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El verano en que Dinamarca se acostó de vacaciones y despertó campeona de Europa

Los sueños a veces se cumplen. Pero Dinamarca ni siquiera soñaba con ganar la Eurocopa. Porque no se había clasificado. Y terminó siendo campeón.

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Los sueños a veces se cumplen. Pero Dinamarca ni siquiera soñaba con ganar la Eurocopa. Porque no se había clasificado. Y terminó siendo campeón.
El guardameta Peter Schmeichel fue uno de los grandes artífices del éxito danés.

"¿Estás bromeando, no? No puede ser verdad..." fueron las primeras palabras de Peter Schmeichel cuando le llegó el rumor de que iban a expulsar a Yugoslavia de la Eurocopa que estaba apunto de arrancar, y Dinamarca iba a ser su sustituta.

Al menos, él estaba en casa. No es el caso de Brian Laudrup, Henrik Larsen o John Jensen, quienes después de una llamada telefónica tuvieron que interrumpir sus vacaciones para, a regañadientes, plantarse en la sede de la federación danesa de fútbol al día siguiente. Efectivamente, la selección yugoslava no iba a participar en la Eurocopa de Suecia por la guerra de los Balcanes, y Dinamarca, que había quedado segunda en su grupo, iba a ocupar su lugar.

"Todos explotamos a reír cuando, después de decirnos que íbamos a Suecia, Richard Nielsen -el seleccionador- nos dijo que íbamos para ser campeones". Confesiones de Brian Laudrup. Pero, bajo el lema "salir y no hacer el ridículo" antes de cada encuentro, Dinamarca se encontró con que iba ganando un partido, y otro, y otro... hasta proclamarse campeona de Europa, protagonizando la hazaña más increíble de la historia del campeonato.

Y todo eso, sin Michael Laudrup, el mejor futbolista danés de todos los tiempos, que había dejado la selección por sus desavenencias con el seleccionador –algo que le volvería a ocurrir poco después con Cruyff- sin ser consciente de que se iba a perder el cuento de hadas de sus compañeros.

España no llega a Suecia

Una Eurocopa en la que la selección española no pudo participar., tras caer en un grupo realmente complicado. Sólo fue capaz de quedar tercera, por detrás de Checoslovaquia y de una colosal Francia, que ganó todos los partidos disputados, incluyendo un 1-2 en Sevilla, con goles de Jean-Pierre Papin y el español Luis Fernandez.

Aquella eliminación supuso un batacazo para el fútbol español en un año que, gracias al oro olímpico, iba a terminar siendo magnífico. Pero la selección española vivió su particular calvario, con el cambio generacional –que provocó la llegada de Javier Clemente- y que supuso la primera ausencia de España en cualquier competición desde 1978, y la última hasta la fecha.

La baja de España no fue la única sonada. Tampoco Italia, que acababa de ser tercera en el Mundial, acudió a la cita. Pero aún así la presencia de Holanda, que defendía corona, Alemania, que por primera vez acudió como nación unificada, Francia, Inglaterra y la Unión Soviética –que ya se presentaba como selección de la Comunidad de Estados Independientes- dotaba a la Eurocopa de un nivel más que notable.

La mejor Suecia de siempre

Nadie reparó, sin embargo, en la selección sueca. Pero en aquella competición iba a mostrar al mundo lo que confirmaría dos años más tarde, en el Mundial de Estados Unidos: que vivía la mejor generación de futbolistas de toda su historia. Con los Ravelli, Bjorklund, Patrick Andersson, Limpar, Schwarz, Thern, Brolin, Dahlin o Kennet Anderson configuraron una selección que, durante varios años, enamoró a todos.

Ni tampoco, por supuesto, esperaba nadie nada de Dinamarca, la que llegaba a última hora, la que había entrado por la puerta de atrás. Máxime cuando tras dos encuentros tan solo acumulaba un punto, el logrado ante Inglaterra en el partido inaugural, cayendo precisamente con Suecia en el segundo partido.

Ingleses y franceses, las otras dos selecciones de aquel Grupo A, se las prometían muy felices en el último encuentro. Se medían, respectivamente, a suecos y daneses conscientes de que la victoria, que era lo lógico, les metía en semifinales. Pero entonces llegó la sorpresa escandinava, y tanto Suecia como Dinamarca se impusieron a sus rivales, dejando a aquellas dos grandes selecciones en la cuneta.

"Estábamos ya pensando en continuar con las vacaciones, porque vencer a Francia en aquellas condiciones era imposible. Y sin embargo, ganamos", declaraba Peter Schemeichel sobre el partido. El suplente Elstrup fue el héroe al conseguir el tanto de la victoria a falta de 12 minutos para el final. No menos heroica fue la remontada de los suecos ante Inglaterra, que se adelantó pronto en el marcador, pero vio cómo Eriksson y después Brolin, a seis minutos del final, le daban la vuelta al marcador. Cuando nadie se lo esperaba, Suecia y Dinamarca se encontraban en semifinales. A un paso de la gloria.

No hubo opción a la sorpresa en el otro grupo, donde Holanda y Alemania no permitieron ninguna concesión y se clasificaron como primera y segunda de grupo respectivamente, por delante de Escocia y CEI. Vibrante fue el encuentro entre holandeses y alemanes, en el que los primeros se llevaron la victoria por 3-1 con tantos de Rijkaard, el entonces azulgrana Richard Witschge, y el joven, aún en el Ajax, Dennis Bergkamp. Los dos combinados, conociendo ya a los otros dos semifinalistas, se emplazaron para la final. Era lo lógico.

