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SERIEMENTE

Crítica sin spoilers de 'Stranger Things 5' (Netflix)

Los primeros cuatro episodios de Stranger Things 5 son irregulares. Mucho relleno para, eso sí, una hora final atronadora.

Los primeros cuatro episodios de Stranger Things 5 son irregulares. Mucho relleno para, eso sí, una hora final atronadora.
El final de Stranger Things 5 | Netflix

Hay una paradoja en Netflix que no tiene sentido ya abordar. Stranger Things, su exitosa serie de ciencia ficción y aventuras convertida en un emblema de la compañía de streaming, llega a su temporada final absolutamente "blockbusterizada", con un tratamiento y extensión de los capítulos que roza el largometraje y una ambición (en su despliegue de FX, sonido y música) que anda ya bastante lejos del relativamente misterio inicial de la desaparición de Will Byers.

Stranger Things es un evento, y como tal se mostrará en la plataforma, con cuatro capítulos ya disponibles, otros tantos a finales de diciembre y un desenlace para el 1 de enero. Y el evento se ha comido totalmente a la nostalgia, esa misma nostalgia por los 80 y su cultura popular que hizo de conexión emocional para dos generaciones distintas, los jóvenes de ahora y los niños de entonces, que hizo famosa la serie en 2016.

Al margen de reflexiones, hay algo que el espectador debe tener en cuenta para comprender todo esto. Esa sensación de misterio ha ido desapareciendo progresivamente en pos de un espectáculo digital que prefiere rivalizar con Marvel antes que con el cine de los 80 de Spielberg y las novelas de Stephen King que sustentaron la ficción. Algo se pierde, algo se gana: probablemente estamos ante un tránsito o puente entre dos formas populares, con Stranger Things haciendo de puente entre ambas igual que el cine de Spielberg hizo lo propio con la serie B de los 50 y el entretenimiento de los 80.

Pero lo que sí resulta objetivo es que los hermanos Duffer, en estos primeros cuatro episodios de la quinta y última temporada, sufren Dios y ayuda a la hora de demostrar que sí, que tienen una mitología que armar y algo humano que contar de sus personajes. Por eso, los dos primeros episodios, no precisamente cortos, resultan verdaderamente inútiles narrativamente, con demasiados personajes haciendo demasiadas cosas que no significan nada, diciendo frases que demuestran todavía menos, solo que la historia de los Duffer no tiene la entidad deseada ni ellos mismos son particularmente buenos desarrollando dramáticamente sus caracteres. Todos en el equipo de protagonistas viven como preparacionistas en esta quinta temporada, anulando el encanto cotidiano de las primeras temporadas, donde sus adolescentes se portaban como adultos y los adultos como adolescentes en la medida de sus posibilidades, sin que quede claro hacia dónde va cada uno de ellos.

Donde sí son buenos los Duffer es en incorporar algún que otro nuevo espécimen (memorable Derek, interpretado por Derek Connolly) y lo que hacen en el tercer y cuarto episodio, y particularmente en este último: desplegar el caos, soltar los monstruos y hacer real la fantasía mediante la pura acción frenética, preñando la acción de guiños (imaginamos que indescifrables para las nuevas generaciones) a films como Poltergeist y precipitando el diseño de producción hacia otra década que ya va entrando en los parámetros de la pura nostalgia, la de los 90 de Expediente X y Jerry Bruckheimer. Fantasía por la fantasía, sí, pero desgraciadamente no sustentada en una historia particularmente interesante (dejamos de momento en barbecho el trauma que existe tras Will, verdadero protagonista de la entrega, y lo que pasará una vez se asienten los acontecimientos del "cliffhanger" final).

Asumiendo que esta quinta temporada ha fallado ese tiro, queda esperar al verdadero desenlace. Esta crítica del final de Stranger Things es necesariamente de usar y tirar, en tanto la valoración de la temporada al completo se recontextualizará una vez vista la segunda mitad que todavía queda por estrenar. Solo corroborar que Maya Hawke se impone a Millie Bobby Brown, quizá una de las decepciones más notables de la serie, y un siempre poderoso David Harbour a Winona Ryder, por mucho que ésta resulte entrañable como madre coraje, y que el espectáculo de luces y FX resulta entretenido… si uno consigue superar sus dos horrendos primeros capítulos.

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