
L D (EFE) El Maccabi salió en tromba, con un Jasikevicus especialmente metido en el partido y autor de los dos primeros triples de su equipo, que lanzaron a su equipo y la euforia de los aficionados macabeos. Tal fue su pasión que a los cinco minutos ya había cometido tres faltas personales y tenía que ir al banco. Sin embargo, el Maccabi lejos de amedrentarse siguió disparando las ventajas en el marcador porque el Skipper no estaba acertado de cara al aro y demostraba que la defensa no es lo suyo.
Los italianos no hacían sino mirarse unos a otros como preguntándose qué era lo que pasaba, sin poder frenar el vendaval amarillo. Al final del primer cuarto el Maccabi tenía medio título en el bolsillo (31-13) y su moral crecía como la espuma, permitiendo a sus jugadores intentar casi todo y que la mayoría de los balones acabaran en la canasta del rival. Como dato baste señalar que Bluthenthal clavó un triple en el último segundo del primer cuarto ante la inoperancia de la defensa del Skipper que no hizo nada por evitarlo, teniendo en cuenta que los israelíes sacaron de banda y que Bluthenthal recibió solo para anotar.
En el segundo cuarto, el Skipper recurrió a una zona para intentar cortar la hemorragia de puntos que estaba sufriendo, sobre todo por parte de Bluthenthal y Parker, ante el delirio de la grada que estaba viviendo una final feliz y sin ningún sobresalto. Al descanso, el marcador era claro 55-30. En la continuación, más de lo mismo. El partido no existía, la final era una caricatura y el Maccabi estaba pasando por encima a un Skipper que sólo tenía el recurso de lanzamientos de triples desde ocho metros. Con los brazos completamente abajo, los italianos intentaron soportar el paso de los minutos hasta llegar al 118-74 final. Cuarenta y cuatro puntos de diferencia que hablan por sí solos.
Los italianos no hacían sino mirarse unos a otros como preguntándose qué era lo que pasaba, sin poder frenar el vendaval amarillo. Al final del primer cuarto el Maccabi tenía medio título en el bolsillo (31-13) y su moral crecía como la espuma, permitiendo a sus jugadores intentar casi todo y que la mayoría de los balones acabaran en la canasta del rival. Como dato baste señalar que Bluthenthal clavó un triple en el último segundo del primer cuarto ante la inoperancia de la defensa del Skipper que no hizo nada por evitarlo, teniendo en cuenta que los israelíes sacaron de banda y que Bluthenthal recibió solo para anotar.
En el segundo cuarto, el Skipper recurrió a una zona para intentar cortar la hemorragia de puntos que estaba sufriendo, sobre todo por parte de Bluthenthal y Parker, ante el delirio de la grada que estaba viviendo una final feliz y sin ningún sobresalto. Al descanso, el marcador era claro 55-30. En la continuación, más de lo mismo. El partido no existía, la final era una caricatura y el Maccabi estaba pasando por encima a un Skipper que sólo tenía el recurso de lanzamientos de triples desde ocho metros. Con los brazos completamente abajo, los italianos intentaron soportar el paso de los minutos hasta llegar al 118-74 final. Cuarenta y cuatro puntos de diferencia que hablan por sí solos.