
John Hughes fue un director, guionista y productor estadounidense que marcó profundamente el cine de los años ochenta, especialmente el cine juvenil, porque supo retratar a los adolescentes de una manera realista y emocional, además de muy divertida, mostrando sus miedos, conflictos internos, problemas familiares y la necesidad de sentirse comprendidos.
Utilizando la fantasía, el drama y la comedia, pero sobre todo la música, Hughes logró dar profundidad a sus personajes juveniles (aunque también tuvo protagonistas adultos encarnados por actores como John Candy o Steve Martin) con películas donde las canciones no eran solo un mero acompañamiento, sino que aportaban significado...y a menudo descubrían tendencias.
Así lo contó Dani Palacios en Prohibido contar ovejas, el programa conducido por Felipe Couselo en esRadio, que dedicó una sección completa a este legendario creador fallecido demasiado pronto por un problema cardíaco.
Y es que Hughes, en su origen un creativo publicitario, conocía muy bien los gustos y las tendencias. De modo que a través de canciones pop y new wave muy populares entre los jóvenes de los años ochenta, logró que el público se identificara con las historias y los personajes, creando una conexión directa entre la pantalla y la experiencia adolescente.
Muchas escenas quedaron grabadas en la memoria colectiva gracias a la música, que marcaba momentos de rebeldía, libertad, tristeza o crecimiento personal, y ayudaba a definir el tono de cada película. De esta manera, la música se convirtió en un elemento esencial de su estilo cinematográfico y contribuyó a que sus películas representaran una generación, en su momento, y crearan un legado cultural de cine juvenil que es imposible ignorar.
