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'El viento en la cara', una bofetada al integrismo islamista

Saphia Azzeddine, musulmana y crítica con el integrismo, presenta una historia impactante con una mujer "poco dócil" como protagonista.

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Detalle de la portada 'El viento en la cara' | Grijalbo

Precedida de un gran éxito de ventas en Francia, El viento en la cara (Grijalbo) es la nueva novela de la Saphia Azzeddine (Marruecos, 1979). Musulmana y enormemente crítica con el integrismo, Azzeddine presenta una historia impactante que saca a relucir la situación de la mujer en el mundo integrista islámico.

Saphia Azzeddine nació en Marruecos, aunque a los nueve años se instaló con sus padres en Francia. Estudió sociología y debutó en el mundo literario con Confesiones a Alá (2011), un duro retrato de una joven pastora bereber que se prostituye. Tras las buenas críticas de esa primera novela, regresó con Mi padre es mujer de la limpieza (2012), éxito de ventas en Francia.

El viento en la cara es una contundente denuncia a las leyes impuestas por "mentes desquiciadas" en una sociedad en la que la mujer es culpable solo por el hecho "de no haber nacido hombre". Bilqiss es su protagonista, una joven viuda musulmana que se enfrenta a una posible condena por lapidación tras haberse atrevido a ocupar el lugar del muecín a la hora del rezo. "Es una mujer nada dócil" y "muy libre en el sentido más amplio del término", dice la autora, porque alguien "que no tiene nada que perder es libre".

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La novela arranca con su juicio.

Esta mujer pérfida acumula demasiados pecados para implorar su clemencia. Nunca lleva el velo correctamente, lo cual distrae a los hombres en la calle; sale de casa sin pedir permiso a su vecino más cercano, nuestro venerable muecín; se pintó las uñas de un color nacarado, lo cual atrajo la mirada del cartero; lleva una tobillera que suena cuando camina, lo cual excita a los transeúntes y sobre todo, señor juez, cuando se dirige a nosotros nos desafía con la mirada para seducirnos. (Pág. 49).

A esta retahíla de acusaciones inverosímiles se suma, por ejemplo, la de haber comprado en el mercado berenjenas enteras, de "forma fálica", cuando era obligatorio pedirle al verdulero que las cortara antes de llevarlas a casa.

Azzeddine posee un particular sentido del humor con el que impregna muchos de los diálogos de esta historia. Dota a su protagonista de una lengua subversiva que tambalea los cimientos de lo más sagrado para los integristas.

La situación en mi país degeneró. La guerra se instaló en nuestras vidas como un colono en un salón. El caos fecundó a la desesperación y perecimos en el parto. Solo los más rudos sobrevivieron, para formar la sucia ralea que ahora me juzgaba. (pág. 24)

En la novela entra en juego la comunidad internacional. Para seguir el juicio de Bilqiss, se desplaza hasta el país una periodista estadounidense, sensibilizada por la noticia, que hará cuanto esté en su mano para difundir su causa por todo el mundo.

Saphia Azzeddine se considera una "musulmana ilustrada". En los agradecimientos, se refiere especialmente a su padre por haberle "trasmitido sabiamente su religión" en lugar de imponérsela "neciamente".

Saphia Azzeddine. El viento en la cara. Grijalbo, 2017. Páginas: 256 P.V.P.: 16,90 euros.

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