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'Consumidos' de David Cronenberg: el rey de la nueva carne muda de piel

David Cronenberg salta del celuloide al papel en su primera novela, Consumidos. Pero en esta ocasión, todos los lectores están invitados.

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David Cronenberg salta del celuloide al papel en su primera novela, Consumidos. Pero en esta ocasión, todos los lectores están invitados.

El rey de la nueva carne cinematográfica, David Cronenberg, sigue siendo un individuo singular. El canadiense, en líneas generales, ha logrado perpetuar la aceptación del fandom de su cine de horror retorcido décadas después de mitos de la serie B como Vinieron de dentro de o Rabia. Y después ganarse un sitio en la industria USA, por no hablar de la admiración de los críticos menos afines al cine de género gracias a filmes como Un método peligroso o Mapa a las estrellas. Un tránsito difícil de lograr para muchos pero en el que el avezado e inteligente cirujano mental que es Cronenberg, que habita ese lugar mental donde la tecnología, los órganos humanos y los impulsos mentales se entrecruzan, nunca encontró dificultad alguna, plenamente consciente del territorio común que ambos receptores comparten.

Ahora, con los 73 años recién cumplidos y la calidad de autor unánimemente reconocida, el firmante de obras maestras del horror moderno como La Mosca o Videodrome certifica su calidad de artista total con Consumidos (Anagrama), una animada novela en la que vomita con bilis pero también ternura todas las preocupaciones de su filmografía.Y también algunas nuevas.

Lo hace, pese al cambio de formato, con esa precisión milimétrica que caracteriza la narrativa de sus filmes. Las poco más de 350 páginas en las que se despliega Consumidos se consumen, nunca mejor dicho, de una sola tacada, con esa concreción de miras que no va en detrimento de las implicaciones y que siempre ha caracterizado su corpus cinematográfico. Tampoco de su lenguaje, donde se aprecia todavía mejor el sensible pero atroz humor negro que recorre su currículum, tan sofisticado, torturado y personal como generalmente ausente de narcisismo.

Cronenberg en 1991, rodando El almuerzo desnudo | Corbis Images



Consumidos narra las desventuras de dos periodistas a la búsqueda de carne. Fotorreporteros y amantes dispuestos a todo para retratar el alma humana, ya sea fotografiar la extirpación de un cáncer o documentar una matanza caníbal de filósofos. La novela se articula en torno a dos entrevistas, la de la joven Naomi al pensador francés Aristide Arosteguy, un ensayista de la belleza del consumismo que se ha comido a su esposa; y la de su amante Nathan, que descubre el amor (o la lujuria) en la mancillada carne de la hija del médico que le ha puesto nombre a su enfermedad venérea.

Dos entrevistas que Cronenberg sabe demorar para generar suspense, erotismo enfermo y comedia negra, pero que desarrolla sin timidez para ahondar en la relación entre la carne (el horror de la carne) y la tecnología, o entre la imagen y la realidad. El autor hace accesible al público conceptos esquivos y consigue reflejar de manera absurda pero verosímil la dependencia de los aparatos que articulan toda la vida de sus dos protagonistas, dos verdaderos obsesos tecnológicos que se apoyan en sus cámaras y portátiles para paliar su inseguridad humana y profesional. Cómo una cámara define la realidad captada y cómo la ventana a la vida puede ser la de un navegador de internet; cómo los procesos maquinales y los orgánicos se asemejan al estar descritos con igual detalle; situar la filosofía y la enfermedad como detonantes de un crimen pasional... Todas son ideas que Cronenberg sabe incorporar especialmente bien a la novela. Son las suyas de siempre.

Y lo hace además con gracia, sentido del absurdo y, sobre todo, conocimiento humano, al menos uno capaz de afirmar con descaro que en un mundo muy parecido al nuestro los médicos pueden artistas; que los filósofos son estrellas dignas de ejercer de jurado en el Festival de Cannes; que la relación del médico-paciente puede ser tan estrecha e íntima como la de dos amantes. Consumidos tiene una intriga clara y diáfana, pero lo que habita en sus ramificaciones nerviosas es una radiografía desesperante del deseo humano en un entorno extraño, alienante en su afirmación consumista (desear un producto para alejar a la muerte) pero también en la política (el McGuffin es una pareja de filósofos obsesionados con el comunismo de Corea del Norte). Una nueva concepción del monstruo, la figura clásica del cine de terror, en la que los mutantes somos nosotros. Consumidos es una novela trágica, chiflada y divertida. Oh, sí: sería una gran película de Cronenberg.

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