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Gianfranco Zigoni, la respuesta italiana a George Best

Fue uno de los futbolistas más queridos de la Juventus durante en 60. Por su calidad en el campo, fuera de toda duda, y por sus excentricidades fuera.

Gianfranco Zigoni, la respuesta italiana a George Best
Gianfranco Zigoni, en el momento de aparecer vestido de Cowboy en el banquillo del Verona. | Archivo

Gianfranco Zigoni nacía en Treviso, Italia, el 25 de noviembre de 1944. Nacía con un gran corazón, con un talento indudable para jugar al fútbol, pero también con un carácter rebelde que le iba a jugar más de una mala pasada durante toda su carrera. Genio y figura, con todas las letras.

Fue en la Juventus donde, tras apostar por él en edad aún muy prematura, debutó en el fútbol profesional italiano. Y lo hizo con tan solo 17 años. Centrocampista ofensivo y con gol, su excelente trato de balón era algo atípico para el fútbol italiano en aquella época. Difícil de marcar, difícil de detener, siempre tenía alguna genialidad preparada, muchas veces para resolver un partido.

Se dice que en su primera temporada jugó un partido amistoso ante el Real Madrid –que se llevaron los blancos por 3 a 1- y que al finalizar el mismo José Santamaría afirmó a la prensa italiana que Zigoni era tan bueno como Pelé. Unas palabras que también pronunciaría años más tarde Trapattoni –entonces jugador del Milan-.

El propio Zigoni cuenta que él también lo pensaba, hasta que, años más tarde, se enfrentó al propio Pelé. "Cuando jugamos el amistoso contra el Santos, pensé que era mi oportunidad para demostrarle al mundo que yo era mejor que el negro. Pero cuando empezó el partido… ¡la Virgen, qué jugador! Me entró como una depresión, pensé en anunciar mi retirada nada más concluir el encuentro porque no podía aceptar que hubiera alguien mejor que yo… Cuando en la recta final del partido vi que lanzaba un penalti y nuestro portero lo paraba, pensé ‘bueno, es humano, no hace falta que me retire’".

El mejor…o no

Pero mientras ya iba mostrando al mundo su inmenso talento, también dejó claro desde su debut que no se trataba de un futbolista más. Que las reglas y la jerarquía no iban con él. Era anárquico, en el sentido más literal de la palabra, tanto dentro como fuera del campo. "¿Balotelli mi heredero? No me hagan reír. Se ve que él sólo juega por dinero. Yo lo hacía para el pueblo, y porque me divertía como un loco".

Por eso, pese a un inmenso talento, a los 20 años salió de la Juventus, cansados de su falta de disciplina y de sus enfrentamientos con rivales y compañeros. Se marchó rumbo al Genoa. Eso sí, en calidad de préstamo. En Turín sabían que era indomable, pero también que tenían a uno de los mejores futbolistas de la próxima década.

En su primera temporada en Liguria marcó ocho goles, demostrando que con total libertad era un centrocampista capacitado para todas las facetas del juego. Pero su equipo bajó a la Serie B, y ahí su talento se volvió a mostrar encorsetado.

Regreso triunfal

Aun así, en 1966 regresa a la Juventus, y se lo toma más en serio que nunca. Tras una buena y sobre todo tranquila pretemporada, se queda en Turín, y lo hace para ser titular: 8 goles en 23 partidos, y campeones de liga. Se convierte en el nuevo ídolo de la tifoseria juventina. Llega incluso a debutar con la selección absoluta italiana, el 25 de junio de 1967, en la victoria ante Rumanía.

Pero a partir de entonces su carrera comenzará a descender. No tanto por su rendimiento, alto siempre que juega, sino por su comportamiento. Lo que obliga a sus entrenadores a no poder darle tanta confianza, y de hecho ya no volverá a jugar con la selección. En gran parte, por la cantidad de partidos que se tiene que perder por causa de las continuas expulsiones a causa de su temperamento.

Ya fuera por protestar: "He acumulado más sanciones que goles porque no soportaba las decisiones de los árbitros. Dicen que hay que respetarlos, creer en su buena fe, pero yo les he visto hacer cosas inimaginables. Una vez me sancionaron con 6 partidos y 30 millones de multa por decirle al linier que se metiera el banderín por ahí detrás. En esa época con treinta millones te comprabas dos apartamentos".

O por enfrentarse a rivales: "En el campo odiaba al adversario, y le daba un puñetazo o una buena patada. Luego, fuera, le quería, y le invitaba a beber un whisky".

Así que al finalizar la temporada 69-70 abandonaba la Juventus, pese a muchas voces contrarias que, aun reconociendo sus lunares, preferían seguir contando con su talento. En total como bianconero Zigoni jugó 122 partidos y marcó 35 goles.

Héroe en Verona

Tras un breve periplo en la Roma, con 28 años Zigoni desembarcará en el Hellas Verona, donde ofrecerá su mejor versión, pero también protagonizará sus capítulos más sonados, para terminar convirtiéndose en una leyenda en el club de los mastines.

Entre sus exhibiciones, aquel 5 a 3 que le infligió al Milán -que se jugaba la liga- en la última jornada de la temporada 72-73. Un partido en el que Zigoni hizo lo que quiso con la defensa rossonera, con asistencias de todos los colores, y que a la postre permitió a la Juventus conquistar el título aquella temporada. Fue su último regalo al equipo de toda su vida.

