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Algo sobre España

Ha brotado una legión de hispanofobos que pretenden ofender no solo a España sino a su larga e indiscutible historia y a su gran legado.

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12 de octubre, un día importante para la mayoría aunque le duela a unos pocos, como a la alcaldesa de Madrid quien cobardemente escapa de su país para ahorrarse mostrar respeto a su bandera. Desde que Zapatero dijo aquello de que "la nación es un concepto discutido y discutible", ha brotado de debajo de las piedras una legión de hispanofobos que pretenden ofender no solo a España sino a su larga e indiscutible historia y a su gran legado, también conocido como Hispanidad. Es verdad que Zapatero pudo haberse quedado callado pero no lo hizo y con aquel exabrupto regó las semillas de las que brotaron los Willy Toledo, las Ada Colau y las Carmena cuyo aparente sosiego esconde el mismo desprecio por España.

España tiene una historia admirable y ello gracias a que también fuimos colonizados y romanizados por otra gran potencia del pasado: Roma. Nadie en su sano juicio acusaría a Roma de genocidio a pesar de Numancia y de Viriato, pastor lusitano. Personalmente me alegro de que fuese Roma y no Cartago quien venciese las Guerras Púnicas (como valenciano además recuerdo que fue Cartago quien arrasó Sagunto). También me alegro de que tras una larga Reconquista se impusiese el cristianismo y Europa frente al Islam y África. Y ello sin la descortesía de no reconocer a los árabes el maravilloso legado que nos dejaron, repostería incluida. Tampoco me olvido que antes que ellos también nos enriquecieron fenicios, griegos y judíos.

Todos arrancaron riquezas de nuestra península, pero todos fueron generando el humus cultural del que surgiría España, la primera nación de Europa. Nosotros los españoles logramos en el siglo XV lo que Alemania e Italia solo consiguieron en el siglo XIX: la unidad. Eso por si mismo ya seria suficiente para apreciar y valorar nuestra historia, indudablemente con claroscuros pero milenariamente brillante y por lo tanto inmune a lerdos como Willy Toledo. No hablo de sentirse orgulloso o de llorar emocionado ante la bandera, lo que por otra parte no me parece mal, sino de saber reconocer los méritos de nuestra nación española. Eso no solo es de justicia sino una prueba básica de alfabetización, pilar básico de toda civilización que se precie. Sin golpes de pecho, pero sin el flagelo de una penitencia que al parecer no caduca con el transcurso de los siglos.

Estilo de colonización distinto al inglés o francés

IlustraciondeColontomandoposesiondeGuana
Colón tomando posesión de Guanahani

España recién conformada en el siglo XV - junto con nuestros hermanos portugueses- obramos al tiempo la gran proeza de expandir los valores ibéricos por el mundo. Portugal circunvalando África y España descubriendo las Américas. Si; VALORES. Hablo de una cierta ética. Es indudable que nuestro estilo de conquista y colonización nada tiene que ver con la inglesa o francesa. A la vista está en donde quedaron los indígenas sujetos bajo uno u otro ordenamiento. El Derecho de Gentes -que más tarde llamaríamos Derecho Internacional- es también una valiosísima aportación española al progreso de la humanidad. Fue Carlos I, rey y emperador, quien exigió garantías de que sus súbditos americanos (si, súbditos y no esclavos) eran tratados igual en Nueva España que en Extremadura. Y por ello, y por orden expresa del Emperador, Sepulveda polemizó con Bartolome de las Casas, ese dominico mentiroso y bienintencionado cuya obra fue y sigue siendo esgrimida por nuestros enemigos. Y conviene recordar que Sepulveda -el militarista que diríamos hoy- perdió el debate. El rey de España no quiso esclavos sin derechos sino súbditos, y por eso se promulgaron Leyes de Indias que se obedecieron pero no se acataron; y por eso hubo Juicios de Residencia en los que se evaluaba severamente el desempeño de virreyes. ¡Ya quisiera yo hoy para nuestros alcaldes y diputados algo parecido a aquellos Juicios de Residencia!

Imprenta, universidades y hospitales

Y no solo exportamos una lengua, vehículo de unos valores,sino también una utopía (Tomas Moro ya se leía en México a inicios del s. XVI) y la imprenta y universidades y hospitales... Hubo muertes y crímenes, claro. Nadie lo duda. La historia entonces se escribía con renglones torcidos, pero es preciso valorar el conjunto, sopesar pros y contras y extraer un balance. Y ese balance es una comunidad internacional de 500 millones de personas, con una identidad hispánica - o mejor aun; panibérica- sustentada en valores que ha permitido conservar y florecer el guarany con el español y mantener los lazos del espíritu desde el mismo día en que nuestros hermanos americanos se independizaron de España sin renunciar a su esplendido legado, sobre el que siguieron progresando.

Y frente a esa grandeza cuanti cualitativa no tienen nada que hacer un puñado de resentidos, tan rabiosos como ignorantes. La historia seguirá poniendo a los grandes en su sitio y se olvidara como siempre hace de los rebuznos.

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