Espectáculo en las semifinales

Alemania cumplió con su parte. Pero sufrió de lo lindo para lograrlo. Llegaba a la cita con el mismo bloque que dos años antes se había proclamado campeón del mundo, con los Illgner, Köhler, Brehme, Hässler, Effenberg o Klinsmann. Y además, unía por primera vez a la Alemania del Este, lo que le permitió incorporar a otro magnífico futbolista: Matthias Sammer.

Con todo ese elenco de estrellas, sólo pudo batir a Suecia por 3-2. El partido fue puro espectáculo. Muchas ocasiones para ambos conjuntos, goles de bella factura, jugadas polémicas, emoción en los últimos minutos... y sobre todo la sensación de que Suecia, a pesar de ir siempre por detrás en el marcador, era capaz en cualquier momento de tumbar al gigante alemán. Al final se quedó con la miel en los labios, pero aquella derrota en semifinales –como sucediera de nuevo dos años después- dejó un bonito poso en el sentir del mundo del fútbol.

Sí fue capaz de realizar la gesta, por complicado que pareciera, Dinamarca. Henrik Larsen se vistió de héroe nacional y, con dos goles, el primero a los cinco minutos y el segundo poco después de que Dennis Bergkamp pusiera el 1-1 en el marcador, estuvo a punto de darle el triuno a los suyos. Pero a cuatro minutos del final Frank Rijkaard logró el empate a dos.

El partido se iba a la prórroga y, después de ir por detrás, todo indicaba que Holanda se terminaría imponiendo. Era lo lógico. Sin embargo, emergió la figura de Peter Schemeichel. El meta danés lo paró todo en la prórroga y llevo el asunto a la tanda de penaltis. Allí sólo un futbolista erróó: Marco van Basten. Lo que son las cosas. Christofte fue el encargado de sellar el pase de los daneses a la final.

Y el sueño se hizo realidad

Allí nada tenían que hacer. ¿Cómo iba una selección que había llegado invitada a la cita, de rebote y sin prepararse, a imponerse a la actual campeona del mundo, a la todopoderosa Alemania? Quizá por eso, los daneses siguieron preparando –por decir algo- el partido a su manera. Nada de concentraciones, ni de charlas tácticas, ni de videos motivadores. Tomando cañas con sus mujeres y con los periodistas en el hotel, mientras jugaban a las cartas o a ping pong. "La noche antes de la final, nos acostamos como si siguiéramos de vacacaciones", declaró Jensen. Total, Alemania iba a ganar sí o sí. Era lo lógico.

Pero en cuanto sonó el silbato que indicaba el inicio del partido Dinamarca trasladó su alegría y frescura al verde. Los de Nielsen llevaron a cabo precisamente en la final su mejor partido de la Eurocopa, y probablemente de toda su historia futbolística. Minimizó al gigante alemán, que a los 18 minutos vio cómo Jensen convertía en grande al combinado danés con un misil desde la frontal del área ante el que poco pudo hacer Illgner.

Alemania trató de reaccionar, y puso en funcionamiento su rodillo. Pero atacó sin ningún orden, por impulsos, y exceptuando una estratosférica intervención de Schemeichel tras disparo de Klinsmann, apenas pudo poner en aprietos a los daneses. Y a falta de 12 minutos, se culminó la proeza. Kim Vilfort se encontró con un balón suelto, ejecutó un regate de esos que el destino reserva para las grandes hazañas, y superó a Illgner por bajo.

Poco después sonó el final del partido, y los jugadores daneses explotaron. Todos se abrazaron entre lágrimas. Ni siquiera eran capaces de creerse que pocos días atrás estaban en la playa con sus cervezas desconectando del fútbol, y ahora eran campeones de Europa. "Creo que no lo asimilamos hasta que llegamos de regreso a Copenhague y lo celebramos con todo el país. Sólo entonces nos dimos cuenta de que lo que habíamos conseguido no había sido un sueño", declaraba Peter Schemichel, uno de los grandes artífices.

"Sin duda, el hecho de que nadie confiara en nosotros, ni siquiera nosotros mismos, fue lo que nos permitió convertirnos en campeones", añadía el guardameta. Esa fue la clave. Jugar cada partido como si la cosa no fuera con ellos. Por pura diversión. Sólo de ese modo Dinamarca pudo convertir en realidad lo que para todos era algo ilógico.

 

Ficha técnica de la final
 
Dinamarca, 2: Schmeichel, Sivebaek (C. Christensen, m.65), K. Nielsen, L. Olsen, Christofte; J. Jensen, Vilfort, Piechnik, H. Larsen, Brian Laudrup y Povlsen. Entrenador: Richard Moller Nielsen
Alemania, 0: Illgner, Reuter, Kohler, Buchwald, Brehme; Hassler, Helmer, Sammer (Doll, m.46), Effenberg (Thom, m.78); Riedle y Klinsmann. Entrenador: Berti Vogts
Goles: 1-0, m.18: Jensen; 2-0, m.78: Vilfort
 
Árbitro: Bruno Galler (Suiza). Amonestó a Piechnik por Dinamarca y a Reuter, Hassler, Effenberg, Klinsmann y Thom por Alemania
Estadio: Ullevi, Gotemburgo. 37.800 especadores. 26 de junio de 1992

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