Entre sus shows, otro partido en casa entre el Verona y el Vicenza, en el que Zigoni se pasó casi todo el tiempo más en búsqueda de la sombra de la tribuna que del balón por el tremendo calor que hacía. Hasta que, a falta de 20 minutos para el final, recibe un balón en línea de tres cuartos, avanza con velocidad, dribla a dos rivales, y suelta un tremendo disparo con su izquierda que se cuela por la escuadra. En su celebración, comienza a correr, y a correr, y a correr…hasta que llega al banquillo, como parecía en un principio, para continuar corriendo con los brazos alzados enfilando el túnel de vestuarios, de donde ya no regresará. Lo dicho, hacía mucho calor…

Aunque quizá el capítulo más sonado lo protagonizó cuando tuvo a Ferruccio Valcareggi, que venía de ser seleccionador italiano y entendía el fútbol de otro modo, como entrenador. El 1 de febrero del 76 el Verona recibe a la Fiorentina en casa, y Tío Uccio –así lo llamaba Zigoni- le dice a Zigoni nada más llegar al Estadio que va a ser suplente. "Ferruccio era como un padre: no puedes desearle el mal, aun cuando hace tonterías. Como aquel día…", así que Zigogol va efectivamente al banquillo, pero no sin otra de sus genialidades: mientras todos se preparan en el túnel para salir, él aparece con una chaqueta de piel y un gorro de cowboy blanco en la cabeza. Sale al campo, y el estadio explota. Nuevamente es el gran protagonista, aún desde el banquillo. "Pero el domingo siguiente Tío Uccio me volvió a sacar de titular".

Abandonó Verona con 34 años, después de 6 temporadas en las que marcó 29 goles en 139 partidos. Y siempre será recordado como una leyenda en el club giallobú. Ese al que los aficionados aún llaman Dios Zigo. Ese al que aún recuerdan como un futbolista único, irrepetible, imborrable. El antihéroe del fútbol al que todos amaban.

Del Hellas pasó al Brescia, pero ya en Serie B, donde siguió haciendo lo que más le gustaba por dos años más, hasta que decidió colgar las botas, y dedicarse a su divertida y alocada vida pero ya totalmente alejado de los terrenos de juego. Nunca más volvió a formar parte del mundo del fútbol.

"Un día Valcareggi me dijo que si hubiera tenido una vida más tranquila, habría sido el mejor futbolista italiano. Pero yo no sabía tener una vida estable. Cuando tenía ganas de jugar, lo hacía, y ni bebía ni fumaba. Pero cuando no, 40 cigarros al día, el whisky, las cervezas, las mujeres… O era un fenómeno, o era un desastre". Así era Zigoni, uno de los futbolistas más discutidos y más amados del fútbol italiano.

Y además…

  • Aquella ocasión en la que durante la concentración de la selección juvenil italiana golpeó a Boninsegna con una bola de billar. "Acababa de llegar a la selección y quería hacerlo todo: sacar las faltas, los saques de banda, los córners y rematarlos él también… Le hice entender quién mandaba ahí". Evidentemente, Zigoni siguió lanzando las faltas y los corners.
  • Aquella ocasión en la que se hizo marcar la zeta "de Zorro y de Zigoni" en los pantalones del equipo, y apareció con unas botas rojas y amarillas. "Fui el primero en hacerlo. En aquella época no lo hacía nadie. Pero yo siempre fui un espíritu libre, para lo bueno y para lo malo. No como los futbolistas de hoy, que parecen todos fotocopias. En esos tiempos yo iba en Porsche. Hoy que todos lo conducen, yo voy en bici".
  • Aquella ocasión que, jugando con la Roma, antes de lanzar un penalti simuló que se peleaba con Bob Vieri (el padre de Christian), estirándole de la barba. "Era un modo de hacer perder la concentración al portero". Lanzó el penalti, y marcó.
  • Aquella ocasión en que simuló estar muerto en su Porsche. "Volvía del entrenamiento, iba despacio, lo juro, iba despacio, pero el otro coche se salió de su carril y tuve que estrellar mi Porsche para no darme con él. Cuando Maddè y Costa, el médico del Verona, se acercaron a verme, apoyé la cabeza sobre el volante y me hice el muerto, hasta que estuvieron pegados a mí y les guiñé el ojo. Casi me matan ellos".
  • Aquella ocasión en que su compañero de equipo en Verona Logozzo protestó porque en las concentraciones Zigoni se podía levantar cuando le diera la gana, mientras todos los demás lo hacían a las ocho de la mañana. "Cuando tengas los dos pies que tiene Zigoni, entonces tú también podrás dormir hasta la hora que quieras", le dijo Valcareggi.
  • Aquella ocasión en que soñó con morir en el campo, con la camiseta del Verona puesta. "Me imaginaba los titulares de la prensa al día siguiente, y la recogida de firmas para cambiar el nombre del estadio de Bentegodi a Gianfranco Zigoni. Las radios hubieran gritado "perdona Ameri, nos vamos en directo al Zigoni de Verona…"
  • Aquella ocasión en que miró hacia atrás. "Me siento afortunado. Me he divertido muchísimo. Volvería a hacerlo todo, no me lamento de nada. He jugado al fútbol durante veinte años, y en todos los equipos me han querido. Estoy bien conmigo mismo, y eso es lo más imporante".
  • Aquella ocasión que dijo "Soy el Pelé blanco. Y lo mejor es que muchos se lo creyeron, yo el primero…".

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