría quedarse para siempre en silla de ruedas. Superó aquel duro trance, pero no las dos operaciones a las que hubo de someterse en marzo de 2010 por culpa de un cáncer de mama. También salió adelante.

Pero en la gala de los Óscar de 2022 apareció, para entregar uno de los premios, en una silla de ruedas que empujaba Lady Gagá. Tarde hemos sabido, al leer en el extracto de sus memorias, que fue la organización de la Academia de las Artes y Ciencias de Hollywood, no sabemos por qué ni ella misma, cuyos directivos la ordenaron, sí, así fue, a que apareciera en el escenario de esa guisa. Cuando ella luego desapareció caminando como si tal cosa. Una curioso anécdota, inexplicable.

Nunca quiso retirarse

Por cuanto les hemos relatado, en síntesis desde luego, sacamos la conclusión de que Liza Minnelli, con todos los contratiempos que ha tenido que superar, ha llegado a sus ochenta años con su maltrecha salud pero todavía con capacidad física para confesar que no ha pensado jamás, ni en los peores momentos, en retirarse.

Hace once años que dejó definitivamente el alcohol y las drogas. Está ya rehabilitada. Y trece años ausente de los escenarios, a los que quisiera volver. Grabó no hace mucho el disco "The Eleven Álbum". La canción estrella era "Kids Wait Till You Hear This", o sea, con el mismo título que sus memorias, diciendo lo que en español más o menos viene a ser "Hola, chicos, estoy feliz como una lombriz, riéndome como loca y perdiendo la cabeza, ¡qué emoción!". No le falta entusiasmo ni ganas de vivir.

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