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¿Puede EEUU forzar la salida de España de la OTAN? Lo que dice el Tratado

La Alianza no prevé expulsiones y exige unanimidad; solo cabe la salida voluntaria tras notificarla a Estados Unidos con un año de plazo.

Donald Trump, a la derecha, se reúne con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. | Cordon Press

El debate sobre una hipotética expulsión de España de la OTAN ha ganado peso a raíz del choque estratégico entre Washington y varios socios europeos por la crisis en torno a Irán. Sin embargo, más allá de las tensiones políticas, el Tratado del Atlántico Norte no deja margen a interpretaciones: esa posibilidad no existe.

La agencia Reuters ha tenido acceso a un correo interno del Pentágono en el que se refleja el malestar de la Administración estadounidense por la negativa de aliados como España a facilitar operaciones militares en el estrecho de Ormuz. En ese intercambio se ha llegado a deslizar la opción de estudiar medidas de presión contra los países menos alineados.

España se ha mantenido firme en su rechazo a ceder el uso de las bases de Rota y Morón, dos instalaciones clave por su valor estratégico hacia el Mediterráneo y Oriente Próximo. Esta postura ha irritado a la Casa Blanca. Un funcionario citado por Reuters ha asegurado que el objetivo de Washington es "contrarrestar el sentimiento de superioridad de los países europeos que no están alineados con la estrategia en Oriente Próximo".

Sin base legal para la expulsión

A partir de ahí, surge la gran pregunta: ¿puede Estados Unidos forzar la salida de España de la Alianza? La respuesta es no. A diferencia de otras organizaciones internacionales, el Tratado fundacional de 1949 no incluye ninguna cláusula que permita expulsar a un Estado miembro. La lógica de sus redactores fue precisamente reforzar la imagen de unidad: permitir expulsiones debilitaría ese principio.

Además, la OTAN funciona bajo el principio del consenso. Todas las decisiones requieren unanimidad, lo que en la práctica implica que cualquier medida contra un país necesitaría también el respaldo de ese mismo país, algo inviable.

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La única vía prevista en el Tratado

El propio tratado establece en su Artículo 13 que la única vía de salida es voluntaria. Deben haber pasado al menos 20 años desde la adhesión y el país debe comunicar formalmente su decisión al Gobierno de Estados Unidos, que actúa como depositario. La retirada no se hace efectiva hasta transcurrido un año.

Esto no significa que no existan mecanismos de presión. En casos de desacuerdo grave, la Alianza puede limitar la participación de un país en misiones, restringir el acceso a inteligencia compartida o excluirlo de ejercicios conjuntos, generando un aislamiento progresivo dentro de la organización. A ello se suma la presión política constante, especialmente en cuestiones como el gasto en defensa. España destina un 1,29% de su PIB a este ámbito, lejos del objetivo del 2% y muy por debajo del más del 3,5% que invierte Estados Unidos.

Precedentes dentro de la Alianza

La historia ofrece ejemplos que ayudan a entender estos límites. En 1966, bajo el mandato de Charles de Gaulle, Francia se retiró de la estructura militar integrada de la OTAN sin abandonar la alianza política. Algo similar ocurrió con Greciaen 1974. En ambos casos no hubo expulsión, sino decisiones soberanas en momentos de fuerte desacuerdo.

En definitiva, España —como cualquier otro aliado— solo podría abandonar la OTAN si así lo decidiera su propio Gobierno. Todo lo demás pertenece al terreno de la presión diplomática, no al de la legalidad internacional.

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