
L D (EFE)
Un triunfo que, junto con acercarle a la final, viene a romper los catorce años y medio que llevaba el Lazio sin ganar en el San Siroy, además, es la primera victoria como técnico de Roberto Mancini sobre Carlo Ancelotti.
El partido en verdad ya quedó condicionado a los cuarenta y dos segundos, cuando en un pase hacía atrás de Laursen sobre el meta Abbiati este se complicó las cosas en exceso: intentó regatear a Fiore cerca del punto de penalti, pero no hizo más que golpear el esférico contra el cuerpo el lacial, tras lo cual el balón se introdujo en la portería local. La increíble acción del 0-1 se convirtió en una losa para el "Milán B", un equipo plagado de no habituales en Liga pero que la pasada campaña logró el título copero y, en la presente, ya se ha plantado en las semifinales. De ahí que el técnico Carlo Ancelotti haya seguido dando confianza a estos jugadores.
Pero el Milán de esta vez, y no sólo en los nombres de sus jugadores, era bien distinto al que marcha destacado al frente de la clasificación liguera. Bastaba un Lazio compacto, bien plantado y con una presión alta, para maniatar los intentos de creación de Fernando Redondo y de Rui Costa. Las dificultades de creación hicieron que ya al cuarto de hora el técnico milanista Carlo Ancelotti ordenará a sus jugadores utilizar más los balones largos verticales y menos el toque. En uno de ellos, el danés Tomasson pudo marcar pero no estuvo acertado (m.21), como tampoco había sabido minutos antes aprovecharse de un erróneo pase hacía atrás del ex-milanista Demetrio Albertini un Filippo Inzaghi que volvía a jugar tras cincuenta días de inactividad por lesión.
Pese a estar dos ocasiones locales -más por caso que por creación-, el Lazio estaba más cómodo y lo hacía mejor sobre el campo. Un conjunto romano que ubicó el 0-2 en el minuto 36, cuando el portugués Fernando Couto estuvo listo al desviar, a un metro de la meta rival, un disparo de Corradi tras una melé en saque de esquina. El Milán no encontraba ni su ritmo ni sus ideas y había sido, además, golpeado por dos claros errores defensivos. Con ello, veía complicarse en demasía el acceso a la final. Para su fortuna, en el tiempo de prolongación de la primera mitad, el oportunismo de Filippo Inzaghi, y la colaboración arbitral al no señalar la posición de fuera de juego en que estaba el milanista, trajeron el 1-2 (m.47+).
Tras el gol de la esperanza, se esperaba una salida rabiosa del Milán en la segunda mitad. Sin embargo, fue el Lazio quien pudo ampliar pronto su ventaja. No lo hizo porque, primero, Simic se antepuso en un remate de cabeza del brasileño César (m.53) y, segundo, un disparo lejano de Albertini estrelló el balón en el palo izquierdo (m.54). Apenas diez minutos después, Ancelotti dio un mayor cariz ofensivo a su equipo, al meter a un tercer delantero (Borriello) y retirar a un defensa (Pancaro). Y el recién salido, en remate de cabeza, pudo igualar de no haberse lucido el meta Sereni (m.69). El susto no descentró al Lazio, que con las fuerzas frescas de Liverani y del argentino Claudio López, siguió atento, serio y controlando la situación. Eso sí, empezaba a pecar de un cierto conformismo, pudiéndolo pagar en el último cuarto de hora.
Un periodo en el que Ancelotti se jugó sus bazas brasileñas, al sacar al terreno de juego al veterano Cafú y al joven Kaká: buscaba aportar la velocidad y la improvisación de que estaba careciendo su equipo. No logró ni una cosa ni otra. Es más, el Lazio no pasó ni los previsibles agobios de los minutos finales, pues supo mantener el orden, subir su centro de gravedad y estuvo cerca del gol (m.89). Todo se cerró con el justo 1-2 que deja al conjunto lacial muy cerca de la final y es la primera derrota del Milán en el año 2004.
El partido en verdad ya quedó condicionado a los cuarenta y dos segundos, cuando en un pase hacía atrás de Laursen sobre el meta Abbiati este se complicó las cosas en exceso: intentó regatear a Fiore cerca del punto de penalti, pero no hizo más que golpear el esférico contra el cuerpo el lacial, tras lo cual el balón se introdujo en la portería local. La increíble acción del 0-1 se convirtió en una losa para el "Milán B", un equipo plagado de no habituales en Liga pero que la pasada campaña logró el título copero y, en la presente, ya se ha plantado en las semifinales. De ahí que el técnico Carlo Ancelotti haya seguido dando confianza a estos jugadores.
Pero el Milán de esta vez, y no sólo en los nombres de sus jugadores, era bien distinto al que marcha destacado al frente de la clasificación liguera. Bastaba un Lazio compacto, bien plantado y con una presión alta, para maniatar los intentos de creación de Fernando Redondo y de Rui Costa. Las dificultades de creación hicieron que ya al cuarto de hora el técnico milanista Carlo Ancelotti ordenará a sus jugadores utilizar más los balones largos verticales y menos el toque. En uno de ellos, el danés Tomasson pudo marcar pero no estuvo acertado (m.21), como tampoco había sabido minutos antes aprovecharse de un erróneo pase hacía atrás del ex-milanista Demetrio Albertini un Filippo Inzaghi que volvía a jugar tras cincuenta días de inactividad por lesión.
Pese a estar dos ocasiones locales -más por caso que por creación-, el Lazio estaba más cómodo y lo hacía mejor sobre el campo. Un conjunto romano que ubicó el 0-2 en el minuto 36, cuando el portugués Fernando Couto estuvo listo al desviar, a un metro de la meta rival, un disparo de Corradi tras una melé en saque de esquina. El Milán no encontraba ni su ritmo ni sus ideas y había sido, además, golpeado por dos claros errores defensivos. Con ello, veía complicarse en demasía el acceso a la final. Para su fortuna, en el tiempo de prolongación de la primera mitad, el oportunismo de Filippo Inzaghi, y la colaboración arbitral al no señalar la posición de fuera de juego en que estaba el milanista, trajeron el 1-2 (m.47+).
Tras el gol de la esperanza, se esperaba una salida rabiosa del Milán en la segunda mitad. Sin embargo, fue el Lazio quien pudo ampliar pronto su ventaja. No lo hizo porque, primero, Simic se antepuso en un remate de cabeza del brasileño César (m.53) y, segundo, un disparo lejano de Albertini estrelló el balón en el palo izquierdo (m.54). Apenas diez minutos después, Ancelotti dio un mayor cariz ofensivo a su equipo, al meter a un tercer delantero (Borriello) y retirar a un defensa (Pancaro). Y el recién salido, en remate de cabeza, pudo igualar de no haberse lucido el meta Sereni (m.69). El susto no descentró al Lazio, que con las fuerzas frescas de Liverani y del argentino Claudio López, siguió atento, serio y controlando la situación. Eso sí, empezaba a pecar de un cierto conformismo, pudiéndolo pagar en el último cuarto de hora.
Un periodo en el que Ancelotti se jugó sus bazas brasileñas, al sacar al terreno de juego al veterano Cafú y al joven Kaká: buscaba aportar la velocidad y la improvisación de que estaba careciendo su equipo. No logró ni una cosa ni otra. Es más, el Lazio no pasó ni los previsibles agobios de los minutos finales, pues supo mantener el orden, subir su centro de gravedad y estuvo cerca del gol (m.89). Todo se cerró con el justo 1-2 que deja al conjunto lacial muy cerca de la final y es la primera derrota del Milán en el año 2004.