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Reabre el histórico Teatro de la Comedia

Ha estado cerrado, por obras, ¡trece años!

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Ha estado cerrado, por obras, ¡trece años!
El Teatro de la Comedia | Andreas Praefcke

El Teatro de la Comedia, de Madrid, volverá a abrir sus puertas a partir del próximo 16 de octubre después de permanecer cerrado la friolera de trece años. Cualquier transeúnte que haya pasado durante ese tiempo por la calle del Príncipe habrá advertido dos cosas: la incomodidad de transitar por dicho lugar, tapiado con unas vallas que traspasaban las aceras, y el prolongado estado de las obras de rehabilitación, que parecían no concluir nunca.

La última obra que allí se representó fue La dama boba, en 2002. Sin embargo, hasta 2009 no comenzaron a trabajar los obreros. El presupuesto se elevó en su día a veintisiete millones y medio de euros. A costa de su último propietario, el Ministerio de Cultura, que adquirió el teatro en 1998. Las causas del retraso hasta que ahora al fin pueda producirse la reapertura no están del todo claras; algo "tan español" como echarle la culpa siempre al otro.

Cuatro diferentes Gobiernos se han sucedido desde que se aprobó el proyecto, con sus consiguientes responsables en el mencionado Ministerio quienes entre el desdén, despiste o inepcia, sin duda han sido los responsables de tal desaguisado. Para esta reinauguración del coliseo, la Compañía Nacional del Teatro Clásico, que tiene allí su sede desde 1986, representará El alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca, con Carmelo Gómez en el papel protagonista. En Navidad habrá representaciones del cuento de Perrault Pulgarcito. Y ya en el nuevo año montajes de textos cervantinos, del Hamlet de Shakespeare, La Celestina

Puede emplearse a todos los efectos el término histórico al teatro de la Comedia, entre otras razones por su antigüedad: data de 1875, cuando fue inaugurado por Alfonso XII en una solemne función en la que se estrenó Me voy de Madrid, comedia original de Bretón de los Herreros. En su escenario se produjeron acontecimientos artísticos, pero también de otra naturaleza: conferencias, por ejemplo, de Ortega y Gasset.

Y el discurso fundacional de Falange Española, a cargo de José Antonio Primo de Rivera, el 29 de octubre de 1933. Allí dieron a conocer sus obras autores de la categoría de Benito Pérez Galdós (La de San Quintín); el premio Nobel José de Echegaray (Mariana); Joaquín Dicenta, con su drama social Juan José, y los más acreditados del siglo XX, entre ellos: Carlos Arniches (Los caciques); Pedro Muñoz Seca (La venganza de don Mendo); Joaquín Calvo Sotelo (Una muchachita de Valladolid); Miguel Mihura (Ninette y un señor de Murcia)… Probablemente el más asiduo estrenista entre los comediógrafos fue Enrique Jardiel Poncela, del que se pusieron en cartel nada menos que once títulos, de los que destacaron sobremanera estos dos: Eloísa está debajo de un almendro (1940) y Los ladrones somos gente honrada (1941).


Del citado en primer lugar se recordaba una simpática anécdota. Resulta que Jardiel se había traído a Madrid un perro que encontró callejeando por Bilbao, al que bautizó como "Bobby". Tanto le costaba separarse de él que lo llevaba al teatro de la Comedia. Y el can se familiarizó de tal modo con el escenario que cuando bajaba definitivamente el telón diariamente salía a "saludar" al público con toda la compañía.

Por cierto: este prolífico escritor llevaba a tal extremo su conocimiento del teatro que no le importaba estar entre bambalinas ayudando a los tramoyistas. Se hizo muy amigo de un actor principiante, al punto de que escribió un personaje especialmente para que lo interpretara, de acuerdo a su físico, al que puso el mote de "El Pelirrojo". El mayordomo de Los ladrones somos gente honrada. Significó un gran triunfo, su trampolín para que lo conocieran. Era Fernando Fernán-Gómez. En agradecimiento, cuando Jardiel Poncela ya estaba muy enfermo y mermado asimismo de recursos económicos, pagó sin que él se enterara las facturas y tratamientos médicos.

El teatro de la Comedia lo regentaba desde el siglo XIX la familia García-Escudero, y el testigo fue pasando del abuelo, al padre y al nieto. Los tres se llamaban Tirso. Al último lo llamaban Tirsín, para diferenciarlo, que se casó con la actriz Encarna Paso. Al viejo don Tirso nunca se le pasó por la imaginación colgar el cartel de "No hay billetes" si quedaba una entrada en taquilla. Eso ocurrió una vez y al enterarse, el autor Antonio Paso la adquirió, haciéndoselo saber, lo que obligó al empresario a anunciar que no quedaban localidades.

Adyacente al teatro se encontraba el mítico café "El Gato Negro", donde tenía su habitual tertulia Jacinto Benavente. El teatro de la Comedia fue escenario donde se estrenó el 3 de octubre de 1969 una versión de El Tartufo, de Moliére, dirigida por Adolfo Marsillach. Sibilinamente se dejaba a la imaginación de los espectadores ciertas similitudes con la actualidad política del momento, cuando habían salido abruptamente del Gobierno personajes relacionados con el Movimiento (Solís, Fraga Iribarne) siendo sustituidos por gentes del Opus Dei, los llamados Ministros tecnócratas (López Rodó, López Bravo, Silva Muñoz). Fue un exitazo, con cuatrocientas sesenta y dos representaciones y veintitrés millones de pesetas de recaudación. En cambio, Castañuela 70 no remontó el vuelo a las setenta y cuatro representaciones cuando elementos de extrema derecha la boicotearon entre amenazas de bombas.

Recuerdo sentimental alberga en su memoria Concha Velasco, que tantas obras interpretó allí, muy en particular cuando en 1977 dio vida al personaje de Mariana Pineda, que le escribió el granadino Martín Recuerda en su drama Las arrecogías de María Egipcíaca. Sencillamente porque en el reparto figuraba un actor secundario, el almeriense Paco Marsó, con quien entonces inició relaciones amorosas concluidas en boda y luego en un triste final, como es harto sabido. Del mismo teatro de la Comedia, nuestra muy querida y admirada actriz vallisoletana no ha podido olvidar la pareja que formó junto a José Sacristán en Yo me bajo en la próxima ¿y usted?, espectáculo escrito y dirigido por Adolfo Marsillach. Allí cantaba el pasodoble "Francisco Alegre", (que no había previsto el autor del sainete) porque le recordaba su niñez. A su madre le dio un jamacuco cuando la escuchó el día del estreno.

La historia del teatro de la Comedia daría para escribir un grueso volumen, cuando nosotros sólo hemos referido apenas unos retales de datos y anécdotas.

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