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Devil May Cry 2: acción sin complejos que saca los colores a la cobardía de Marvel

La segunda temporada de la serie de Netflix brilla con combates salvajes, música rock y una estética punk que supera al actual cine de superhéroes.

La segunda temporada de la serie de Netflix brilla con combates salvajes, música rock y una estética punk que supera al actual cine de superhéroes.
Devil may cry 2 | Netflix

¿Están ustedes familiarizados con el término hack & slash? Porque eso es lo que es la larga serie de videojuegos Devil May Cry que ahora Netflix está adaptando en forma de dibujo televisivo. Los responsables de la serie son el empresario indio Adi Shankar y el músico Alex Larsen, lo que explica uno de los rasgos más distintivos de la misma: una selección de títulos de rock alternativo que, junto a la banda sonora heavy y electrónica de Power Glove, se manifiesta de manera constante a lo largo de la historia.

Hack and slash, o cortar y rajar, es justo lo que el nombre sugiere: acción y combate cuerpo a cuerpo mediante espadas y otro tipo de armas en un entorno 3D. Y si bien la franquicia ha tenido una suerte desigual en el videojuego, todo indica que la serie de Netflix parece haber encontrado su público en los fanáticos de la acción superheroica... pese a la disconformidad de los entendidos en la saga de Capcom, conocedores de todas las licencias que Shankar ha podido tomarse.

Devil May Cry 2 es precisamente eso: un desvergonzado ejercicio de fantasía que proporciona cotas de destrucción y espectáculo que los productos Marvel o DC, o series como The Boys, se avergüenzan de buscar por distintas razones, ya sea afán de agradar a los ajenos al género o los que prefieren la vía de la deconstrucción. Si hay de uno u otro componente en la segunda temporada, esto se supedita a la adictiva sucesión de peleas gloriosamente planificadas y animadas, a su combinación deliciosamente noventera con temas de Evanescence, Papa Roach o Lawless.

El estudio aquí sigue la senda de otros productos basados en videojuegos como Castlevania, también para Netflix, si bien con más énfasis en el humor y los ambientes tecnológicos que en los góticos. Devil May Cry 2 puede tardar en coger el ritmo en su segunda temporada, pero cuando lo hace obsequia al espectador con ocho capítulos verdaderamente trepidantes cuya duración supera los de la primera temporada.

Un síntoma de la redoblada apuesta de Netflix en el anime o de sus creadores en esta Devil May Cry 2, que incorpora a Vergil, el hermano de Dante, a las aventuras de este y Mary, proporcionando una química macarra que enriquece la historia. Historia que, como era de esperar, tiene importancia pero la justa: la serie se mueve a golpe de carisma de personajes e influencias locas e imposibles en su estética gótica y punk. La alegoría política anticonservadora es, por otro lado, hilarante en combinación con los temas musicales de rock duro y otorga entidad a un show guiado por un personaje bocazas que, en films como Deadpool, ha estado dominado por la charlatanería del personaje hasta el hartazgo.

A lo tonto, Shankar, como en sus productos no oficiales (como el corto secuela de El Castigador con Thomas Jane) o el malogrado pero reivindicable remake Dredd con Karl Urban (del que todavía se pide secuela) inyecta vida a una mitología caótica que reverdece el género a través de secuencias de acción excesivas que rozan la abstracción. Una vía similar a la de Snyder en El Hombre de Acero y abandonada por los mismos estudios que ahora afrontan con confusión la crisis del género.

Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual en la UCM de Madrid. Colaborador en esRadio. Crítico de cine y series en Libertad Digital. Una de las voces del podcast Par-Impar.

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