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Cuando Serrat puso música a Machado

Serrat: "Lo único que pretendo cantando su poesía es que cuando un español abra un libro con sus poemas, sepa quién es, que lo haya 'oído'".

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Serrat: "Lo único que pretendo cantando su poesía es que cuando un español abra un libro con sus poemas, sepa quién es, que lo haya 'oído'".
Joan Manuel Serrat | Archivo

Estos días, en más de un programa de televisión o de radio, han vuelto a resonar los versos de Antonio Machado, que Joan Manuel Serrat musicó hace exactamente medio siglo: los de La saeta, que el poeta sevillano (y no de Soria como decía el indocto, "doctor" Sánchez) había incluido en su libro Campos de Castilla publicado en los albores del pasado siglo. Aquellos que contienen estos pasajes: "Oh, la saeta, el cantar / al Cristo de los gitanos / siempre con sangre en las manos, / siempre por desenclavar/. Cantar del pueblo andaluz / que todas las primaveras / anda pidiendo escaleras / para subir a la cruz...".

La saeta era una de las doce piezas del álbum Dedicado a Antonio Machado. Poeta, una de las que más se han escuchado desde su aparición, con arreglos del gran maestro Ricardo Miralles, que se inicia con un redoble de tambores y en seguida la voz de Serrat, emotiva, con otro fondo también orquestal, a modo de número procesional. Ciertamente con otro acento, sin dejar de ser religioso, pero distinto a lo que suele ser tradicional en esta oración hecha cante, como me definió un poeta malagueño. Las letras de cualquiera de las saetas están relacionadas con la pasión de Cristo. Su nombre proviene de unos cánticos del siglo XVIII que entonaban los componentes de unas hermandades conocidas como "del Pecado Mortal y de la Aurora". Pero cuando se popularizaron ya en los desfiles procesionales de Semana Santa fue a partir de 1840. Donde más se escuchan es en Andalucía (no exclusivamente, desde luego) y responden a unos ritmos que van desde la seguiriyas, martinetes o también por carceleras y debla, considerados dentro del grupo de las tonás. Cante difícil de interpretar, que exige unas voces muy familiarizadas con el flamenco.

La saeta machadiana con música de Serrat, insistimos, no deja de pertenecer a ese canto que refleja estos días que nos recuerdan la muerte y resurrección de Jesucristo, aunque la interpretación no se ajuste a los cánones del flamenco ortodoxo. Lo que no la invalida para ser escuchada con devoción en las fechas presentes. Tiene la singularidad que en este caso también suena en cualquier día del año, si se quiere magnificar la importante obra musical del cantautor barcelonés. Resulta anecdótico contar ahora que cuando en mayo de 1969 apareció el mencionado elepé "Dedicado a Antonio Machado" la crítica en general recibió el disco con reticencia, sin apenas halagos, con las excepciones que se quieran. Como contraste, registró ventas importantes, alrededor de cien mil ejemplares cuando concluía el año. Es una grabación de esas "clásicas", intemporales, que aún puede adquirirse, señal de que su divulgación no ha cesado. Por supuesto que en YouTube nunca dejó de seleccionarse.

Quiso Serrat presentar aquellas poéticas melodías a poco de aparecer el disco en el mercado, en sendos recitales en el teatro Tívoli, de Barcelona, y en el Carlos III madrileño, convertido ahora en restaurante-espectáculo y bares. Iniciada la segunda parte de su actuación en esa segunda sala, mientras iba desgranando los versos de "Cantares", los de "Caminante, no hay camino, se hace camino al andar...", fue acercándose al borde del escenario, cayendo de repente en el foso donde tocaba la orquesta que lo acompañaba. Parecía una broma siniestra por aquello de tal frase final. Era la tercera pieza de esa segunda mitad de su espectáculo y hubo de suspenderse, mientras Joan Manuel era trasladado a una clínica donde le vendaron parte de su pierna derecha, sin mayores complicaciones. El cantautor, que había sido fuertemente ovacionado en el transcurso de su recital, había dicho a los espectadores que llenaban el teatro-cine, lo siguiente: "La poesía de Antonio Machado se basta y sobra por sí sola. Lo único que pretendo cantando su poesía es que cuando un español abra un libro con sus poemas, sepa quién es, que lo haya 'oído'".

Además de los comentarios adversos que a las primeras de cambio suscitó su álbum (evidente resulta que la crítica se equivocó en sus juicios), es también elocuente recordar que su casa discográfica se había mostrado reacia a comercializarlo, como Serrat declaró en su momento: "Nadie quería saber nada de mi disco, no creían en él, pero quedé satisfecho pues me sirvió de mucho y creo que sirvió también para algo más, como fue que bastante gente se enterase de quién era Antonio Machado". Y ya ven lo que La saeta y los demás temas han dado de sí...

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