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Seis grabaciones de Leonard Bernstein

Cien años después de su nacimiento, conviene recordar el legado del compositor estadounidense

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Leonard Bernstein | Cordon Press

El centenario del nacimiento de Leonard Bernstein (25 de agosto de 1918) ha originado un torrente de comentarios sobre él: director de orquesta, pianista, compositor, divulgador de la música clásica… Un gran personaje.

Sus mayores logros musicales se vinculan a su labor con tres grandes Orquestas Filarmónicas: la de Nueva York (comenzó sustituyendo nada menos que a Bruno Walter), la de Viena y la de Israel. Grabó ciclos completos de Beethoven, Schumann, Brahms y Mahler; dirigió el estreno de la Sinfonia Turangalila, de Messiaen. Era un director muy expresivo, con una amplia gestualidad (que a algunos puritanos les parecía excesiva).

Como compositor, su obra más popular, gracias al cine, es West Side Story. Inolvidables son los Conciertos para jóvenes, que dirigió desde 1956 a 1972 y difundió la cadena de televisión CBS.

Su personalidad tenía grandes claroscuros, unidos a su bisexualidad, sus creencias religiosas judías y el esnobismo flagrante de algunas de sus actitudes culturales y políticas, que lo acercan a uno de esos personajes neoyorquinos caricaturizados por Woody Allen en Manhattan.

Más que anotar datos, tantas veces repetidos, prefiero ofrecer la recomendación de algunas de sus grabaciones, fácilmente asequibles en YouTube.

1. Bernstein dirige e interpreta, como solista de piano, a la vez, la Rapsodia en blue de Gershwin, una de las obras más populares de todo el repertorio de la música clásica norteamericana, que él tanto defendió.

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2. Con su unión de música clásica, jazz y ritmos latinos, West Side Story (la traslación de Romeo y Julieta a las peleas de bandas juveniles neoyorquinas) triunfó en el mundo entero. A partir de la película, Bernstein compuso y dirigió unas Danzas sinfónicas de West Side Story, que forman parte del repertorio de muchas orquestas.

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3. Intentó también Bernstein crear una nueva ópera —u opereta— norteamericana (como había logrado Gershwin en su Porgy and Bess). Uno de sus mayores empeños, prolongado a lo largo de los años, fue crear una obra de teatro musical a partir del Candide, la novela filosófica en la que Voltaire se burla cruel y agudamente del buenismo optimista de Leibnitz. El éxito fue relativo. De esta obra, lo único que ha pasado a formar parte del repertorio habitual es la Obertura, una brillantísima muestra de la música de viento, que las grandes orquestas norteamericanas suelen tocar, como espectacular propina, en sus giras por el mundo.

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4. En su madurez, Bernstein vivió, como tantas personas de esa edad, una creciente preocupación religiosa. A eso obedece su especial cariño por el Ave verum corpus, de Mozart, una obra aparentemente sencilla (la escribió para un conjunto de limitada capacidad) pero profundamente conmovedora. Bernstein la eligió para un concierto de conmemoración de la caída del Muro de Berlín. (En otro, dirigió la Novena Sinfonía de Beethoven, sustituyendo, en el coro final, la palabra Freude —‘alegría’— por Freiheit —‘libertad’).

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5. En esa misma línea de inquietud espiritual, el Bernstein maduro fue un magnífico intérprete de las Sinfonías de Mahler, en las que expresa la angustia existencial con una vitalidad muy comunicativa.

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6. Las grabaciones de sus Conciertos para jóvenes siguen siendo deslumbrantes. Bernstein conecta fácilmente con los chiquillos: habla, dirige la orquesta, toca el piano, canturrea, gasta bromas, les hace participar en la música con trucos eficaces… Una obra maestra de la mejor divulgación. Cualquiera de los programas basta para comprobarlo.

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El que vea y escuche estas seis grabaciones conocerá el mejor legado que nos ha dejado Leonard Bernstein.

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