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'Si te gusta la oscuridad': el último fiestón de Stephen King

El libro es un cajón de sastre compuesto por una docena de historias de diferente corte literario.

El libro es un cajón de sastre compuesto por una docena de historias de diferente corte literario.
Portada del libro. | Plaza y Janés

Redescubre uno que Stephen King es su escritor favorito cuando se zambulle –más vale tarde, aunque no tanto– en su último tochaco, que supera las setecientas páginas, y se lo ventila en tres o cuatro tardes, con una felicidad voraz, cándida, exclusiva. Si te gusta la oscuridad (Plaza y Janés, 2024) es un fiestón gozoso para los Lectores Constantes del Rey Sol de la literatura de terror; un juguete muy divertido y tenebroso con el que ejercitar, como escribió en su ensayo Danza Macabra, "emociones que la sociedad exige que mantengamos bajo control"; una piscina infantil en la que chapotear con extraterrestres agradecidos, caimanes antropófagos, fantasmas cansinos y adivinos con malaje.

El libro toma su título original, You Like It Darker, de una canción de Leonard Cohen, "You Want It Darker", en la que el bardo canadiense canta: "Hay un amante en la historia, / pero la historia sigue siendo la misma. (…) Lo quieres más oscuro, / matamos la llama". King, paradójicamente, alimenta la tiniebla, la hace más oscura, cebando la llama. Una llama bruna como la obsidiana, cálida, magnética, reconfortante, que lleva ya medio siglo ardiendo –publicó Carrie en 1974– y que, sí, presenta altibajos, mas nunca defrauda. Lo que el Lector Constante busca, lo encuentra; en Si te gusta la oscuridad, blanco y en botella. O negro, más bien.

La obra es un cajón de sastre compuesto por una docena de historias de diferente corte literario: "El mal sueño de Danny Coughlin" es una novela de más de doscientas páginas; "Serpientes de cascabel", en la que reaparece Vic Trenton, el padre del niño muerto de la maravillosa Cujo, prima hermana; el resto, relatos más o menos breves en los que irradia el King primitivo, el de El umbral de la noche, así como el que bebe explícitamente de H. P. Lovecraft, Ray Bradbury o Richard Matheson. No es la primera vez que King alumbra un libro de este palo: Skeleton Crew, de 1985, incluía una novela ("La niebla"), diecinueve cuentos y dos poemas; en España, el volumen se publicó en cuatro partes: La niebla (Grijalbo, 1986), La expedición (Grijalbo, 1987), Historias fantásticas (Plaza y Janés, 1987) y Dos historias para no dormir (Debolsillo, 2004).

Escribe King en el prólogo: "Ni siquiera entiendo por qué necesita la gente las historias, ni por qué yo –entre muchos otros– siento la necesidad de escribirlas. Lo único que sé es que el júbilo de salir de la vida cotidiana corriente y establecer vínculos con personas que no existen parece formar parte de las vidas de casi todo el mundo. La imaginación es voraz, y hay que alimentarla. (…) El trabajo de narrar me ha entretenido a mí y a otros a lo largo de los años, y eso me hace feliz". A él, y a todo un ejército de lectores que no vemos la hora de recibir la mandanga nueva… pese a que, nobleza obliga, tampoco resulte excitante en exceso: se viene otra novela de las de Holly Gibney.

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