
Una de las figuras más consolidadas del cine de acción contemporáneo es sin duda el actor británico Jason Statham. Aunque un sector de la crítica suele argumentar de manera recurrente que todas sus producciones resultan prácticamente idénticas en su planteamiento y ejecución, lo cierto es que sus largometrajes logran siempre el objetivo de resultar sumamente entretenidos para el gran público. El actor posee un sello muy particular a la hora de seleccionar sus proyectos, garantizando una dosis mínima de dinamismo que sus seguidores agradecen enormemente en las salas de cine.
Si hubiera que señalar algún defecto a los papeles de Statham, es que por regla general en la trayectoria del intérprete británico sus personajes suelen pecar de ser excesivamente bondadosos y carentes de matices. Frente a la complejidad de la psicología humana, que siempre alberga contradicciones y debilidades, los papeles de Statham adolecen a menudo de esa falta de aristas que los humanice. Esta tendencia se repite en su nuevo trabajo, El motín, una propuesta donde vuelve a encarnar a un hombre guiado por un férreo código de conducta intachable frente a la adversidad.

En El motín, el actor da vida al guardaespaldas de un influyente y acaudalado empresario asiático, propietario de una gran compañía naviera que se encuentra en pleno proceso de reestructuración corporativa. La trama arranca con fuerza cuando, durante un trayecto nocturno en coche de regreso a su domicilio, ambos sufren una violenta emboscada en la que el magnate resulta asesinado de forma despiadada. Para enredar aún más la situación, el personaje interpretado por Statham terminará siendo injustamente acusado de haber perpetrado el crimen.
Esta premisa argumental introduce un cambio interesante respecto a sus últimos trabajos, como Beekeeper: El protector o Shelter: El protector, donde su rol principal consistía en, efectivamente, proteger a una tercera persona. En esta ocasión, el motor que mueve al protagonista es la necesidad imperiosa de limpiar su nombre y descubrir la identidad de los verdaderos asesinos.

Su investigación le conducirá a seguir una pista clave que apunta directamente hacia un inmenso buque mercante perteneciente a la empresa de su antiguo jefe. Decidido a llegar hasta el final, se embarcará de incógnito como polizón en dicho carguero.
A partir de ese momento, la acción se traslada a alta mar, donde el protagonista se verá obligado a enfrentarse a múltiples enemigos empleando todo tipo de herramientas y utensilios a su alcance. Sorprende la crudeza de las escenas de combate, que alcanzan cotas de gore inusuales para lo que suele ser habitual en el cine de Hollywood de consumo masivo. La violencia es tan explícita que la sangre llega a salpicar de manera literal la lente de la cámara, ofreciendo secuencias que pueden llegar a incomodar a los espectadores más sensibles.

Detrás de las cámaras de esta producción se encuentra el realizador francés Jean-François Richet, un cineasta que compagina sus trabajos en la industria de su país natal con incursiones puntuales en el cine estadounidense. Su presencia en la dirección explica, en buena medida, el marcado carácter europeo de la cinta, que huye de la excesiva edulcoración de las grandes producciones norteamericanas para mantener un estilo seco y contundente. El propio Richet ha manifestado que la elección de Statham responde precisamente a esa sintonía mutua, ya que el actor mantiene intactas sus raíces británicas y su fuerte personalidad europea.
Con una duración de apenas noventa minutos, El motín se perfila como una excelente opción de entretenimiento de evasión de cara a la temporada estival. Se trata de la clásica película de palomitas, directa y honesta en sus pretensiones, que no engaña al espectador en ningún momento.
Terror del más allá
La sexta entrega de una de las franquicias más rentables de los últimos tiempos, Insidious, vuelve con una nueva entrega: Insidious: Fuera del más allá. Esta saga, que en sus orígenes fue impulsada por James Wan, regresa con una historia centrada en una joven madre llamada quien se traslada a la casa de su infancia para cuidar de su hija. Allí descubrirá que posee una inquietante habilidad para viajar al purgatorio, un plano espiritual habitado por almas errantes.

Lo novedoso de esta entrega es que estas oscuras entidades intentarán aprovechar el don de la protagonista para cruzar al mundo de los vivos, desatando el pánico y el caos.
Un coro de chicas
El recorrido cinematográfico continúa en la Europa de los años noventa con El coro de Praga, una producción de la República Checa inspirada en los acontecimientos reales que rodearon al coro Bambini di Praga. Ambientada en pleno desmoronamiento del bloque del este, la historia sigue a Karolina, su hermana y otras jóvenes integrantes de esta agrupación musical que sueñan con viajar a Occidente y conocer los Estados Unidos.

Las plazas para este viaje son limitadas, lo que desatará una feroz competitividad, envidias y tensiones internas bajo la estricta disciplina impuesta por un director con un ego desmesurado.
Los estrenos los completan la película española A Fuego, el debut en la dirección de la cineasta Estel Díaz, que tiene el baile como eje central, y Prometido al cielo, una coproducción internacional entre Francia, Túnez y Qatar dirigida a explorar el drama de la inmigración en el norte de África.
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