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La Edad Media olía distinto, pero no mucho peor que ahora

Javier Traité y Consuelo Sanz de Bremond firman una obra enciclopédica sobre la higiene en toda Europa -especialmente en España-, que rompe mitos.

Javier Traité y Consuelo Sanz de Bremond firman una obra enciclopédica sobre la higiene en toda Europa -especialmente en España-, que rompe mitos.
Baños en el Manzanares en el paraje de Molino Quemado | Museo de Historia de Madrid

Cada día, más especialistas van borrando del imaginario colectivo esa Edad Media oscura, atrasada y salvaje. Aún nos quedaba por desterrar el mito de una época maloliente, en la que los transeúntes se mezclaban con orines y deshechos con alegría y alboroto, que se nos ha bosquejado en novelas, películas y series. El historiador y guionista Javier Traité y la entomóloga y escritora Consuelo Sanz de Bremond han necesitado nada menos que mil páginas para exponer sus conclusiones en El olor de la Edad Media (Ático de los Libros), un estudio pormenorizado sobre el gran interés que había en la época por mantener a la ciudad lo más limpia posible y, a nivel personal, lucir aseado – con parámetros de entonces, obvio.- Esto nos lleva de paseo por termas romanas, granjas medievales, saunas vikingas, claustros monásticos y hammans islámicos, sistemas de higiene de los que tenemos ejemplos en España.

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Basado en hallazgos arqueológicos y documentos de la época, los historiadores prueban que en el medievo había preocupación por la limpieza de calles, los sistemas de alcantarillado y la construcción de letrinas - en España, la mayoría de inspiración islámica-, y normas para la gestión de basura y excrementos. En cuanto a los propios ciudadanos, no iban tan zarrapastrosos como la ficción nos ha echo creer. Se bañaban, tenían interés por lucir dentadura blanca y se lavaban los dientes -incluso contaban con diferentes recetas para la fabricación de dentífricos -, se peinaban para eliminar la grasa del pelo y las impurezas; y usaban jabón y hacían la colada, aunque no tan a menudo como en la actualidad (solían simplemente orear la ropa).

Dicen los autores que han pretendido darle al lector un único volumen que reúna, a través de fuentes primarias e investigaciones de especialistas, todo lo referente a la higiene - un concepto que, obviamente, difiere en muchas consideraciones respecto a nuestro entender actual-. Avisan de que "habrá olores insoportables, pero también fragancias y muchas sorpresas".

La Edad Media olía distinto a nuestra era, pero no mucho peor. Olía a humo porque las chimeneas solían estar siempre encendidas para calentar y cocinar. Hasta para la elaboración de jabones se usaban cenizas. Por supuesto, había rastro de excrementos de animales, pero nada tan escabroso como podíamos pensar.

Javier Traité y Consuelo Sanz de Bremond se detienen en desgranar las peculiaridades en razón de higiene de distintas partes de Europa y principalmente de España. Así cuentan que la Córdoba del siglo IX estaba pavimentada, contaba con lavatorios y tenía centenares de casas de baños y viviendas conectadas a una canalización pública. Se reaprovechó un tramo del acueducto romano Aqua Augusta para evacuar aguas fecales. Hay evidencias de letrinas abocando directamente a un despeñadero en la Granada nazarí y, posteriormente, se cuenta con el testimonio de Francisco Núñez Muley, morisco y caballero de Granada, que aclara que los baños son un lugar de limpieza y reunión para los creyentes cristianos, sin relación con el rito árabe.

La localidad aragonesa de Albarracín tuvo baños que podían usarse por cada colectivo según el día: los judíos compartían el baño con los musulmanes el viernes, y el domingo el establecimiento cerraba. También se han hallado restos de baños islámicos en Toledo, aunque en época cristiana contó con hasta catorce casas de baños. En Gerona, las autoridades lograron conservar algunos tramos del alcantarillado romano durante la Edad Media y se pusieron en marcha iniciativas tempranas para el control de la salubridad. El castillo de Vallferosa, en Cataluña, es una de las primeras fortificaciones con una letrina de obra del siglo X.

Uno de los sistemas de cañerías más sofisticados se han encontrado en el monasterio de Guadalupe, en Cáceres, con tuberías de cerámica y cañerías de plomo por las que corría agua libre de impurezas desde lugares alejados de la fortaleza.

Javier Traité y Consuelo Sanz de Bremond. El olor de la Edad Media. Colección: Ático Historia. PVP: 39,90 €. Formato: 15 x 23 cm, tapa dura con sobrecubierta. Páginas: 1096. ISBN: 978-84-18217-59-3

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