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La primera española que dio su nombre a una flor

Claudia Casanova publica Historia de una flor, una novela inspirada en la primera botánica española, Blanca Catalán de Ocón.

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'Mujer con sombrilla en una jardín', de Renoir | Museo Thyssen

Blanca Catalán de Ocón (1860-1904) pasó su infancia en el valle del Cabriel, en el corazón de la sierra de Albarracín. En ese paraje idílico conectó con la naturaleza y se aficionó a la botánica, un mero entretenimiento que cada vez realizaba con mayor precisión. Recolectaba plantas de la zona, las dibujaba en un cuaderno y detallaba sus características, su taxonomía y el lugar de colecta, confeccionando así un pequeño herbario. Resultó un trabajo crucial para el conocimiento y estudio de la flora ibérica. Descubrió una flor a la que bautizaron como Saxifraga Blanca en su honor, convirtiéndose así en la primera botánica española que tuvo su nombre en la nomenclatura científica universal.

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Saxifraga Blanca

Claudia Casanova (Barcelona, 1974), miembro de la American Historical Association, publica Historia de una flor (Ediciones B), una novela inspirada en Blanca Catalán de Ocón en la que mezcla ficción y realidad para componer un relato conmovedor sobre una mujer que supo labrarse su propio camino frente a las limitaciones impuestas por la época. "Blanca se cruzó en mi camino y me entusiasmé", explica Casanova a Libertad Digital. "Me emocionan mucho las personas que sin las herramientas que dictamina la sociedad –en el caso de Blanca, formación, educación y sexo, pues era mujer– logran abrirse paso y colocarse en el mapa. Me gustó también la obsesión con la que se dedicaba a las plantas".

Casanova estaba investigando sobre el siglo XIX en España, "un momento en el que estábamos alineados con Europa", cuando se topó con nuestra primera botánica: "¿Por qué no había oído hablar de Blanca Catalán de Ocón? Cada país trabaja su cultura. Conocía a botánicas holandesas y alemanas. España tiene un camino por hacer bastante interesante".

La autora reconoce que tenía un interés particular en "sacar a la luz mujeres importantes de nuestra historia", aunque admite que el momento social que vivimos le llevó a esforzarse con mayor sensibilidad para "crear un buen retrato de la vida de una mujer en el siglo XIX". "Me llamó muchísimo la atención el paralelismo tan interesante que había entre Blanca y las mujeres de hoy, cuando deberíamos estar a años luz de distancia. Obviamente, nuestras problemáticas son distintas pero hay un paralelismo. Blanca se convirtió en botánica sin formación académica, sin título y sin nombre, pero de facto lo fue", añade.

En sus anteriores novelas, la escritora dio protagonismo a "personajes de segundo orden" porque le parecía más interesante literariamente. En ésta, repitió la fórmula. No por ello teme que, debido a los movimientos feministas, peque de darle una transcendencia inmerecida a a las mujeres solo por el hecho de ser mujer: "La historia ha construido personajes masculinos secundarios que tampoco deberíamos conocer, no me parece mal que, por un tiempo, compensemos. Ahora la balanza nos tiene que llevar a recuperar figuras femeninas y, por qué no, descartar algunas. Aún así, no es el caso de Blanca. Ella fue una pionera".

"La responsabilidad de complementar la historia que nos ha llegado es de los historiadores, pero abrazo gustosamente el escribir sobre una mujer que no se conocía. Si algo te define como escritor son las ganas de contar historias, esa voluntad tozuda de contar historias", añade.

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Heinrich Wilkomm

El talento de Catalán de Ocón fue reconocido por Bernardo Zapatero, canónigo de Albarracín, que casualmente era amigo del naturalista Heinrich Wilkomm (1821-1895), un insigne botánico alemán que dedicó parte de su vida al estudio de la flora española, un campo apenas tratado hasta el momento. "Soy muy clásica respecto al proceso de documentación, voy a los libros. Encontré los viajes a España de Wilkomm, unos textos bastante divertidos porque es la visión de España de un viajero del siglo XIX. También algunos textos de Blanca publicados en revistas. Me obligué, a partir de dos o tres destellos, a construir yo mi historia: cómo era esa vida, cómo fue ese descubrimiento, cómo era esa historia. Acaban importando los impulsos de las personas, el deseo de saber".

No es la biografía de Blanca, repite. "Me encanta escribir de amor. No solo el amor de Blanca por las plantas, sino el amor al uso. Y eso no estaba documentado. Los episodios románticos son ficción por eso, para respetar su figura, cambié en la novela el nombre de Blanca por el de Alba. Tengo ese privilegio de los escritores de rellenar los huecos que la historia no puede". Claudia Casanova (Barcelona, 1974) ha publicado tres novelas históricas, La dama y el león (2006), La tierra de Dios (2009) y La perla negra (2016).

Claudia Casanova. Historia de una flor. Ediciones B, 2019. 240 páginas. 18 euros.

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