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Lo único que me une a Audrey Hepburn

Steven Bochco ha muerto sin que le diera tiempo a retomar la serie de abogados que se emitió (en EE UU) de 1986 a 1994, La ley de los Ángeles.

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La Ley de Los Angeles | Archivo

Engancharse a una serie de adulto es como engancharse a las pipas. Engancharse de niña, adolescente y joven es ofrecer el brazo al tío de la jeringuilla. Voy a salir yo un sábado por la tarde estando La ley de Los Ángeles en la primera cadena. Steven Bochco ha muerto sin que le diera tiempo a retomar la serie de abogados que se emitió (en EE UU) de 1986 a 1994. En agosto de 2016 dijo que estaba preparando un guión, que fue Bill Finkelstein quien tuvo la idea de una novena temporada y que le gustaría contar con el reparto original. Mejor así. Nos quedamos con el recuerdo de McKenzie, Brackman, Chaney & Kuzak. Con Susan Day, Corbin Bernsen, Harry Hamlin (siempre comía en la reunión inicial), Jimmy Smits o Jill Eikenberry, que tenía un cáncer de pecho y se trataba con radiación en la primera temporada al terminar de rodar. Con el primer beso lésbico en una network entre Amanda Donohoe y Michele Greene, con el tipo que tenía el síndrome de Tourette, con el bueno de Benny haciendo fotocopias (Larry Drake, que era malísimo en Darkman), con el bobo con el que se tenía que casar la secretaria Roxanne Melman para evitar la pobreza (Dann Florek luego era muy listo en Ley y orden: UVE). O con aquel episodio titulado The Venus Butterfly. Lo escribieron Bochco y Terry Louise Fisher y ganaron el Emmy. Un cliente bígamo susurraba al abogado fiscalista Stuart Markowitz (Michael Tucker) una técnica sexual llamada así. Al final del capítulo, con Stuart y Ann Kelsey (Jill Eikenberry) en la cama, ella le pedía más de eso después de haber experimentado algo cercano al éxtasis. Por supuesto, la técnica nunca se explicó, pero la mariposa quedó en el recuerdo de una serie fabulosa. A Audrey Hepburn también le encantaba. La serie.

Steven Bochco era más grande que todos los Simon, Chase, Weiner o Gilligan. Y Hill Street blues (1981-1987), el origen del drama serio en la televisión. Los hilos múltiples empezaron con la serie policial producida por MTM, el chiringuito de Mary Tyler Moore y su marido. Claro que no todo era innovación, hay mucho de telenovela, de culebrón, de Hospital General, sin ir más lejos, de donde se tomaron algunos trucos. Lo que sí hace Bochco es mostrar una estructura narrativa compleja y a la vez un contenido complejo. Con 15 personajes principales, se mezclaba el melodrama y la acción. Las tramas simultáneas (podía haber hasta seis) creaban desorientación. Algunas se resolvían en el episodio, otras formaban parte de un arco argumental. Un espectador viendo ‘Hill Street blues’ tenía más dificultades que uno viendo ‘Starsky y Hutch’. Pero cuando llegaron ‘El ala oeste’, ‘Perdidos’ o ‘Los Soprano’ su capacidad analítica era otra. Y Veronica Hamel había envejecido (la abogada Davenport fue la madre de Jack en Perdidos).

Además estaba la comisaría mas bulliciosa que se había escuchado nunca (hasta ocho pistas de sonido). Una comisaría que no estaba en ningún sitio pero cuyos exteriores eran los de una de Chicago. Unos personajes inolvidables, desde el sargento Esterhaus al detective Belker, que mordía. Del teniente Howard Hunter y su sharpei al desagradable Norman Bunz (el realismo de la ficción se puede ejemplificar en el momento en que una organización criminal donde estaba infiltrado le cortó un dedo). Sin olvidar a Furillo, a Joyce Davenport (esa escena en la bañera cuando él le depila las piernas) y a la ex mujer de Furillo, que era la primera mujer de Bochco, Barbara Bosson. Esta, Michael Tucker, Bruce Weitz (Belker), Charles Haid (Renko) y Bochco eran compañeros de clase en la universidad. Dentro de su trama familiar y de amistades, Joanna Frank, que hacía de Sheila Brackman en ‘La ley de los Ángeles’, era su hermana.

La ley de Los Ángeles quizá sea peor que la serie de policías pero es el drama legal antecedente de tantos otros. No hay que olvidar que Bochco dio a David E. Kelley, entonces abogado en Boston, su primer trabajo como escritor (Fisher también era abogada). Si con Michael Kozoll había creado Hill Street blues, con Kelley creó Médico precoz. Con David Milch, Policías de Nueva York. Con Charles H. Eglee y Channing Gibson, Murder One. Con William M. Finkelstein y Bruce Helford, Guerra de parejas. Con Filkenstein, Cop Rock, su serie más arriesgada y criticada. Policial y musical. Y tantas otras, recientes o no. Sin olvidar sus guiones en El comisario McMillan y esposa o Colombo. Años después supimos que en esta Spielberg había dirigido el capítulo Murder by the book escrito por él.

Como el tío de la jeringuilla hacía con nosotros lo que quería, ‘La ley de Los Ángeles’ dejó de programarse en TVE sin terminar. Luego la compró Antena 3, pero no sé decir si terminó de emitirla (lo mismo lo hizo a las tres de la madrugada). Yo había visto a A. Martínez, el Cruz de ‘Santa Bárbara’, como preso ejecutado y previamente defendido por Harry Hamlin, pero no como abogado en 39 capítulos durante el tramo final de la ficción.

Al menos nos llegó para ver la quinta temporada, cuando Bochco decidió liquidar a la antipática Rosalind Shays, a la que interpretaba Diana Muldaur. No quería que durara mucho no se le fuese a dulcificar el carácter. Y ella no supo que iba a morir hasta que leyó el guión. Se cayó por el hueco de un ascensor. Yo cada vez que abro la puerta de uno miro a ver si hay suelo. Siempre me acuerdo de Diana Muldaur.

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