
El partido entre el Benfica y el Real Madrid en el Estadio da Luz quedó marcado por la activación del protocolo contra el racismo tras la denuncia de Vinicius Junior. Tras marcar el único tanto del encuentro, el delantero solicitó al árbitro, François Letexier, la aplicación del mecanismo después de señalar un presunto insulto racista por parte de Gianluca Prestianni.
El gesto del colegiado —cruzar los brazos en forma de 'X'— simboliza el inicio formal del procedimiento. Ese movimiento activa un sistema escalonado diseñado por la FIFA para combatir comportamientos discriminatorios en tiempo real. El objetivo es proteger la integridad de los jugadores y enviar un mensaje claro de tolerancia cero frente al racismo.
El protocolo de tres pasos
- Paso 1: Suspensión temporal y aviso por megafonía: Cuando el árbitro detecta o recibe la denuncia de un acto racista, detiene el encuentro y ordena emitir un mensaje por los altavoces del estadio exigiendo el cese inmediato de los comportamientos discriminatorios. El partido se reanuda si la situación parece controlada.
- Paso 2: Retirada a vestuarios: Si los incidentes continúan, el árbitro interrumpe nuevamente el juego y envía a ambos equipos a los vestuarios durante varios minutos. Se realiza un segundo aviso por megafonía advirtiendo de que, si persisten los hechos, el partido será suspendido definitivamente.
- Paso 3: Suspensión definitiva: En caso de reiteración, el árbitro puede dar por finalizado el encuentro. A partir de ese momento, el asunto pasa a los órganos disciplinarios, que pueden imponer sanciones deportivas y económicas, incluida la derrota por incomparecencia del equipo responsable, cierres parciales o totales del estadio y multas severas.
En el caso de Lisboa, el partido estuvo detenido durante varios minutos tras la activación del protocolo. Sin embargo, no se pudo comprobar de forma concluyente el insulto denunciado, por lo que el encuentro se reanudó.
Más allá del terreno de juego
El protocolo no solo contempla la actuación arbitral. La FIFA despliega en determinados encuentros observadores especializados en antidiscriminación para detectar símbolos, cánticos o comportamientos racistas. Además, los códigos disciplinarios establecen que clubes y federaciones son responsables del comportamiento de sus aficionados.
En el ámbito nacional, organismos como la Real Federación Española de Fútbol y el Consejo Superior de Deportes han suscrito compromisos que incluyen campañas de prevención, medidas disciplinarias internas, sistemas de identificación de infractores y la posibilidad de suspender partidos en casos de extrema gravedad.
El mensaje institucional es claro: el racismo no tiene cabida en el fútbol. El protocolo dota al árbitro de autoridad inmediata para intervenir y sitúa la dignidad de los jugadores por encima del espectáculo. Su eficacia depende no solo de la norma escrita, sino de su aplicación firme y coherente en cada estadio.

