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Raphael y su película con Álex de la Iglesia

El día que no lo admitieron en un concurso de radio… ¡por feo!

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El día que no lo admitieron en un concurso de radio… ¡por feo!
Raphael | Cordon Press

A su intensa actividad musical añade Raphael un próximo proyecto para el año próximo: protagonizar una película a las órdenes de Alex de la Iglesia, de cuyos preparativos poco más sabemos. Únicamente que el argumento parte de una grabación del cantante en vísperas navideñas. ¿Será Raphael un actor de cine "gore"? El realizador vasco tenía grandes deseos de rodar un filme con el intérprete de Linares. Curiosamente recordamos que una de sus cintas llevaba por título Balada triste de trompeta, idéntico al de una de las versiones más conocidas de Raphael.

Así como Julio Iglesias renunció a enfrentarse ante una cámara de cine después de sus dos experiencias fílmicas, Raphael ha reincidido como actor en muy diversas ocasiones, al punto de figurar en algunas enciclopedias cinematográficas como tal. Siete son los títulos que figuran oficialmente en su filmografía, amén del documental Raphael es Raphael, que realizó Antonio Isasi-Isasmendi en 1975. Su debut cinematográfico se produjo en 1966 a las órdenes del prestigioso Mario Camus en Cuando tú no estás, que llevaba argumento del crítico Juan Cobos, ayudante de dirección de Orson Welles. El mismo autor del argumento de Al ponerse el sol, segunda aparición del cantante en la gran pantalla con el mismo director santanderino, el que también lo dirigió en la tercera, Digan lo que digan. Nada menos que con argumento de Antonio Gala y de un duro crítico de la época, Miguel Rubio. Vicente Escrivá fue guionista y director de las siguientes tres películas del artista canoro: El golfo, El ángel (donde salía disfrazado de cura) y Sin un adiós. Se despidió del cine en 1972 con Volveré a nacer. Los autores de la enciclopedia Las estrellas de nuestro cine (Alianza Editorial) Carlos Aguilar y Jaume Genover lo juzgan así: "La egolatría del actor, en los límites del narcisismo, compensó su incapacidad interpretativa".

De su filmografía recuerdo un culebrón donde aparecía semidesnudo en unas tórridas escenas compartidas con la actriz y presentadora azteca Verónica Castro, aunque quizá no fuera ella sino su colega Isela Vega. Nunca, creo, se vieron en España, ni por supuesto el bodrio en cuestión, que debe circular por alguna parte en YouTube. Si alguien lo encuentra, no se lo pierdan… ¡Una gozada contemplar a Raphael ejerciendo de "latin lover"! Por cierto: en esas películas, salvo el sonido de su propia voz en las canciones incluidas, la suya propia era doblada en los diálogos por el gran actor Emilio Gutiérrez Caba, dato que ninguno de los dos ha contado nunca, que sepamos.

En tanto se produce su vuelta a los platós cinematográficos, mantiene su frenética actividad musical, como apuntábamos, que se concreta con sus próximos conciertos en tierras andaluzas culminados con su presencia en un teatro de la madrileña Gran Vía durante casi un mes desde finales de noviembre a diciembre. Gira que lleva por título "De amor & desamor", el mismo del disco aparecido hace un par de semanas, con una portada por cierto calcada de otra de hace más de cuatro decenios aunque con su efigie actual, donde recoge quince temas del pasado que ha vuelto a grabar ("Provocación, "En carne viva", "Que sabe nadie", "Desde aquel día"…) junto a otros no estrenados por él ("Detenedla ya", uno de ellos). En la producción ha intervenido activamente Manuel Martos, su segundo hijo varón, también miembro de un grupo musical, y Jacobo, hijo del desaparecido Juan Carlos Calderón, ocupado en los arreglos.

La nueva gira de Raphael

"Provoca más cantar al desamor que al amor", ha dicho Raphael, muy feliz en su vida privada con la siempre encantadora Natalia Figueroa, con quien lleva cuarenta y dos años casado. No desfallece jamás nuestro feliz protagonista, ídolo ya de tres generaciones, que exhibe una voz potente, magnífica, con su estilo habitual. Que no piensa en la retirada mientras le respondan sus facultades. Y anuncia de paso que piensa en reponer el musical Míster Hyde y doctor Jeckyll. Inasequible al desaliento, al margen de modas, pero muy astuto, en contacto con cantautores contemporáneos como Bunbury y Pablo Alborán, quienes han aceptado sus peticiones para que le escriban baladas para su próximo disco.

Fantástico, vitalista Raphael, que dice celebrar sus cincuenta y cinco años en activo. Comenzó a cantar a finales de los años 50, cuando acudía a los concursos radiofónicos, donde coincidía con otra primeriza, María de los Ángeles de las Heras, futura Rocío Dúrcal, unas veces anunciándose con su nombre y primer apellido, Rafael Martos; otras con el seudónimo de Marcel Vivancos, en uno de los cuáles –anécdota preciosa que les brindo de primera mano- no le dejaron participar, eliminándolo sin permitirle emitir ni siquiera un simple gorgorito. Preguntó las razones de ello y le respondieron: "No te admitimos… ¡por feo!". Injusta reacción, cuando no se trataba de un casting para la televisión. Seguro que a Raphael, si lee estas líneas o alguien tiene la bondad de transmitírselas, se "muere" de risa. Porque "el Niño de Linares", el que tiene un Museo en su ciudad natal donde se exhiben sus recuerdos más preciados, es un tipo con gran sentido del humor, ya de vuelta de filias y fobias. El único cantante del mundo, sépanlo, que tiene en su magnífico chalé a las afueras de Madrid, que yo he tenido el honor de pisar, un disco ¡de uranio!. Nada de plata, oro u otras fruslerías. Por haber vendido más de cincuenta millones de copias discográficas. Se lo concedieron en 1982, no recuerdo ahora mismo quiénes.

Felicidades siempre al inmenso Raphael, al que a veces parece flaquearle a propósito la memoria, cuando cuenta que lo de su nombre artístico se le ocurrió a él. ¡No, señor! Fue cosa de su representante, Paco Gordillo, cuando un día de 1960 se dirigían a la casa Phillips, en el madrileño paseo de las Delicias, y contemplando el anuncio luminoso de la multinacional holandesa, a preguntas de su poderdante de cómo iba a anunciarse en los discos cuando firmara el contrato, le dijo: "Te llamarás Rafael, sí. Pero con ph… Como la casa con la que vas a grabar. Es decir… ¡Raphael!". Han transcurrido, ya decimos, casi cinco décadas y media de ello y el ídolo sigue siendo aquel…

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