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Así fabricaban herramientas con mango en China hace 160.000 años: el hallazgo que reescribe la prehistoria oriental

Un estudio en Xigou revela que estas comunidades dominaban técnicas complejas y mantuvieron esta innovación durante casi 90.000 años.

Reconstrucción de un enmangue en Xigou. | Hulk Yuan-IVPP

Las comunidades humanas que habitaron el centro de China hace entre 160.000 y 72.000 años contaban con una tecnología mucho más avanzada de lo que se creía hasta ahora. No solo fabricaban herramientas de piedra: también diseñaban piezas pensadas para ser unidas a mangos u otros soportes orgánicos, un paso decisivo en la evolución técnica de la humanidad.

El hallazgo procede de un estudio internacional publicado en la revista Nature Communications, en el que han participado el IPHES-CERCA y la Universitat Rovira i Virgili, y cuyos resultados han sido difundidos por EFE. La investigación aporta la evidencia más antigua conocida de herramientas enmangadas en Asia oriental y pone en cuestión la imagen tradicional de un Paleolítico chino tecnológicamente simple o conservador.

Los autores subrayan que no se trata de un episodio aislado. "Lejos de representar un episodio puntual, los resultados muestran que esta tecnología formaba parte de una tradición técnica compleja y sostenida durante cerca de 90.000 años, entre finales del Pleistoceno medio e inicios del Pleistoceno superior".

Un yacimiento clave en el centro de China

El trabajo se ha centrado en el yacimiento de Xigou, situado en la región del río Danjiang, en el centro de China, dentro de un área especialmente rica en restos arqueológicos conocida como Danjiangkou Reservoir Region. Allí, el equipo investigador analizó más de 2.600 herramientas de piedra mediante un enfoque multidisciplinar que combinó estudios geoarqueológicos y cronológicos, análisis tecnológico y tipológico, y estudios funcionales.

Los resultados indican que las comunidades humanas que ocuparon este entorno desarrollaron estrategias sofisticadas de talla, orientadas principalmente a la producción de herramientas pequeñas y estandarizadas. Destacan técnicas como los núcleos sobre lasca y los métodos discoidales, que reflejan un elevado grado de control técnico y una planificación cuidadosa del proceso de fabricación.

A ello se suma el uso del cuarzo como materia prima principal, un material que presenta mayores dificultades para la talla y la estandarización, lo que refuerza la idea de un notable dominio técnico. Estas estrategias convivían con una amplia variedad de herramientas retocadas, entre ellas raspadores, perforadores, denticulados y puntas, lo que evidencia la existencia de tradiciones tecnológicas consolidadas y transmitidas durante muchas generaciones.

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Herramientas pensadas para llevar mango

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la identificación de piezas concebidas específicamente para ser fijadas a mangos o soportes orgánicos. Los análisis traceológicos han permitido documentar dos formas distintas de encaje: el sistema yuxtapuesto, en el que la pieza lítica se apoya en un encaje situado en el extremo del mango, y el denominado "macho" terminal, con el elemento completamente insertado en el soporte. En ambos casos se emplearon elementos vegetales o animales para la fijación, con o sin el uso de productos adhesivos.

Según explican los investigadores, este proceso requería una planificación en varias fases y una ejecución técnica precisa. "Esto implica una planificación en varias fases, una ejecución técnica precisa y una concepción abstracta de la herramienta final, indicadores claros de un comportamiento tecnológico avanzado".

Las huellas de uso revelan además que estas herramientas se emplearon en actividades diversas, como perforar, cortar o trabajar materiales vegetales, lo que demuestra su versatilidad funcional y la eficacia de estas soluciones técnicas.

Una tradición tecnológica durante milenios

El registro arqueológico de Xigou muestra una continuidad tecnológica excepcional durante cerca de 90.000 años. Para los autores, este dato sugiere la existencia de sistemas estables de transmisión del conocimiento técnico y una notable capacidad de adaptación a entornos cambiantes.

Los investigadores destacan que esta estabilidad contrasta con la idea tradicional de que las innovaciones complejas solo aparecieron de forma tardía en Asia oriental y sitúa a estas poblaciones prehistóricas al mismo nivel que otras regiones clave del mundo en los primeros capítulos de la historia tecnológica humana.

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